Suicidio- crisis- prevencion

sábado, 4 de octubre de 2025

PREVENCIÓN DE LA AUTOELIMINACIÓN: Una mirada indisciplinada

 


1er Edición: Junio de 2023

1era Edición Digital: Septiembre 2025

Ciudad de Paraná 3848, Colonia Avellaneda

Provincia Entre Ríos, Argentina


Fuchs, Irene Carola

Prevención de la autoeliminación : una mirada indisciplinada / Irene Carola Fuchs ;

. - 1a ed. - Colonia Avellaneda : Irene Carola Fuchs , 2025.

Libro digital, PDF

Archivo Digital: online

ISBN 978-631-01-1355-5

1. Atención a la Salud Mental . 2. Crisis. I. Título.

CDD 616.891


Quedó hecho en el depósito legal que marca la ley 11.723

La reproducción total o parcial de éste libro, incluyendo el diseño de

portada, en forma idéntica o modificada por cualquier medio mecánico o

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solicitada al autor.


ISBN: 978-631-01-1355-5


Diseño de portada: Pintura al óleo, "Pienso luego existo",

de Rénola (seudónimo de Irene Carola Fuchs)




Agradezco a mi familia,

quienes me alentaron a

compartir mis aprendizajes...


Agradezco a mis pacientes,

quienes han sobrevivido a sus crisis...



                                                                       Prólogo


Al apreciar la lectura de este libro percibí un gran avance cien-

tífico, por la forma en que está sistematizado y por la excelencia de

su contenido. La autora, transmite en su obra las generalidades y

los detalles que son necesarios conocer sobre la temática, para un

abordaje asertivo frente a las situaciones que podrían implicar la

autoeliminación de una persona. En la obra convergen idoneidad

profesional, formación académica y experiencia en el tema.

Recuerdo un día, ver llegar en el año 2012 a la Licenciada Ire-

ne Fuchs y a su equipo a Ibicuy, en un automóvil del Ministerio

de Salud, en el que pocos se arriesgaban a viajar, además, por las

inestables condiciones del camino de acceso al pueblo en ese mo-

mento. Pero, la entonces coordinadora del Programa Provincial de

prevención del Suicidio, estaba allí como pocos se atreven, digo a

salir de sus oficinas y estar presente para ayudar. Ella, atenta a la

escucha de las complejas problemáticas, con disponibilidad para

conocer la realidad del lugar sin prejuicios, como también para

brindar respuestas y soluciones precisas, en momentos difíciles

para una localidad, lejana a la capital provincial. Particularmente,

en Ibicuy, se vieron los resultados favorables, a través de capacita-

ciones intersectoriales y del compromiso con las situaciones que

conmovían a la comunidad en ese entonces, ante la problemática

del suicidio. Por otra parte, estuvo el acompañamiento fehaciente,

en todas las ciudades y localidades de la provincia de Entre Ríos

que solicitaban intervención del Programa, liderado en ese mo-

mento, por la autora de este libro, cuyo éxito se visibilizó en las ca-

pacitaciones, la calidad de las intervenciones y en la disminución

de las tasas de suicidio.

De suma importancia, son las apropiadas y oportunas interven-

ciones, en relación al abordaje del suicidio, ya que la ignorancia

y/o negligencia de las mismas, puede ser iatrogénica respecto del

cuidado de la vida misma. Tanto las estrategias terapéuticas, la

mirada transdisciplinaria, la intersectorialidad, visión comunitaria

y/o de referentes son muy relevantes, como así también, el rol de

los medios de comunicación en la prevención. Es destacable, que

en esta obra se pueden apreciar valiosos contenidos, ejemplifica-

ción a través de casos, estrategias, sugerencias y recomendaciones

para construir intervenciones que contribuyan a contener perso-

nas en crisis y actuar ante comportamientos suicidas.

Para finalizar, sólo enfatizo la recomendación de ésta obra des-

tacando la humanidad y profesionalidad de la autora.


Lic. en psicología Cintia S. Barbosa


              

                         Índice Temático

Prefacio.

Introdución

La muerte y el suicidio

Comportamiento suicida 

Autolesiones no suicidas

La carga del suicidio 

“Contagio mental ” y los medios de comunicación social

Comprender lo incomprensible 

Mitos sobre el suicidio

Crisis vitales, accidentales y suicidas

Factores o procesos de riesgo y protectores

Primeros auxilios psicológicos en crisis suicida

Prevención del suicidio y promoción de la vida 

A modo de conclusión

Citas bibliográficas 

ANEXOS I 

ANEXO II

ANEXO III



                                                            Prefacio


Antes de introducirnos en la temática específica del libro, rea-

lizaré una breve introducción de aspectos técnicos relacionados,

para no incluirlos en el texto principal, pero que serán de utilidad

sobre todo para los profesionales que trabajan en Salud.

                  Información en Salud y estadísticas:

En la complejidad actual de los sistemas de salud, cada decisión

exige el uso de un gran número de variables cuantitativas y cua-

litativas, para lo cual es importante la participación de todos los

sectores en la confección de esta base de datos, ya que a partir de

esta información, las decisiones que se tomen lograrán el impacto

deseado, que dependerá además, de una administración eficiente

y eficaz. Para lo cual se necesita contar con un sistema ágil, pero

rutinario y continuo en el tiempo, para poder tomar decisiones a

nivel local, regional o nacional. Esta información se la debe utili-

zar "comparando, estableciendo causas y consecuencias, realizan-

do diferentes conexiones, “poniendo en diálogo””.(1)

Los profesionales de la salud tienen la obligación legal de

informar a las autoridades sanitarias sobre ciertas enfermedades

conocidas como enfermedades reportables. En estas situaciones el

dato es un caso y el sistema de información se llama “Sistema de

Vigilancia”. La sistematización del reporte permite al Sistema de

Salud responder en forma rápida y adecuada con medidas perti-

nentes. “Es función de la Vigilancia Epidemiológica la detección

oportuna de riesgo público en salud, como sustento de interven-

ción, de prevención y control, para limitar su impacto, el monito-

reo y la evaluación del impacto”.(1)

Hasta el año 2021, no existía ésta obligación de reportar los 

intentos autolíticos, y sólo debía notificarse a la policía los hechos

consumados, aunque no se los consideraba como delito el acto en

sí, sólo su instigación. Actualmente, a partir de la reglamentación

de la Ley Nacional de Prevención del Suicidio N° 27.130 (Decre-

to 603/2021) se promueve la creación de un Registro de Notifica-

ciones Obligatorio para equipos de salud, que tendrán que realizar

una ficha para incluir en las Historias Clínicas y la obligación de

notificar a través del Sistema de Información Sanitaria de Ar-

gentina (SISA), sistema que permite monitorear otras políticas

sanitarias del Estado, como las inmunizaciones, agregando la de

intentos y suicidios consumados.

Dentro de las estadísticas de Mortalidad, en general, se registra

fecha, causa, tipo de atención recibida en relación a la defunción,

edad del fallecido, etc.. Sabemos que no todos los médicos colocan

como causa la lesión autoinfligida, sino el mecanismo de muerte,

por ej. asfixia o falla multiorgánica. “Cuando ocurre un deceso, el

médico completa un formulario, que consta de dos secciones:

• Certificado de Defunción (CD) cuyo objetivo es el regis-

tro del hecho con fines legales.

• El Informe Estadístico de Defunción (IED) cuyo objeto

es la captación de datos con fines estadísticos. Estos son

remitidos desde el nivel local al nivel jurisdiccional res-

pectivos (Oficina Provincial de Estadística de Salud) y de

allí, al Nivel Nacional (Dirección de Estadística e Infor-

mación de Salud del Ministerio de Salud y Ambiente de

la Nación), son los que permiten elaborar las estadísticas

de mortalidad del Sistema Estadístico de Salud (SES)”. (1)

El Informe Estadístico de Defunción (IED) es la fuente más

importante sobre Mortalidad, para programar y evaluar acciones

de Salud e investigaciones epidemiológicas; por ello es impor-

tante la calidad de ésta información, especialmente la causa de

muerte. “Por razones de competencia profesional, corresponde al

médico (preferentemente al médico tratante), la responsabilidad

de suministrar ésta información. Por consiguiente, de él depende

que las estadísticas reflejen lo más fielmente posible el perfil de

la Mortalidad. El profesional que informa es quien más sabe del

acontecimiento que se está registrando y quien puede consignar

con precisión todos los datos solicitados. Así mismo... la informa-

ción veraz, completa y oportuna es un bien público, por lo tanto,

completar los datos correctamente, es una necesidad”.(1)

Según una Investigación publicada en la Revista Panamericana

de Salud Pública de Agosto, 2020: “Recálculo de las tendencias

de mortalidad por accidentes, suicidios y homicidios en Argenti-

na, 1997 – 2018”(2), que propone describir el impacto del registro

deficiente de la causa de muerte en las tendencias de mortalidad

por suicidio y homicidio, mediante la imputación de información

faltante. Ese recálculo eleva la tendencia de mortalidad por ho-

micidio y suicidio. En ese artículo se plantea que “la Argentina

presenta algún déficit en la Certificación de las Causas de Muerte,

la EIND – Eventos de Intencionalidad No Determinada – son

aquellas defunciones donde la descripción obrante en el Informe

Estadístico de Defunción (IED) no es suficiente para clasificarlo

dentro de una intencionalidad específica... La hipótesis es que se

ocultan sobre todo defunciones intencionales (Homicidios y Sui-

cidios)... Las deficiencias en las causas de muerte introducirían

un sesgo en el análisis de la evolución en el tiempo del fenóme-

no... por lo cual habría un subregistro de la intencionalidad en

Argentina”.(2)

En casos de Suicidios, una de las defunciones por causas exter-

nas, cuando no llegaban a ser atendidos en el Sistema de Salud, por

fallecer antes de su ingreso, el IED es completado por el médico

forense, dependiente del Poder Judicial y no del Sistema de Sa-

lud. Además, se detectaron polisemias y diferencias conceptuales

entre las disciplinas que intervienen en el registro médico y legal

que podrían actuar en desmedro de la calidad de la información.

Entonces, si las estadísticas se basan en datos relevados desde

Salud Pública, estos últimos casos no serían registrados, con el

consiguiente subregistro de casos. Peor aún, cuando en diferentes

períodos se trabajan con diferentes fuentes de información,

generaban un falso descenso de los casos.

Se espera que esto mejore con la Notificación Obligatoria

de suicidios e intentos, donde los "profesionales intervinientes

están obligados a notificar cuando el evento ingresa en el

establecimiento"(3) pero también cuando un "caso pueda no

ingresar al sistema de salud... las autoridades jurisdiccionales

deberán alentar el registro de eventos detectados en instancias

externas al sistema sanitario (policial, judicial, escoalar o

cualquier tipo de entidad social, etc.)."(3) El objetivo es "que el

registro tienda a unificar toda la información en lo referente a

los casos de intento de suicidio hayan pasado o no por el sistema

de salud."(3) Al ser una notificación nominalizada, se pretende

realizar (así como lo plantee en 2011, siendo coordinadora en

la Provincia de Entre Ríos) un seguimiento de las acciones de

atención, acompañamiento, cuidado y posvención de las personas

y sus vínculos personales. "La nominalización es la variable que

permite asociar el seguimiento clínico con el epidemiológico."(3)

Estos datos quedaran bajo un sistema de resguardo, pudiendo

acceder sólo los profesionales del equipo tratante.

                   Políticas Públicas y Agenda Política:

Para que cualquier Programa de Prevención pueda llevarse a

cabo, más allá de los lineamientos del mismo, requiere que esté

en la Agenda Política del gobierno de turno, o en la Agenda

del Ministerio del cual depende dicho Programa. “Las Políticas

Públicas... se pueden entender como un proceso que se inicia

cuando una autoridad pública detecta la existencia de un proble-

ma y efectúa las acciones para eliminarlo o mejorarlo y terminan

con la evaluación de los resultados que han tenido las acciones

emprendidas para eliminar, mitigar o variar ese problema... El

proceso o ciclo de construcción de políticas públicas comprende

las siguientes fases: identificación y definición del problema, de las

alternativas de solución, adopción de una alternativa, implemen-

tación de la alternativa seleccionada y evaluación de los resultados

obtenidos... Este tiene un carácter cíclico.”(4)

Al conjunto de problemas que preocupan a una sociedad en

un momento determinado se lo denomina Agenda Sistémica,

de la cual los decisores públicos extraen algunos problemas y

confeccionan la agenda institucional o Agenda Política. Los pro-

blemas públicos prioritarios que estarían en esa Agenda, son los

que los directivos públicos consideren prioritarios en ese momento

determinado. Pero no todos los problemas de la Agenda Sistémica

tiene la misma posibilidad de acceso a la Agenda institucional,

unos entran con más facilidad que otros, existe un sesgo en la

accesibilidad de la agenda institucional. Los directivos públicos

deberán eliminar ese sesgo. Además, existe el contra sesgo, por

ejemplo los medios de comunicación, las actitudes de los decisores

y la competencia política, etc.

También hay sesgos negativos, como la presión de grupos de

interés, ciertos grupos sociales son más poderosos que otros y tie-

nen mayor capacidad para hacer prevalecer sus problemas ante

la administración; según su capacidad para presentar demandas y

para influir en las decisiones públicas, les asegura una cuota mayor

de temas en la agenda de la administración que la que pueden

conseguir grupos poco estructurados y con menor influencia. La-

mentablemente no todos los problemas importantes para la socie-

dad serán incluidos en la agenda institucional. Esto depende de

las realidades macro, o mundiales, por ejemplo, la idea de la “Tor-

menta Perfecta”: como fenómeno post pandemia: frente a la crisi

sanitaria, sobreviene la crisis económica y de la salud mental, que

conlleva el riesgo de un aumento de los suicidios a nivel mundial.

Por ello se está observando, en general, una mayor preocupación

por reactivar programas de prevención del suicidio. Esperemos

tenga continuidad, más allá de la coyuntura de la post - pandemia.

Salud Comunitaria, y sus implicancias:

El enfoque comunitario, es el más conveniente para el abordaje

de problemáticas complejas como el suicidio, (pero es importan-

te considerar sus implicancias, sus características que distinguen

a otro enfoque). La Organización Mundial de la Salud (OMS),

durante la reunión de Alma Ata, en Rusia (1978), decide respaldar

la estrategia de desarrollo comunitario para la Promoción de la

Salud y la prestación de Atención Primaria de Salud. Esta estra-

tegia consiste en habilitar a las personas para que controlen más

su salud y la mejoren” (OMS, 1986). Para ello es fundamental

la participación y autosuficiencia de la comunidad como pasos

críticos en los que participan individuos, familias y comunidades

que asumen una mayor responsabilidad por el mejoramiento de la

propia salud. Ésta posición representa un importante cambio de

actitud de parte del sistema tradicional de servicios de atención

de salud, que acostumbra tratar a los “pacientes” como receptores

pasivos de esa atención. Pero más importante aún, refleja el cam-

bio de percepción de la persona acerca de la responsabilidad que

les incumbe de estar sanas y de que su comportamiento afecta la

utilización de los servicios de salud; veremos cómo la responsabi-

lidad para consigo mismo y para con los demás, es crucial en la

posibilidad de prevenir el Suicidio.

Además. la participación activa de la comunidad, es fundamen-

tal para identificar las necesidades sanitarias, establecer priorida-

des para los cambios, controlar y llevar a la práctica las soluciones

y evaluar el progreso alcanzado en las metas de salud establecidas.

Los gobiernos deberán crear políticas para proteger a las perso

nas, mejorar las condiciones ambientales, estimular a las personas

a desarrollar sus aptitudes personales y adquirir conocimientos

que lleven a cambiar su modo de vida y reorientar los sistemas

de prestaciones de servicios de salud, para lo cual el campo de la

psicología comunitaria contribuye en forma significativa, aunque

hay pocos psicólogos comunitarios. El objetivo de la psicología

comunitaria es, como han afirmado Duffy and Wong (1996):“lo-

grar el grado óptimo de bienestar de las comunidades y los indi-

viduos con intervenciones innovadoras y alternativas diseñadas en

colaboración con los integrantes afectados de la comunidad y con

otras disciplinas afines”.(5)

La Psicología Comunitaria nació en Massachussetts, en 1965,

al ver con preocupación lo insuficiente de las acciones de los psi-

cólogos clínicos, pasaron del tratamiento individual a la preven-

ción comunitaria, ya que muchos problemas sociales podrían y

deberían prevenirse, puesto que el tratamiento suele ser caro, re-

quiere mucho tiempo y generalmente no está al alcance de las

poblaciones marginadas, sobre todos los pobres y los que viven

en zonas apartadas. Hoy en día y a raíz de la Pandemia Covid 19,

quedó instalada la posibilidad de la atención psicológica remota,

a través de diferentes dispositivos, mejorando la accesibilidad a

la Salud Mental, aún en zonas lejanas. Pero, en muchos casos, el

tratamiento es ineficaz, porque ya es demasiado tarde para inter-

venir y las formas de comportamiento están demasiado arraigadas

o las condiciones se han deteriorado. Los psicólogos comunitarios

también creen que los esfuerzos de prevención, que son proac-

tivos, más bien que reactivos, pueden tener un impacto mayor a

largo término. Además, se reducen los costos y la congestión de

los sistemas primarias de atención de la salud que están tratando

muchas enfermedades que podrían haberse prevenido, inclusive la

salud mental.

Tradicionalmente, la salud mental se centraba en que el

paciente debía reconocer qué es lo que está mal en sí mismo. La

Psicología Comunitaria pone el énfasis en el reforzamiento de las

fortalezas y competencias de las personas, considerando que todas

las personas tienen sus puntos fuertes y reforzarlo le permitirá

sentir capacidad y control. La ayuda será para que las personas

comprendan que son responsables de su propia salud, su vida y

también serán responsables de los demás; en el caso del suicidio,

para evitar ser un modelo a seguir.

La psicología comunitaria también pone énfasis en el trabajo

colaborativo con otras disciplinas y con otros actores comunitarios,

porque la complejidad de los problemas sociales, demanda solu-

ciones complejas, imposibles de abordar por una sola disciplina.

La colaboración interdisciplinaria amplía la base de conocimien-

tos y promueve innovaciones creadoras al aprovechar diferentes

experiencias e ideas, así mismo, la percepción de la interdepen-

dencia, lleva a que las personas se den cuenta de que, si trabajan

juntas, pueden cambiar las cosas en comunidad; además fomen-

ta, entre sus integrantes, lazos emotivos basados en sus vivencias.

Pero es muy importante el respeto por la diversidad, ya que las

intervenciones y esfuerzos de prevención deberán adaptarse a la

singularidad de la cultura y el lenguaje de la población objetivo.

Todas “las campañas de promoción de la salud y prevención de las

enfermedades tiene que ser culturalmente apropiadas y adaptadas,

para satisfacer las necesidades particulares de los integrantes de la

comunidad que se espera atender.”(5)

La Promoción de la Salud consiste en un proceso de capacitar

a las personas para que tengan más control de su salud y la me-

joren, esto desde un enfoque comunitario, tiene como objetivo

el desarrollo de la capacidad de la comunidad para resolver las

problemáticas que le preocupan. Uno de los modelos comunita-

rios para promover la salud es el PATCH (enfoque planificado de

salud comunitaria), “mediante el uso de extensos programas de

capacitación, los coordinadores comunitarios comprometen a una

variedad de organismos locales en el desarrollo de un plan integral

para mejorar la salud comunitaria”.(5)

Pero, para que las iniciativas comunitarias tengan éxito,

no alcanza con tener conciencia de las problemáticas que las

atraviesan; requiere poder hacer alianzas entre los distintos

actores comunitarios, los investigadores y proveedores de fondos

y servicios, de lo contrario, será infructuoso, y generará desánimo

en la propia comunidad. Se deberá definir los problemas, las

estrategias de intervención y las medidas empleadas para juzgar

su éxito. Por ello es tan difícil sostener acciones de Prevención

desde las ONGs, más allá de las buenas intenciones, ya que con

el paso del tiempo, terminan desarticulándose por falta de recur-

sos tanto económicos como humanos. No menos difícil es poder

continuar a largo plazo, un Programa Provincial; ya que cambian

los directivos, intereses personales o políticos, y se modifican los

criterios y prioridades.

Las redes comunitarias, son redes sociales de apoyo, los habi-

tantes establecen modos de interacción que constituyen las redes

de intercambio, por medio de la confianza que se establece entre

sus miembros, formas de cooperación, sociogestión y autoayuda

para superar situaciones difíciles y de crisis. Es importante saber la

historia de la comunidad en materia de participación y organiza-

ción comunitaria y la disponibilidad de voluntarios, ya que si han

tenido experiencia previa de organización en torno a inquietudes

comunes, conseguirían más fácilmente reunir en un grupo a los

residentes para abordar las preocupaciones referentes a la supervi-

vencia. Conociendo la historia de la comunidad, el personal de sa-

lud podría evaluar fácilmente la disposición favorable de la misma,

podrán tener iniciativa propia y se deberá respetar las experiencias

anteriores, para no menospreciar su trayectoria. Las comunidades

en las que este tipo de experiencias son limitadas o nulas, deberían

recibir ayuda previa, para desarrollar programas provechosos; pero

requieren organización y asistencia adicionales.

Para lograr esa asistencia adicional, habrá que poder formar

recursos humanos que estén capacitados en el reconocimientos de

factores de riesgo y protectores, dentro de la comunidad; para ello

un “modelo de multiplicación del programa” es decir de “multi-

plicación en cascada”, que consiste básicamente en una estrategia

de capacitación sucesiva. Se trata de capacitar a personas que a

su vez se conviertan en capacitadores potenciales de un número

más amplio de participantes en los cursos. Este modelo permite

una optimización de recursos, así como una considerable dismi-

nución en los costos y en el tiempo invertido en proporcionar

entrenamiento adecuado a un grupo de instructores quienes, al

multiplicar la capacitación, logren abarcar todo el territorio. Es

importante mantener contacto con los individuos que se capacita-

ron, para dar asesoría y recibir retroalimentación sobre los avances

del programa; es fundamental no dejarlos sólos, sino continuar

en un sistema de capacitación en terreno, de manera permanente.

“Las razones del éxito de los programas está en que el mismo

se adapte de acuerdo a las necesidades del contexto... Es necesa-

rio diseñar materiales adecuados para las comunidades urbanas y

rurales, de acuerdo a la edad de los participantes, sus costumbres,

etc”.(5)

Es importante seguir trabajando en el desarrollo de estrategias

que faciliten la educación para la salud y las habilidades para la vida

a una edad temprana pues esa es la mejor forma de prevenir que

los jóvenes y niños sigan reproduciendo valores que atentan con-

tra su propia vida. La Educación Emocional, formando a niños

y jóvenes en la autoestima, tolerancia a la frustración, empatía,

además de gestionar las emociones de manera productiva, no

destructiva, son fundamentales para la prevención a mediano y

largo plazo.

Frente a un problema social que es naturalizado por la comuni-

dad, es necesaria la concientización, que es el “proceso psicosocial

mediante el cual se busca lograr la sensibilización, la problema-

tización y la movilización de la conciencia respecto de las situa-

ciones...”(5) preocupantes. Pero luego de ésta concientización es

necesario inmediatamente ofrecer las herramientas a los fines de

no dejar a la comunidad con angustia desbordante, antes bien, esto

sería una motivación para producir cambios.

Además, cuando se realizan eventos de concientización de

una determinada problemática, habrá que estar muy atentos para

evitar que la campaña supere la demanda esperada y la logística

sea insuficiente para atenderla. Evitando que el evento termine

siendo iatrogénico, si la problemática es de grave impacto psico-

social. Sabemos que “en términos generales, ni el sector público

ni el privado dedicado a la atención de la salud mental están en

condiciones de absorber un incremento dramático en solicitudes

de terapia individual”.(5) por lo cual, antes de realizar estas sensibi-

lizaciones como campaña dirigida a la comunidad, será importan-

te formar recursos humanos en la atención grupal, institucional

y familiar, donde se maximicen las intervenciones y tratamientos

breves y de emergencia, para los casos individuales y no trata-

mientos de larga duración, que imposibiliten la contención de la

posible demanda. Además, se deberá trabajar desde la promoción

de la Salud Mental y la prevención de situaciones que puedan

desencadenar crisis de tipo autolíticas, esto podrá hacerse desde la

mirada comunitaria, intersectorialmente.

                       Redes Sociales Comunitarias:

La utilización de las redes sociales como medio para difundir

información de interés ya existe hace mucho tiempo. Es impor-

tante tenerlo en cuenta, ya que llegaría a un número incalculable

de potenciales usuarios de los dispositivos de Salud Mental.

“Como organización en red, los equipos primarios de salud, son

unidades de impacto transdisciplinario, intersectoriales, que se

convocan de acuerdo con las características del problema a resol-

ver, con modalidades rotatorias de poder, que evolucionan con la

movilidad del problema social hasta lograr acoplamiento estruc-

tural y se disuelven una vez introducidos los cambios deseados”

(Bertuccelli y Bocco, 1996)(5)

Esta concepción dinámica de las redes comunitarias se con-

trapone a la tendencia de armar redes institucionales, integrados

por referentes que se reúnen con determinada frecuencia y suelen

burocratizar las intervenciones y desgastarse al poco tiempo, hasta

su disolución; sobre todo frente a un período significativo de falta

de accionar concretos y movilizadores... con lo cual dejan de tener

sentido, ya que no están ahí cuando deberían actuar.

Según Bertuccelli, “la Red es un modo de reflejar el rastro de

la acción comunitaria”, en tanto podemos trazar las comunicacio-

nes y actuaciones de los diferentes actores de la comunidad, y sus

vínculos entre sí, una vez producido la intervención. Es un dispo-

sitivo, que después de impactar se “vuelven a su casa” y quedan a la

expectativa. “Si no hay tarea que hacer, no hay red que ver”. Sólo

se activa para resolver casos, no para describirlo. Las redes son

poderes en conexión. Poderes son los que resuelven algo. Las redes

son actores que resuelven.

Cada uno tiene que saber lo que hace el otro, para saber a quién

derivar, pero no “depositar”, sino acompañando, asegurarse de que

llegue, de que sea atendido por el otro, que forma parte de la red.

Contar con un recursero completo y actualizado, con horarios de

atención y datos relevantes del otro, dispuesto a formar parte de

la Red; que deberían ser todos los recursos humanos y no sólo

unos pocos “comprometidos”; no siendo algo opcional, sino todos

en co-responsabilidad. Trabajar en la anticipación, es una de las

estrategias de las redes comunitarias en prevención. Evita la sen-

sación de frustración, de llegar tarde.

También es importante, además de un mapa epidemiológico,

para visualizar en una sola imágen, la representación de la dis-

tribución en el territorio, “una base de datos especialmente dise-

ñada para la realidad local y un mapa catastral digitalizado, para

la georreferenciación”.(5) Bertuccelli, propuso la ventaja de utilizar

mapas para identificar los servicios de salud, así como realizar un

mapa epidemiológico y no sólo datos estadísticos de casos, sino su

ubicación y área de influencia. Según Bertuccelli, es importante

“hacer un plan de acción a través de un mapa. Los porcentajes sólo

llevan al análisis, al diagnóstico. El mapa lleva a la acción, porque

se ve dónde hace falta actuar, cuál es la población afectada o de

influencia”. También deberemos realizar un mapeo de “influen-

cias” no territoriales sino virtuales; ya que con las redes sociales,

las comunicaciones interpersonales y con ello, las posibilidades

de identificación se extienden de manera virtual, impactando en

los sujetos, produciendo conductas reales. También es importante

considerar que algunos estudiantes, cursan en escuelas alejadas de

su domicilio, lo cual hace que su conducta autolítica impacte en

dos comunidades diferentes: la educativa y la barrial, además de

contactos familiares, deportivos, etc.

“Esta base de datos debe ser actualizado permanentemente,

para la toma de decisiones sobre los problemas por resolver en

cada momento”.(5) La información para la acción deberá ser cons-

truida mientras se opera en búsqueda activa, y no esperar para

analizarla después de concluido el año, para el promedio de casos

individuales.“Para que la información esté disponible en el mo-

mento oportuno es necesario se actualice el sistema mediante la

incorporación constante de la información por parte de dispositi-

vos comunitarios, con las dinámicas heterárquicas de base socio-

afectiva”.(5)

Es imprescindible el desarrollo de factores protectores inespe-

cíficos o de primer orden, en términos de promoción de la salud,

aunque después tengamos que construir factores protectores es-

pecíficos para una problemática específica, como el suicidio, desde

una intervención comunitaria.

“Es importante considerar al Otro, no como “sujeto” pasivo en

el proceso de investigación sino como actor social, dotado de voz,

capaz de decidir y de participar plenamente en las intervenciones,

investigaciones y reflexiones de la comunidad”.(5)

“Hemos visto la saturación del individualismo, los excesos del

Yo... al dirigirse a individuos aislados, la sociedad actual genera

un sistema que condena a la persona al vacío. Mientras la persona

se convierte en eje o factor crucial de las relaciones, se la lleva a

la alienación, exponiéndola a convertirse en un objeto. Desde la

perspectiva de la sociedad de consumo, se ha separado al indivi-

duo de sus compañeros o compañeras, disociándolo de los grupos

a los que pertenece. Los vínculos de ese individuo se pierden en

esas relaciones alienadoras en las que la satisfacción es una fun-

ción de los objetos”.(5)

“Los individuos se construyen en relaciones creadas al mismo

tiempo por ellos. Uno es en la relación, no por sí solo, en forma

aislada. Nadie puede prescindir del otro... los seres humanos, son

en relación y no pueden ser fuera de ella”.(5)

Es a través del diálogo que pueden unirse y evaluarse las nece-

sidades sentidas de la comunidad y el conocimiento técnico que

brindan los psicólogos comunitarios, en el diálogo se reconoce

al otro como actor y constructor social. Las acciones destinadas

a transformar una comunidad deberán estar dirigidas y llevadas

a cabo por personas pertenecientes a esa comunidad, teniendo

en cuenta las capacidades en potencia de estas y adoptando una

orientación democrática, el lugar del poder y el control deberá

residir dentro de la comunidad, a fin de dejar de reproducir rela-

ciones de poder asimétricas, basadas en el paternalismo, el clien-

telismo político o de agentes externos y la pasividad de los agentes

internos; reconociendo que la salud es demasiado importante para

dejarla confinada sólo a los servicios de salud pública. También es

necesario la participación de los servicios educativos, recreativos,

artísticos, religiosos y muchos otros más. El ámbito de la Salud no

se limita a los hospitales, la salud reside fuera de ellos, sobre todo

en temáticas psicosociales como es el suicidio.

Y como dijo Bertuccelli, en una capacitación en Chajarí (2008),

“cuando las redes institucionales se acoplan a las vecinales, son

poderosas. Redes que se entrecruzan y se confunden en la acción.

Las redes paralelas que no se tocan generan impotencia.”

Es necesario una posición activa de las personas, un proce-

so dialogal verdadero, poder discutir dentro de la comunidad los

peligros y recursos. “En esas discusiones, los psicólogos comuni-

tarios deberán suministrar amplia información correcta y fácil de

entender. Los agentes internos y externos deberán trabajar juntos

en la planificación de estrategias que se ha de adoptar evaluando

las posibilidades de éxito y de fracaso, de modo que las decisiones

se tomarán conjuntamente y se compartirán las responsabilida-

des... Un método dialogal en el sentido de escuchar la voz de las

comunidades e incorporar el conocimiento de éstas. Como dije-

ra Freire (1970): “Nadie enseña a nadie, nadie aprende sólo por

sí mismo”(5) Para diseñar intervenciones tiene que agregarse in-

formación de los propios vecinos. Los profesionales aportan sus

conocimientos científicos al mismo tiempo que las comunidades,

sus conocimientos empíricos; de manera que ambos crean nuevas

formas de conocimiento.

                  Indisciplina, interdisciplina y transdisciplina:

Frente a la complejidad de las problemáticas sanitarias, y sus

determinantes, se hace imprescindible el trabajo en equipo. Los

equipos de salud comunitarios deberán asegurar la presencia de

diversas profesiones, sumar diversas miradas, modalidades de aná-

lisis de lo problemas, diversos modelos de intervención y prácti-

cas, para poder actuar sobre una realidad compleja que aparece

con caracteres multifacéticos y multideterminado. Es un esfuerzo

de los profesionales tratar de dejar atrás la mirada sobre la unidad

y objeto de análisis disciplinar, para adoptar un encuadre teórico

que permita “tratar la realidad tal como ésta se presenta, circuns-

cribiendo problemas, que no se generaron con la lógica de ningu-

na teoría disciplinar”.(6)

La interdisciplinariedad “no es una mera relación entre disci-

plinas sino interrelaciones que generan síntesis,... es una dialécti-

ca entre disciplinariedad e interdisciplinariedad, la primera como

punto diferenciador y la segunda como totalidad”.(6)

La interdisciplinariedad tampoco implica estar al mismo tiempo

y simultáneamente varios profesionales frente a un paciente, que

(excepto en pacientes psicóticos) lejos de beneficiar la interven-

ción, suele generar inhibición y selección de la información que el

paciente expresa frente a tan vasto público; en una posición de ser

examinado y juzgado, para ser “admitido” antes que escuchado y

comprendido. La interdisciplinariedad implica cooperación entre

los especialistas en sus propias disciplinas particulares que bus-

can enriquecer sus aportes; lo que implica el reconocimiento de la

complejidad de los problemas y la necesidad de las interrelaciones

entre las disciplinas implicadas. Lo cual no reduce unas discipli-

nas a otras, sino que enriquece sus aportes; pero requiere respeto

recíproco, tolerancia y cooperación.

“Según R. García, muy habitualmente se define la interdisci-

plina por la negativa: No es la suma de varias disciplinas, no es

el tratamiento de un paciente de manera simultánea por varios

profesionales, no se trata de un profesional que aborda su objeto

de estudio apelando a otras disciplinas además de la propia... la

interdisciplina se basa en la complejidad y unidad de la realidad,

por un lado y en la división del trabajo científico necesario para la

evolución de la ciencia, por el otro”.(6)

La interdisciplinariedad hace que se produzca un enriqueci-

miento mutuo. Cada disciplina es importante en su función, con

su individualidad. El sistema funciona si cada disciplina desem-

peña su función individualmente, pero no independientemente, lo

que nos lleva a la orientación transdisciplinaria. La transdiscipli-

nariedad es una metodología que integra la unidad y diversidad,

las distintas disciplina a través de un marco conceptual común,

para salir del aislamiento y poder trabajar en equipo, sin saberes

absolutos, buscando modelos teóricos que permitan resolver los

problemas reales.

Stolkiner, habla de “momentos transdiciplinarios”, como un

producto siempre puntual de lo interdisciplinario. Es una situa-

ción de construcción continua, no un estado; creándose una inevi-

table tensión entre diferenciación e integración.

La coordinación de un equipo interdisciplinario es una función

decisiva, debe ser facilitador y generador de espacios para la con-

trastación de los discursos. El concepto de interdisciplinariedad

critica la mirada artificial de separar la realidad según disciplinas

hasta convertirla en diferentes objetos a analizar, en lugar de di-

ferentes puntos de vista del mismo objeto. Es un desafío diseñar

estrategias de convergencia e integración para superar la multidis-

ciplinariedad, como simples sumas de diferentes disciplinas.

La interdisciplina nace, según Stolkiner, de la “incontrolable in-

disciplina de los problemas que se nos presentan actualmente, de

la dificultad de encasillarlos. Los problemas no se presentan como

objetos, sino como demandas complejas y difusas... se requiere

algo más que un grupo heterogéneo de profesionales trabajando

a destajo”.(6)

Lo más dificil y fundamental para estas problemáticas comple-

jas, dentro de los equipos asistenciales es poder “incorporar una

amplia gama de saberes que no son disciplinarios... en el caso de

equipos que trabajan con comunidades,... cada vez es más fre-

cuente que algunos de sus miembros no sean profesionales o no

representen una disciplina científica, sino otro tipo de saber”(1)

saberes no disciplinarios.

Breilh, en su Epidemiología Crítica, plantea la necesidad de

“Indisciplinar” las disciplinas del conocimiento, reincorporar a la

producción del conocimiento a los otros “saberes” invisibilizados

por la episteme moderna. Y manifiesta: la “Urgencia en “descolo-

nizar” las disciplinas, rompiendo con la superioridad dominante

que asume como conocimiento válido sólo lo que se construye

bajo los cánones de las ciencias positivistas”.(7)

La complejidad del objeto (ontológico), como lo son los proce-

sos destructivos y los procesos protectores, se recrea en la comple-

jidad del Sujeto, en este caso el suicida, que exige una construc-

ción interdisciplinaria, que conciba al mismo tiempo, la unidad y

la diferenciación de cada ciencia.En los equipos, donde confluyen

personas con diferentes profesiones y saberes, se requiere un tra-

bajo compartido, propuesto explícitamente”.(8)

“El trabajo en equipo implica repensar la territorialidad de

nuestra práctica, sosteniendo el trabajo en red, construyendo un

saber compartido”.(5)Sobreponerse a los Ego y apropiaciones de

sujetos considerados como objetos: “es mí paciente”. Esta moda-

lidad de trabajo también protegerá, indirectamente, a los profe-

sionales y voluntarios del Síndrome de Burnout o Síndrome del

Quemado, y del rechazo de todo intento de prevenir.

                         Síndrome de Burnout:

“Cuando el problema al que nos enfrentamos “no figura en el

libro”... Si se pretende aborda el problema con competencia, habrá

que recurrir a algún tipo de improvisación, inventando y probando

en la situación concreta estrategias de su propia cosecha”.(6)

Muchas veces ocurre que el problema y las herramientas con

las que contamos o no contamos, no estuvieron contemplados

en la formación recibida por la mayor parte de los profesionales.

Sin pretender realizar una crítica constructiva de una faltante en

la formación universitaria, es obvio que sería utópico pensar que

todo podría aprenderse en los claustros académicos.

"Las problemáticas que se presentan hoy en día en los centros

de salud, son problemas que no se dejan encasillar en un diagnós-

tico y cuyo tratamiento requiere muchas veces del armado casi

artesanal de estrategias compartidas por varios profesionales del

centro, para dar respuesta a estas situaciones de alta complejidad”.

(5) Esto es lo que también ocurre frente a un caso de intento de

suicidio, lo que hace que sea necesario permanente adaptación a

las características complejas de las circunstancias que les toque

abordar.

Además, las expectativas de los pacientes, familiares y de la

sociedad, sumadas a las expectativas personales y profesionales, la

sobrecarga de trabajo, la falta de recursos económicos y recursos

humanos en las unidades asistenciales, a menudo “se convierte en

otros factores causantes de estrés... la capacidad de sobrellevarla

disminuye y las reservas emocionales se agotan...”(6)

"Para estos profesionales, el Síndrome de Burnout o Síndrome

del Quemado, del que se quema en el trabajo, se vuelve una reali-

dad dolorosa que impacta sobre su bienestar físico y emocional e

influye desfavorablemente en la calidad de los cuidados que brin-

dan”.(6)

Si bien este síndrome está reconocido en los profesionales del

área de Salud, también se observa en los docentes y las fuerzas

de seguridad, para los que la formación profesional no los ha

preparado para enfrentarse a la complejidad de la problemáticas

psicosociales que deben enfrentar a diario, teniendo que asumir

un compromiso muy intenso con personas que necesitan asisten-

cia, soporte y cuidado. Pero hay otros factores que inciden consi-

derablemente en la aparición del burnout. Tiene que ver con la

“sensación de quedar atrapados en un medio mecanicista que no

satisface sus deseos de encontrarse, intercambiar ideas e interrela-

cionarse con sus pares...” (6) por ello la importancia del trabajo en

equipo y en red.

“La expresión “to burn out” significa fracasar, desgastarse o estar

exhausto por demandas excesivas de energía, fuerza o recursos”.(5).

Es el estado de agotamiento físico y emocional, caracterizado por

una imagen desvalorizada de sí mismo, actitudes negativas hacia

el trabajo, perdiendo todo interés, con trastornos psicosomáticos,

hasta distanciamiento y mal trato a las personas a las que anterior-

mente brindaba su cuidado. Si esto es percibido por la persona en

crisis, (siendo una de las características del síndrome), provocaría

en él una confirmación de su baja autoestima y de que nadie podrá

ayudarlo o que no quieren hacerlo. Esto va de la mano de las largas

listas de espera de turnos para Salud Mental, que no sólo genera la

sensación de impotencia y sobredemanda al trabajador de la salud,

aumentando su estrés laboral, sino que además le confirman al

suicida que “no tiene otra salida”, que nadie podrá atenderlo, que

no es importante para el otro, sino sólo un nombre en un listado.

Entre los trabajadores, cuando se agotan los recursos emociona-

les, aumenta el sentimiento de ser incapaz de responder psicoló-

gicamente a otra persona. El desapego emocional al que conduce

este estado es el mecanismo de defensa al que recurre habitual-

mente. También aparece la pérdida de motivación para la parti-

cipación creativa, todo esto hace que cambie en el modo como el

individuo afectado se relaciona con los demás, vinculándose de

manera despersonalizada, asumiendo actitudes negativas hacia los

pacientes y evidenciando la pérdida de los ideales que motivaron

inicialmente el ejercicio de su profesión.

“La posibilidad de compartir lo que sentimos con otros compa-

ñeros no sólo nos aliviará, sino que nos permitirá conocer quiénes

son los integrantes del grupo que están experimentando proble-

mas similares a los nuestros y nos dará ocasión para incorporar

otros enfoques acerca de esos problemas. Pero sobre todo es im-

prescindible fijarse objetivos razonables, humanamente asequi-

bles, participar de sistemas de educación continua, para incorporar

conocimientos y destrezas”.(6)

También es importante disponer de un espacio de reflexión

grupal, en el cual sea posible esclarecer las situaciones confusas

que han dado lugar a disputas, desacuerdos, compartir temores

y preocupaciones, conseguir la comprensión y apoyo solidario de

los pares, etc.. Es indudable que todos los miembros del equipo se

beneficiaran escuchándose mutuamente, pues de este modo será

posible enfocar cuestiones profesionales y personales”.(6)

A través del trabajo en equipo, los recursos humanos que no

pertenecen a áreas científicas, sino técnicas, que presentan profe-

siones muy alejadas de las ciencias médicas, como puede ser un

docente o un agente de las fuerzas de seguridad; pero también un

administrativo del sector salud, deberían realizar capacitaciones

permanentes, sobre problemáticas psicosociales como lo son las

adicciones y las conductas autolíticas; lo que se intenta es lograr

el empoderamiento de los recursos humanos y con ello evitar el

síndrome del quemado.

                                 Empoderamiento:

“El empoderamiento personal supone la conexión de la perso-

na con su poder y sus capacidades, reconocer las desigualdades y

transformarlas. Es un proceso que se produce en lo personal, inte-

rior, en las relaciones y en lo social y colectivo”.(9) Empoderarse le

permitirá: potenciar la autoestima y la autoconfianza y desarrollar

habilidades sociales de comunicación, resolución de conflictos y

toma de decisiones. Esto que es fundamental para los recursos

humanos que deberán estar atentos frente a una persona con crisis

suicida, también aplica para desarrollar la inteligencia emocional

en potenciales suicidas, para prevenir el intento, ya que con estas

potencialidades podrá buscar las soluciones a sus problemas

constructivamente o tendrá la habilidad social de buscar ayuda

para aquello que lo exceda.

Los indicadores de empoderamiento personal son justamente la

capacidad de manejar información, la responsabilidad, autoestima

y autoconocimiento, autoconfianza pero también el autocuidado;

personas que desarrollan el síndrome del “quemado”, suelen no re-

gistrar sus necesidades y están tan enfocados en el otro, en cuidar

del otro, que olvidan cuidarse de sí mismos, hasta el agotamiento.

Las capacitaciones permanentes, ateneos clínicos y el trabajo en

equipo, interdisciplinario y transdisciplinario, potencian el senti-

miento de capacidad de llegar al objetivo, en este caso puntual, de

poder prevenir el suicidio.

             La complejidad y el cambio de paradigma:

Abordar lo “complejo”, no como excusa ante la dificultad de

resolver el problema, sino desde otro paradigma, desde la epide-

miología crítica que plantea la noción de procesos epidemioló-

gicos, incluyendo el modo de vida y las subjetividades tanto en

sus aspectos destructivos como en los protectores. Ésta corriente

epidemiológica propuso la categoría “perfil epidemiológico”, que

sintetizaría los dos ejes de dicha complejidad: el dimensionamien-

to general, particular y singular, y la antítesis entre procesos sa-

ludables, protectores o perfeccionantes versus procesos malsanos,

peligrosos, deteriorantes o vulnerabilizadores de la salud. Pero ha-

brá muchos que “encajarían” en el “perfil suicida” y sin embargo, en

una entrevista adecuada, tomándose tiempo para dialogar con res-

peto, confianza y confidencialidad, se podrá descartar la ideación

autolítica, por otros factores como la fe, la esperanza, el amor, en

sus expresiones concretas, que los “amarran” a la vida, por lo cual

nunca pensarían en suicidarse.

Los cambios de paradigmas y modelos con los que ha traba-

jado la epidemiología, se encuentran inevitablemente con obstá-

culos que se intenta resolver con la adición de un reconocimiento

de “causas de las causas’’ y de los “determinantes estructurales’’;

mientras sigue inserta en la misma lógica empírico-funcional” ...

"Surge del “debate y la ruptura con el canon de la epidemiología

clásica y su multicausalismo lineal, luego frente al modelo empí-

rico-funcionalista de la epidemiología ecológica y ahora, frente al

de la epidemiología de los llamados ‘’determinantes sociales de la

salud’’.(10)

La perspectiva cartesiana había penetrado en esos enfoques del

análisis epidemiológico, reduciendo la realidad al sólo plano de

los fenómenos; asumiendo las propiedades de las partes (indivi-

duos) como base del comportamiento del todo; dándole prioridad

a aquella sobre ésta, generando una distorción de la percepción

de la realidad, su “gestalt”. Con la consecuente distorsión meto-

dológica: explicaciones reduccionistas y fragmentarias, asociación

lineal y absoluta causa - efecto, reificación de ésta relación como

artefacto formal, artificial, para identificar factores de riesgo re-

duciendo la noción de exposición/vulnerabilidad a una cuestión

individual y probabilística. Además, se distorsionó las prácticas

epidemiológicas reduciéndolo a considerar sólo los factores de

riesgo... ¿y los protectores?

Por otro lado, el concepto “exposición”, hace referencia a una

posición pasiva del individuo, a un virus o bacteria y tampoco en

estos casos el sujeto estaría totalmente pasivo, ya que depende de

su sistema inmunitario, para enfrentarse a él y esto se relaciona con

todo su organismo, incluso su estado anímico; pero eso pertenece

a una rama de la Medicina: la Psiconeuroinmunoendocrinología.

Menos aún aplica el concepto “exposición” a la Salud Mental, ya

que aún estando en presencia de situaciones o contextos que pue-

den generar traumas psicológicos, el Sujeto no necesariamente

desarrolla un cuadro psicopatológico, ni llega a realizar un acto

suicida, porque existe un fenómeno fundamental en la naturaleza

humana: la rescilencia, del cual hablaremos más adelante.



“Cuántas muertes más serán necesarias,

para darnos cuenta que ya han sido demasiadas”.

Bob Dylan


                                                     Introdución


Antes de introducirnos en el tema del presente libro, debo

aclarar que la palabra “Autoeliminación”, es aplicado en la tapa

del libro para poder realizar difusión masiva del tema Suicidio, sin

mencionarlo explícitamente, respetando los lineamientos de los

expertos en comunicación social respecto a la temática. Pero de-

bemos hablar de ello abiertamente, con las personas en crisis; por

lo cual lo definiremos correctamente, retomando la definición de

François Desfontaines (1735), el creador del término “Suicidio”,

quien fue periodista, crítico y traductor; del quien dicen tenía el

don de describir los hechos desde su complejidad, lo que permite

en un párrafo decir todo, y es el que mejor describe su dimensión

subjetiva y su dramatismo:

“El suicidio, pues, no es una decisión puramente intelectual,

sino un complejo impulso desesperado, frecuentemente disfraza-

do de racionalidad proveniente de una psicología enferma o alte-

rada, particularmente de una afectividad y autoestima lastimadas-

que interpone entre la persona y su crisis el abismo de la muerte

como solución liberadora”.

El suicidio, se cobra en el Mundo, un millón de muertes

anualmente, en la Argentina la tasa de suicidio asciende a 14,2

por 100.000 hab. Siendo el suicidio una de las tres primeras cau-

sas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos

países, y la segunda causa en el grupo de 10 a 24 años; y a estas

cifras hay que incluir las tentativas de suicidio, que son hasta 300

veces más frecuentes que los casos de suicidio consumado entre

los adolescentes. Afecta de manera significativa a un promedio 6

personas más allegadas, a otras 20 de su entorno e incalculables a

nivel global. Representa un problema grave de Salud Pública, que

requiere conocimientos y herramientas que deberán manejar de

manera específica, todos los recursos humanos, que directa o in-

directamente se enfrentan con esta problemática; y aunque no es

de su exclusiva responsabilidad, el Estado, tanto Nacional como

Provincial, tiene funciones indelegables.

Este material espero, sea de utilidad para todos los recur-

sos humanos que, desde sus distintos ámbitos laborales, trabajan

con personas que pueden estar atravesando crisis de tipo suicida.

Ofrece información y ejemplos sobre la temática, para contribuir

a la prevención del suicidio sin necesidad de ser profesionales de la

salud mental; sin por ello desligar la responsabilidad que al equipo

de Salud Mental le correponde, sino como forma de que lleguen

a ellos, aquellos sujetos que están en crisis autolíticas. Desde una

mirada “Indisciplinaria”, dar herramientas básicas para compren-

der lo incomprensible desde su complejidad, para dar una pronta

y efectiva respuesta a las situaciones de crisis, tratando de hacerlo

con el lenguaje más accesible, a los fines de que tenga una apli-

cación Transdisciplinaria, es decir, integrando a todas los actores,

a través de éste marco conceptual común, pudiendo realizar un

trabajo interdisciplinario, intersectorial y comunitario. El desafío

es no dejar actores fuera, por lo que requerimos que todos mane-

jemos los mismos criterios, aún los que no cuenten con formación

académica, pero que son recursos humanos valiosos.

El objetivo último de éste libro, es lograr prevenir los suicidios.

Si descreen de la posibilidad de prevenirlos, intenten leer sin pre-

juicios, con el sólo respeto de la experiencia de 30 años de ejercicio

profesional, con decenas de pacientes en crisis suicidas; de los cua-

les sólo uno se ha suicidado, aprendiendo duramente la lección, y

no precisamente de la imposibilidad de la prevención, sino de la

importancia de los mecanismos de seguimiento comunitario de

los pacientes con alto riesgo suicida, no pudiendo recargar todo

en un sólo profesional.

Este material teórico-práctico, presenta además de aportes

propios, citas textuales de autores expertos en la temática, con

ejemplificaciones de casos concretos de la autora. Pretende ser una

síntesis de lo investigado actualmente, además de material elabo-

rado para mi Tesis de Licenciatura (1991), el Blog: “Consultoría

en Crisis Adolescente” (2012), así como para la elaboración del

Proyecto de Prevención del Suicidio en APS en 2001 (que no fue

tenido en cuenta) y luego el Proyecto para el Programa Provincial

de Prevención del Suicidio en la Provincia de Entre Ríos, progra-

ma que coordiné entre 2007 a 2011. En el marco de éste Progra-

ma Provincial realicé más de 70 jornadas de capacitación para to-

dos los recursos humanos (personal de Salud, docentes, fuerzas de

seguridad, ONGs, etc.), con un total de 4700 asistentes; quedando

todo ello documentado (aunque no difundido) en un Informe de

Gestión, quedando sin continuidad por disposición de la nueva

Dirección entrante, en aquel momento.

Además, recopilo la experiencia de cientos de pacientes pro-

pios y de los participantes a las diferentes jornadas de capacita-

ción, atravesados por crisis suicida o que refirieron en tratamiento,

haber pasado por ella. Éste libro es una memoria de éstas expe-

riencias y su fundamentación científica está basada en evidencia.

Considerando al Suicidio como un problema complejo, que

involucra tanto lo psíquico, social, filosófico y espiritual, su abor-

daje no puede limitarse a una disciplina, ni a lo interdisciplinario;

ya que habrá que abrirse a otras miradas y enfoques que coexisten

al mismo tiempo y se complementan. Los diferentes actores de la

Comunidad, con la formación adecuada, podrán hacer su valioso

aporte en la tarea de Prevenir el Suicidio.

Este libro está dedicado a TODOS los Recursos Humanos,

además de los profesionales de la Salud Mental y Salud en general,

al personal Docente, Medios de Comunicación Social, Fuerzas de

Seguridad, Judiciales, Iglesias y de ONGs, que directa o indirec-

tamente están trabajando con personas y que éstas pueden estar

atravesando crisis de tipo suicida. Comprender lo incomprensible

desde diferentes miradas complementarias, desmitificar y ofrecer

herramientas básicas, para poder realizar los Primeros Auxilios

Psicológicos frente a una persona en Crisis Suicida. Esto, como lo

expuse anteriormente, no exime al personal de Salud Mental de la

tarea de atención psicológica de Urgencia.

Presento al final de cada tema, en letra cursiva, una viñeta

de casos clínicos a modo de ejemplificación, sus nombres fueron

cambiados a efectos de reservar su identidad. Además, se agrega

un Anexo con material que puede serles de utilidad práctica, un

relato universal propuesto para ser leído en las aulas el día 10 de

septiembre, Día Internacional de la Prevención del Suicidio y un

programa de una actividad diseñada por mí que realicé en varias

localidades junto con los Centros de Salud locales, tras actividades

de capacitación a los recursos humanos. Los ofrezco humilde-

mente, porque pueden ser de gran utilidad. En el texto expongo

su fundamentación.

Si éste libro, les aporta herramientas para la prevención de

un sólo suicidio, ya me sentiré satisfecha. Si quieres contactarte

para compartir tu experiencia, realizar algún comentario o críti-

ca constructiva, puedes hacerlo a mi mail ireneconsultoriapsia@

gmail.com




“El fruto de la desesperanza es la impotencia,

que sumerge a la persona en una situación de aislamiento,

en la cual se siente que no puede ser acompañado por nadie,

por ésta razón, no piensa en los seres queridos

como alternativa para buscar ayuda”.

Marcelo Correa



                                                  La muerte y el suicidio


Antes de hablar del suicidio, es necesario saber a qué nos enfren-

tamos: a la Muerte, que suele ser negada incluso por el suicida. “A

muchos de nosotros nos es muy difícil hablar de la Muerte... Y

una de las razones es de carácter psicológico y cultural: es un tema

TABÚ. Tenemos la sensación, quizás sólo subconcientemente, de

que cualquier forma de contacto con la muerte, por muy indirecta

que sea, nos enfrenta con la perspectiva de la nuestra, la hace más

cercana y real: “a mí también me ocurrirá””.(1)

Quienes queramos prevenir un suicidio, deberemos hablar

abiertamente de la Muerte; en los tiempos de Pandemia del Covid

19, donde la Muerte se presentaba cotidianamente a través de los

medios de comunicación y las redes sociales, era más difícil evitar

pensar en la muerte propia o el de un familiar. Pero así mismo nos

encargabamos de utilizar mecanismos de defensa inconscientes,

como la racionalización (utilizando datos estadísticos, explicacio-

nes científicas, etc.) o la negación, realizando una minimización

de la gravedad de la situación, “es una gripecita”. Deberemos es-

tar atentos de no utilizar inconscientemente estos mecanismos de

defensa con la persona en crisis, para que ésta pueda hablar de sus

ideaciones, temores, planificaciones, que lo vivencia a su vez con

mucha vergüenza; y no podrá hacerlo si nosotros no lo hacemos

de manera natural. Poder hablarlo es como vamos a poder preve-

nirlo. Decir las cosas por su nombre: “quitarte la vida”, “matarte”,

“suicidarte”, etc. y no “lastimarte”, “hacer algo feo”. Más allá de

que también hay que preguntar por esto, ya que muchos jóvenes

realizan actos autodestructivos, como parasuicidios, a través de la

autolesión, y aunque la mayoría queda sólo en esos actos, también

deben ser abordados como potencial riesgo suicida, ya que suelen

ser antecedentes previos, dentro de un proceso de crisis suicida.

El poder hablar del tema, de sus ideaciones o temores de suici-

darse, posibilitan la abreacción: “Esto es una descarga emocional,

por medio del cual un individuo se libera del afecto ligado a un

recuerdo de un acontecimiento traumático”(2)...esto da lugar a la

“catarsis”, o liberación de la carga emotiva patógena. Alivia inter-

poner la palabra a la acción, descartar el suicidio como salida, tra-

bajar los motivos buscando soluciones, así como encontrar sentido

a su vida. Ya Freud señaló “El hombre encuentra en el lenguaje un

sustituto de la acción, mediante el cual el afecto puede ser deriva-

do por abreacción casi en idéntica forma”.(2)

De cualquier modo, es la forma no punitiva en la que se debe

hacer la pregunta respecto a una posible ideación; sino, puede ha-

ber una negativa falsa, que encubre sus deseos y lo hace sentir más

culpable y rechazado. El poder hablar del tema, nos posibilita ver

la reacción de la persona en crisis, si desvía o no la mirada (por

eso es importante el contacto visual en estos casos) pero también

poder escuchar la pausa incómoda en la voz, lo paralingüístico

cobra gran importancia en estos momentos. En cambio, si lo des-

carta de plano, con argumentos que demuestran el rechazo a la

idea, nos podremos quedar más tranquilos atendiendo los motivos

de su crisis. Cuando sospechamos que una persona se encuentra

atravesando una crisis y puede estar teniendo alguna posibilidad

de pensar en el suicidio como alternativa, es importante actuar sin

dilaciones, no busquen el “momento oportuno”, porque puede ser

una oportunidad perdida...

Nos es difícil hablar de la propia muerte o la de un ser que-

rido, “lo que a menudo terminamos haciendo es utilizar analogías

eufemísticas, compararla con cosas más agradables de nuestra ex-

periencia, con cosas que nos son familiares... Quizás la analogía

más común sea la comparación entre la Muerte y el Sueño. Mo-

rir, nos decimos, es como dormirse. Otros prefieren una analogía

diferente, aunque de algún modo relacionado. El morir, dicen, es

algo como olvidar; al morir se olvidan todas las aflicciones; se bo-

rran todos los recuerdos dolorosos”. (3)

Estas formas de “nombrar lo innombrable”, están presente

subconscientemente en el suicida, pensando su propia muerte

con características positivas y hasta liberadoras... Pero, “aunque

lo digan de forma aceptable, en ambas está implícita la idea de

que la muerte es la aniquilación, para siempre, de la experiencia

consciente; entonces, la muerte no tiene ninguno de los rasgos

agradables del sueño y el olvido. Ya que no habrá un despertar,

y la aniquilación de toda experiencia consciente no implica sólo

la desaparición de recuerdos desgraciados, sino también la de los

felices. En consecuencia, ninguna analogía nos proporciona real-

mente alivio y esperanza frente a la muerte”.(3)

Esta expectativa de lo que imaginan respecto de su propia

muerte, es un tema muy importante poder hablarlo directamente,

sobre todo en niños; ya que la idea de muerte no está bien com-

prendida en su dimensión de lo definitivo, y no siempre cuentan

con experiencias cercanas de pérdidas, de seres queridos o masco-

tas, para poder entender, que no sólo dejarán de sufrir, sino tam-

bién de ver a sus seres queridos, y de poder jugar, etc.

Al hablar abiertamente de la muerte, les suelo decir a mis

pacientes, (no en todos los casos) y de forma sencilla el por qué

quiero ayudarlo a que no se maten, por qué no es la solución que

él o ella está buscando realmente; les cuento la investigación de un

médico especialista en terapia intensiva, el Dr. Raymond Moody,

quien tuvo acceso a un gran número de personas que han pasado

por lo que llaman: “experiencia cercana a la muerte” y han contado

con mucha similitud sus vivencias más allá de la muerte, (aunque

luego de un par de horas, suelen olvidarlos). Esas historias son

de personas, de muy diferentes antecedentes religiosos, sociales y

culturales; que han sido reanimadas después de que sus médicos

las consideraron clínicamente muertas, tras accidentes o enfer-

medades graves. La mayoría de esas historias refieren pasar por

algunas de estas etapas: atraviesan un túnel, ven su cuerpo desde

afuera, como un espectador; se dan cuenta que tienen un “cuerpo”;

aunque es de diferente naturaleza y tiene unos poderes diferentes

a los del cuerpo físico que han dejado atrás. Ven los espíritus de

parientes y amigos que los reciben, también tienen que evaluar

su vida, por medio de una panorámica instantánea de los aconte-

cimientos más importantes. Y antes de poder pasar una frontera

que parece representar el límite entre la vida terrenal y la otra; se

le dice que debe regresar a la tierra. “En algún momento de éste

proceso perciben un “ser luminoso” que es bondadoso con él. Toda

esta experiencia es vivida con tranquilidad, tanto por católicos

como de otras creencias o sin ellas; a excepción de aquellos que

intentaron suicidarse” (y probablemente no han llegado a arre-

pentirse del intento)... “Las experiencias de los que intentaron

suicidarse fueron desagradables; ya que los conflictos que le lle-

varon a suicidarse para escapar, estaban todavía presentes cuando

murieron, pero con más complicaciones. En el estado incorpóreo

no podían hacer nada por sus problemas, pero tenían que ver las

desgraciadas consecuencias que resultaban de sus actos y tampoco

se reencuentran con sus seres queridos”.(3) Estas vivencias los he

utilizado para muchas primeras entrevistas con pacientes, sin im-

portar sus creencias, como uno de los argumentos para poner en

duda la muerte como “salida” a su crisis.

Me ha resultado válido utilizar esta información, más allá de

que haya teorías que cuestionan esas sensaciones como pasaje-

ras, y terminan todos en la nada misma. Otras creencias, también

válidas, tranquilizantes, hablan de la misericordia divina y de la

importancia de la oración por los difuntos, que pueden “salvarlos”

también de estos “lugares". También, para tranquilidad de aque-

llos que tienen que elaborar un duelo por suicidio, saber que a últi-

mo momento puede haber un arrepentimiento, aún cuando ya no

sea posible detener la caída, o cortar el lazo, y eso se transformaría

en algo no deseado, por lo tanto algo accidental, con idéntico final

que éstos... no lo sabremos. De cualquier modo, me es efecti-

vo plantearlo, para poner en duda la muerte por suicidio como

“solución rápida”, y no pretender seguir en un debate filosófico o

religioso respecto de tal o cual teoría, sino sacarlo de la idea fija

que se instala frente a la constricción cognitiva que se experimen-

ta en situaciones de crisis, que tiene su metáfora de la “Visión en

Túnel”, donde sólo se puede pensar y ver a la Muerte como Salida.

Esta distorsión de la percepción: la Visión en Túnel, es impor-

tante entenderla y explicarla, no sólo a las personas en crisis, sino

también a los familiares de suicidas, para poder elaborar el duelo

complicado y en la postvención poder entender, en parte, el por

qué el suicida, no podía ver otras opciones más que la muerte. Y

para el suicida, al descartar ésta solución, la mente se le abre a

la búsqueda de otras salidas y con la palabra, podemos ofrecerle

“otras” opciones...

Tuve una paciente a quien llamaré Ana, cursando el último año

de la secundaria, había hecho un intento grave, que pudo haber muerto

de no ser porque no salió la bala del arma del padre. Fue atendida por

mí años atrás por otra situación puntual y frente a éste hecho concreto,

durante el fin de semana, ante la llamada desesperada de la madre, le

recomendé el traslado a otro efector público con guardia permanente en

Salud Mental; en ese dispositivo el profesional realiza una interven-

ción, que considero muy desacertada, ya que le depositan la “culpa” del

hecho a los padres, por ser muy estrictos, y les indica que ellos deberán

realizar tratamiento. Lo cual no hicieron, sino que, como había sido yo

la que los deriva telefónicamente a ese efector, vuelven a solicitar turno

en el Centro de Salud, para que atienda a su hija; las intervencio-

nes iatrogénicas a los padres, cerraron la posibilidad de que yo pueda

citarlos para realizar ahí alguna intervención terapéutica, ya que se

opusieron a considerarse involucrados en dicho acto. En ese momento,

se trabaja con la joven, la necesidad de poder lograr establecer acuerdos

con los padres, evitando tomar decisiones definitivas para problemas

transitorios. El desencadenante último fue que los padres no la habían

dejado ir a una fiesta en la que fue toda la familia, porque se había

sacado una mala nota en una materia y frente a esa sensación viven-

ciada como catastrófica, “escapando” al control paterno, es que realizó

el intento. Véase acá el alto monto de impulsividad en dicha joven.

Transcurrido un tiempo tras el alta, vuelve al consultorio del Centro de

Salud, porque reaparece las ideaciones suicidas, pero ya sabía que debía

venir a hablar de “eso”. En esta oportunidad estaba atravesando de

manera muy dramática la muerte de su abuela materna, con un gran

sentimiento de pérdida, y con un deseo muy fuerte de “irme con ella”;

dados sus antecedentes, opté por darle toda mi información científica

e incorporé sus creencias religiosas, para descartar definitivamente la

ideación suicida, haciéndole ver que si muere por suicidio, no iba a estar

en el mismo “lugar” en donde se fue su abuela, y a la que quería reen-

contrar... En la siguiente sesión terapéutica, la joven me aclara que

va a esperar, a pesar de su tristeza... “no se iba a matar, porque quiere

poder volver a ver a su abuela alguna vez”...




“El suicidio no es una elección racional,

ya que el juicio valorativo de la vida está alterado,

transformándose en un impulso descontrolado y autoagresivo”.

Marcelo Correa


                                          Comportamiento suicida


La palabra “Suicidio”, viene del latín “suicidium”: sui = de sí

mismo y el radical sidium = muerte, tema sustantivo de “caedere”=

matar. Entonces, “suicida” es el que se quita a sí mismo la vida,

“suicidarse”, es quitarse violentamente la vida y “suicidio” es el acto

y efecto del que se quita a sí mismo la vida”.(1)

“Entre las diferentes especies de muertes, las hay que presentan

la particularidad de ser obra de la propia víctima, que resultan de

un acto en el cual “agente” y “paciente” son una y sola persona. Poco

importa la naturaleza intrínseca de los actos que producen tal re-

sultado. Por lo general nos representamos el suicidio como una

acción positiva y violenta que implica cierto despliegue de fuerza

muscular, puede suceder también que una actitud puramente ne-

gativa o una simple abstención tenga idéntica consecuencia (por

ejemplo rehusando alimentarse). Ni siquiera es necesario que el

acto emanado del paciente haya sido el antecedente inmediato

de la muerte para que podamos considerarla como su efecto: la

relación de causalidad puede ser indirecta, sin que el fenómeno

cambie por ello de naturaleza. Entonces, se llama suicidio toda

muerte que resulta mediata e inmediata de un acto, positivo o

negativo, ejecutado por la propia víctima”.(2)

“Ante todo, en el consenso vulgar, el suicidio es sin duda el acto

desesperado de un hombre que ya no quiere vivir”.(2) Sin embargo,

escuchando con atención las manifestaciones de las personas que

están atravesando una crisis suicida, en realidad, lo que no quieren

es vivir de esa manera, sufriendo; y estarían dispuestos a seguir vi-

viendo, si las circunstancias fuesen diferentes, y al mismo tiempo,

descreen de que alguien pudiera ayudarlos o que puedan cambiar

las circunstancias.

“Lo común a todas las formas posibles de este renunciamiento

supremo es que el acto que lo consagra es cumplido con conoci-

miento de causa: que sea cual fuere la razón que la llevara a con-

ducirse así, la víctima, en el momento de obrar, sabe cuál va a ser el

resultado de su conducta”.(2) Es esta certeza la que habrá que des-

baratarse, ya que el suicida quiere que el resultado de su conducta

sea el final de su sufrimiento, de su vida de “esa” manera. El poder

ofrecer información de que esto es sólo una fantasía, que se asocia

a esas creencias de la muerte como un “sueño”; pero que lo que se

observa en casos documentados son contrarios a esa creencia, en

los casos en que la muerte sea auto - provocada.

El comportamiento suicida abarca diferentes manifestaciones,

sin minimizarlas, ya que se trata de manifestaciones que pueden

estar en el mismo sujeto en diferentes momentos de su vida, e ir

en un continuo hasta el desenlace fatal.

En todos estas manifestaciones recomiendo descartar el sui-

cidio como salida, ya que aunque un simple deseo o idea estaría,

en ese momento, lejos del acto concreto; sin embargo, es en ésta

ocasión en el que tomamos contacto con la persona sufriente que

nos da la oportunidad de hacer prevención, descartando la posi-

bilidad a futuro y propiciar un espacio terapéutico; ya que de no

hacerlo, puede proseguir en su crisis hasta su desenlace fatal. Es el

momento de brindarle nuestra ayuda, a través de la propia aten-

ción o asesorando, acompañando, derivándolo hacia aquellas per-

sonas que podrán ayudarlo a resolver los problemas que lo llevan

a ese sufrimiento, a esa crisis. Pero como sabemos esto le llevará

más tiempo, y no todo puede ser resuelto, es que lo prioritario en

este primer momento será descartar la muerte por suicidio, como

solución a su crisis, esté en la etapa que sea, de ese proceso, que es

la Crisis Suicida.

Es necesario poder hablar con propiedad, aun dándole a cada

una de estas situaciones su debida importancia, pero como requie-

ren intervenciones de diferente nivel de urgencia, es que será útil

saber estas definiciones:

Deseo de morir:

“Representa la inconformidad e insatisfacción del sujeto con

su modo de vivir, en el momento presente y que puede manifestar

en frases como “la vida no merece la pena vivirla”, “lo que quisiera

es morirme”, “para vivir de esta manera lo mejor es estar muerto”

y otras expresiones similares”.(3) En estas expresiones, es impor-

tante recalcar que NO es lo mismo el deseo de morir, al deseo

de matarse. Tan es así, que si se le interroga, si pensó en matarse,

suelen desecharlo horrorizados, y hasta justificando su rechazo,

por creencias religiosas, o por sus hijos u otros motivos que lo

detendrían... De cualquier modo, es importante, ante la duda y la

posibilidad del progreso del deseo a la idea y así sucesivamente por

las distintas etapas, el proceder a desechar el suicidio como solu-

ción, con otros argumentos. Y si bien, no remite a una situación

de urgencia, en la mayoría de los casos, y suele hasta escucharse en

personas que viven quejándose todo el tiempo, sin siquiera llegar a

pensar nunca en el suicidio; este pensamiento, explícito o no, está

presente en el inicio de toda crisis suicida. Ya que, como dijimos

no es que la persona quiere dejar de vivir, sino lo que quiere es

dejar de vivir de esa manera, sufriendo... Pero cuando esta frase lo

dice un joven, quien tiene ritmos diferentes en cuanto a la posibi-

lidad de pasar a la acción fácilmente, sin mediar mucha reflexión

y carece de la experiencia previa de que hubo tiempos mejores;

a estas frases hay que darles el peso necesario, tomarse el tiempo

para escucharlos y ayudarlos a que puedan ver otras perspectivas

frente a su situación actual, ofreciendo la opción de que busque

apoyo en profesionales de la salud mental, si no cuenta con otros

referentes válidos, que le ayudarán a resolver la situación que lo

hace sentirse tan insatisfecho, porque puede estar cursando una

depresión, que por más que no llegue al suicidio, es un sujeto que

está sufriendo. Es importante aclarar que un adolescente puede

consultar a un profesional de la salud mental, sin la presencia del

adulto responsable y se mantiene el secreto profesional sobre los

detalles y motivos, advirtiendo previamente al adolescente de su

obligación de tomar medidas de protección, si fuese neceario, ante

un potencial riesgo.

La representación suicida:

“Estas son imágenes mentales del suicidio del propio individuo,

que también puede expresarse manifestando que se ha imaginado

ahorcado o que se ha pensado ahorcado, etc.”.(3) Esto constituye

un riesgo importante, porque al poder visualizarse en esa conduc-

ta autodestructiva, lo naturaliza y hasta le da factibilidad técnica.

Es peor que decir, porque la imagen denota, no sólo mucha ima-

ginación y pensamiento visual, sino que permite llevar a la acción,

mucho más que la idea abstracta.

La posibilidad de visualización lo utilizamos, cuando queremos

que un paciente concrete sus sueños y proyectos, le sugerimos que

lo visualice, como posible, con detalles vívidos y esto le va per-

mitiendo concretarlo, ya que está en el camino intermedio entre

decirlo y hacerlo. Por lo cual, es importante permitir que el sujeto

pueda contarnos cómo se imagina y que también pueda imaginar

cosas que seguirían a esa situación... la angustia de personas de

su entorno, libres de conflicto, al cual el sujeto no quisiera afectar,

pudiendo juntos descartar la imágen y transformarla en algo que

genere rechazo.

Pero atención, si sólo visualiza a quienes consciente o in-

conscientemente quisiera dañar con ese acto, lejos de disuadirlo,

termina siendo un elemento que lo lleve a terminar de concretar

lo que imagina. Es difícil que un paciente revele el haber tenido

esa imagen de sí mismo, ya que saben que está mal, que no es algo

lindo pensarse de esa manera, por lo que si lo puede contar, no

debemos juzgarlo diciéndole que está loco, que se saque eso de la

cabeza, sino por el contrario, tratar de hacerle preguntas en torno

a sus sentimientos y que deberían buscar juntos ayuda profesional

para evitar concretar eso que llegó a imaginar y si ya lo manifiesta

al propio terapeuta, es importante decirle que ya no está solo para

enfrentar sus problemas y tendrá que desecharse la idea de suici-

dio como salida, estableciendo un pacto de NO suicidio.

Las Ideas Suicidas:

“Consisten en pensamientos de terminar con la propia existen-

cia y que pueden adoptar las siguientes formas de presentación:

Ideas suicidas sin un método específico: el sujeto tiene

deseos de matarse, pero al preguntarle cómo lo va a llevar a efecto,

responde: “no sé cómo, pero lo voy a hacer”.(3) Esta es una posi-

ción de poco riesgo, pero es la oportunidad para hablarle de que

seguramente debe tener muchos problemas y que es momento de

dejar la idea de matarse como solución, pensar en cómo enfrentar

su problema actual, con la posibilidad de buscar ayuda en su en-

torno y en un profesional de la salud mental. Si es en un espacio

terapéutico, puede señalarse el hecho de que en lugar de pensar la

muerte como opción, debería hablar de lo que le está pasando y

le hace tener deseos de matarse. También habrá que descartar el

suicidio como salida.

Ideas suicidas con un método inespecífico o indeterminado:

En la que el individuo expone sus deseos de matarse y al pre-

guntarle cómo ha de hacerlo, usualmente responde: “De cualquier

forma, ahorcándome, quemándome, pegándome un balazo.”(3)

Esta diversidad de opciones, remite a la falta de una ideación ar-

mada; pero si bien no aparece una planificación, también puede

hacer temer, en personalidades muy impulsivas, la posibilidad de

una conducta de arrebato, improvisada. Por lo cual, es importan-

te considerarlo con la debida seriedad y descartar la muerte por

suicidio como salida. Además se deberá alertar al entorno familiar

sobre el riesgo que está atravesando el sujeto. Evitar que tenga a

mano elementos con los que pueda dañarse a sí mismo y no de-

jarlo sólo por largo período de tiempo. En jóvenes, con alto grado

de impulsividad y poco sostén familiar, el riesgo es aún mayor, por

lo cual se recomienda, inmediatamente asistencia psicológica y

psiquiátrica.

Idea suicida con un método específico no planificado

                   En la cual el sujeto desea suicidarse y ha elegido un método deter- 

minado para llevarlo a cabo, pero aún no ha ideado cuándo lo va a

                   ejecutar, en qué preciso lugar, ni tampoco ha tenido en consideración

las debidas precauciones que ha de tomar para no ser descubierto

y cumplir con sus propósitos de autodestruirse”.(3) Aquí la verba-

lización respecto al método es importante, ya que el sujeto puede

decir querer matarse de un modo romántico o extremo, en un lu-

gar lejano que denotan algo del orden de lo imposible y en eso se

observa la autocensura frente a dicha planificación. Por ejemplo:

“me subiría a la punta del Everest y me tiraría de cabeza”. Pero,

si expresa: “me voy a la ruta a que me atropelle un auto”, es más

probable que pueda concretarse y el riesgo es muy grande. En esos

casos, no hay que dejarlo solo y requiere asistencia psicológica y

psiquiátrica con urgencia, además de considerar una eventual in-

ternación, aunque no lo desee, por riesgo para sí mismo. Siempre

que haya un método posible, es necesario poder permitir que ha-

ble de lo que está sintiendo, sin censurarlo, pero manifestarle que

sería importante que busque ayuda y explicarle por qué el suicidio

no es la solución. Si no se logra que cambie de perspectiva y es un

sujeto joven no hay que dejarlo solo, ni cerca del método que ha

elegido, la internación debe realizarse tomando todas las medidas

de cuidado pero, si no quiere internarse, habrá que explicarle que

se lo llevará a evaluar, si necesita medicación o internación y que

no somos nosotros los que lo decidiremos, pero tenemos que ha-

cerlo para no ser cómplices, al no ayudarlo. No se le miente, pero

se lo va preparando para quizás quedar internado, si es contra su

voluntad, será con la firma de dos profesionales y con aviso al

Juez, ya que se trataría de una internación compulsiva, indicada

cuando es un riesgo para sí o para terceros. Poder colocarnos en

el lugar de sus aliados, marcando la ambivalencia en torno a ese

deseo; aclararle que si nos habló de sus ideas suicidas, en el fondo,

es que quiere que lo ayudemos y para ello debemos consultar con

un equipo de profesionales.

Plan suicida o idea suicida planificada:

“En la que el individuo desea suicidarse, ha elegido un método

habitualmente mortal, un lugar donde lo realizará, el momento

oportuno para no ser descubierto, los motivos que sustentan dicha

decisión que ha de realizar con el propósito de morir”.(3) Es muy

importante el haber escuchado atentamente el contenido de su

planificación, ya que si ésta se desarrolla en un contexto lejano

temporo - espacialmente, puede que nos dé tiempo para trabajar

esta planificación y hacerle desistir de esa idea. Pero, si la planifi-

cación sería posible en un tiempo y espacio próximo, es urgente

tomar todas las medidas necesarias para impedir que el sujeto se

quede solo y concrete el acto. Para ello es importante establecer

un pacto de no suicidio, ya que el manifestó su plan abiertamen-

te, una parte de él quiere que lo detengan y esa es la función del

interlocutor; pero habrá que hacerle ver esta ambivalencia. Se le

hace ver que es un pedido de ayuda, porque entendemos que debe

ser mucho su sufrimiento, pero que ahora ya no está solo con

esa carga, que estamos para ayudarlo. La internación, aunque sea

compulsiva (si no es por propia voluntad, está indicada por ser de

riesgo para sí mismo) es una medida necesaria hasta poder estar

seguros de que pudo desechar el suicidio como solución.

La Amenaza Suicida:

“Consiste en la insinuación o afirmación verbal de las intencio-

nes suicidas, expresado por lo general ante personas estrechamen-

te vinculadas al sujeto y que harán lo posible por impedirlo. Debe

considerarse como una petición de ayuda”.(3)Las complicaciones

de estas amenazas, son por varias situaciones posibles:

 Si para impedir que cumpla con su amenaza, lo vigilan

permanentemente, el sujeto y su familia se encuentran

atrapados en una dependencia, asfixiándose y sintiéndose

peor de lo que estaban anteriormente, con reproches mu-

tuos y miedos paralizantes. Y hasta puede ser percibido

como un estigma que le permanezca por largo tiempo.

 Si minimizan la amenaza, descreyendo de que llegue a

llevarlo a la acción y ante la frustración de dicha actitud

del entorno, el sujeto lo interpreta como falta de afecto e

interés en su persona, confirmándole su baja autoestima,

puede llevar a pasar de la amenaza al acto, con resultado

incierto.

 Y de cualquier modo, concretado o no el acto, recae en

los familiares y amigos un gran sentimiento de culpa. Si

sobrevive, pasará a ser cuidadosamente observado por su

entorno y quizás ahí pueda ser derivado a un profesional.

O bien, la familia respondiendo a la demanda, termina

percibiéndolo como una especie de extorsión.

 Si se minimiza la amenaza, pero resulta que lo interpre-

tan de manera extorsiva, es pasible de una denuncia por

violencia psicológica, pero aún si el suicida sólo buscase

extorsionar al entorno, deberá considerárselo seriamente,

ya que extorsionar con su propia vida, habla de la des-

esperación que está sintiendo el sujeto y su incapacidad

para buscar una respuesta de manera constructiva. Y de no

encontrar respuesta, ya naturalizando su amenaza y hasta

para confirmar que no lo era y darle credibilidad a sus pa-

labras, puede terminar consumando el acto.

 Entonces, en todos los casos, frente a una amenaza es

importante poder abordarlo seriamente, buscando ayuda

profesional, para evitar que la familia quede atrapado allí

entre la culpa y la extorsión; y al sujeto entre la amenaza y

la acción. Es imprescindible, descartar junto con el sujeto,

la idea del suicidio como solución.

El gesto suicida:

“Es el ademán de realizar un acto suicida. Mientras la amenaza

es verbal, el gesto suicida incluye el acto, que por lo general no

conlleva lesiones de relevancia para el sujeto, pero que hay que

considerarlo muy seriamente”.(3) Las mismas consideraciones an-

teriores, sirven también en cuanto al gesto, pero en gravedad ma-

yor, ya que como se dice: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”...

este trecho ya se ha acortado... Es más probable que de no mediar

una intervención oportuna, el sujeto, sin cambios importantes en

su vida, pueda querer volver a repetirlo. Suele tener un efecto de

“llamada de atención al entorno”; sin embargo, este entorno, no

siempre va a poder accionar preventivamente, a veces puede haber

sobre vigilancia o su opuesto una minimización o descalificación

del hecho.

 

Una paciente, Blanca, recientemente separada, y en duelo por la

muerte de su hijo mayor, tras un grave accidente vial, refiere que

luego de una fuerte discusión entre otro de sus hijos y su ex marido,

(más afectado aún por dicha pérdida porque lo transitaba con mu-

cha culpa, según lo intuye mi paciente). Al terminar echándolo de la

casa, tras unos minutos, Blanca le pide al hijo que le pida disculpas

por mensaje telefónico, ya que recordó que el padre había realizado,

años atrás en torno a una pelea anterior, el gesto de colgarse, pero

llegaron a detenerlo... En ésta familia, queda tal recuerdo como

antecedente previo, que hace que cada vez que surja una discu-

sión grave, traten de mitigar el impacto por temor a que esta vez

vuelva a intentarlo y consuma su acto suicida. Desconocemos si la

ex pareja, hubiese pensado en quitarse la vida, en ese momento, o

que actualmente lo hubiese pensado, pero el hecho es que todo esto

fue vivido muy traumáticamente por la familia, sobre todo por el

hijo, ahora fallecido, que tuvo que ver al padre, con el gesto suicida.

El intento suicida:

“También llamado tentativa de suicidio, intento de autoelimi-

nación, autolesión intencionada. Es aquel acto sin resultado de

muerte en el cual el individuo deliberadamente se hace daño a sí

mismo”,(3) con intención de morir, pero que por diferentes razones

no logra realizarlo, interponiéndose alguien o algo en el curso de

la acción, que denota no haberse tomado todos los recaudos para

consumar el acto.

En estos intentos podemos observar la gran ambivalencia entre

el deseo de morir y el deseo de vivir; en realidad, se observa el ins-

tinto de supervivencia que vence a la desesperación y al deseo de

dejar de vivir de esa manera. Quizá sea algo más o menos incons-

ciente, pero debe tenerse muy en cuenta, ya que es una oportuni-

dad para prevenir un futuro acto, que puede terminar consuman-

do. En estos intentos, se van “acostumbrando” y naturalizando, a

la idea de morir y si comprueban que nada se modifica tras ese

intento, pueden concluir que debe morir para terminar con su

sufrimiento, por lo cual NO DEBEMOS MINIMIZARLO.

Sabemos, por estadísticas, que cuantos más intentos previos

hubo, mayor será el riesgo de suicidio.

Durante las primeras capacitaciones, realizadas en Enero de 2008,

en la ciudad de Chajari, localidad de la Provincia de Entre Ríos, du-

rante la exposición de los mitos y sus realidades, al hacer referencia al

mito muy difundido: “Si intentó suicidarse y fracasó, no quería hacerlo”

y la realidad de que “No se debe subestimar ningún intento, porque

el riesgo de suicidio es más alto si hubo intentos fallidos previos”. Un

policía realiza la acotación, tras señalar la importancia de estas ca-

pacitaciones a todos los recursos humanos que se enfrentan con estas

problemáticas, ya que recuerda un reciente caso de un hombre que tras

muchos intentos de ahorcamiento, donde eran notificados y acudían con

urgencia, en la última ocasión y considerando que no había intención

real, se demoró unos minutos hasta responder al llamado, fracción de

tiempo suficiente para que cuando llegaron al lugar del hecho, el hombre

se encontraba suspendido, ya sin vida....El policía reconoció que de ha-

ber sabido que al haber tantos intentos fallidos, el riesgo era mayor, no

hubiese esperado ni un segundo en responder al aviso, y hoy este hombre

estaría con vida...

La prevención de suicidio no se limita al hecho de “rescatar” y la

responsabilidad no debería recaer sólo en las fuerzas de seguridad,

sino que a partir de un rescate es imperioso la derivación a la aten-

ción de profesionales de la salud mental. Si la persona no quiere

hacerlo en ese momento, en todos los casos se debería notificar al

centro asistencial más próximo, para que hagan el seguimiento los

equipos de salud mental.

Los intentos suicidas, que se calculan 20 (los registrados) por

cada suicidio consumado, deberán considerarse como oportuni-

dades que no deben desaprovecharse para establecer el contrato

terapéutico, como estrategia de prevención ya que generan sufi-

ciente impacto en las familias, como para propiciar el darse cuenta

de una situación crítica, antes de que sea tarde. Muchos pacientes,

inician tratamiento psicológico, tras un intento suicida, si consi-

guen turno a la brevedad. También es más común en mujeres que

en varones, donde el método empleado es menos letal y puede

revertirse. No obstante ello, no se debe subestimar la gravedad

de su intención, ni de su padecimiento. Es posible que tras varios

intentos, aumentando la letalidad del método, termine en un sui-

cidio consumado y aún si siempre utilice el mismo método.

Se suelen subestiman peligrosamente estas conductas como

“histéricas”, y si bien están vinculadas con el histrionismo, éstas

pueden llevarle a la muerte o a la discapacidad por mal cálculo o

ante la falta de ayuda a su situación, pueden terminar cometiendo

el acto.

El suicidio frustrado:

“Es aquel acto suicida que, de no mediar situaciones fortuitas,

no esperadas, casuales, hubiera terminado en la muerte”.(3) En este

caso también se aplica las mismas consideraciones, pero con la

sensación de una nueva oportunidad, tomada por el suicida como

un “mandato” de no volver a pensar en la muerte como solución,

quizás como un “milagro”, el “destino” que evitó el desenlace fatal.

A veces, hay un agradecimiento posterior, hacia aquel que llegó a

rescatarlo...

Un chofer de ambulancia, que nos llevaba a realizar las capacita-

ciones al interior de la provincia de Entre Ríos, contó la experiencia de

un suicidio frustrado: frente al alerta de un vecino, acude la ambulan-

cia del sistema de salud y logra cortarle la soga a tiempo a un hombre

joven; años más tarde, encontrándolo en un supermercado, le agradece

calurosamente el haberle “salvado la vida”, presentándole a su fami-

lia... De más está decir, que fueron experiencias límites importantes

para ambos, aún sin conocerse personalmente.

En algunos casos persistirá la ideación, apenas postergada. A

veces persisten obstinadamente o sólo lo postergan para más ade-

lante el volver a intentarlo. Por ello la importancia de un espacio

de escucha terapéutico y descartar la muerte por suicidio como

solución.

El suicidio accidental:

“El realizado con un método del cual se desconocía su verda-

dero efecto o con un método conocido, pero que no se pensó que

el desenlace fuera la muerte no deseada por el sujeto al llevar a

cabo el acto. También se incluyen los casos en los que no se pre-

vieron las complicaciones posibles, como sucede en la población

carcelaria, que se autoagreden sin propósitos de morir, sino para

ser hospitalizados y de allí poder escapar más fácilmente; pero las

complicaciones derivadas del acto les privan de la vida...”(3) El es-

tar dispuesto a correr esos riesgos, también denotan la condición

mental del sujeto, por lo cual el apoyo psicológico en el Servicio

Penitenciario, debería ser un requisito para todos los presos, en

especial si se tiene como objetivo la rehabilitación y no sólo el

castigo.

El suicidio intencional:

“Es cualquier lesión autoinfligida deliberadamente realiza-

da por el sujeto con el propósito de morir y cuyo resultado es la

muerte”.(3)

Entre los distintos comportamientos suicidas, los más fre-

cuentes son las ideas suicidas, los intentos y el suicidio consuma-

do, sea accidental o intencional. Según las estadísticas, muchos

pacientes que han intentado suicidarse o aun los que consumaron

el acto, han estado bajo tratamiento psicológico. Este fenómeno

se debe a la no atención de los comportamientos suicidas, que se

encuentran aún en la fase de “deseo” o “idea” y esto puede deberse

a que el paciente suele tener fuerte temor de tratar esos temas, se

autocensura, por diferentes motivos desde la vergüenza, culpa o

para evitar que lo estén vigilando por temor a que lleve a cabo el

acto, temor a que lo consideren “loco” o simplemente por subesti-

marlo ellos mismos; ya que suelen descartarlo en tanto vean que

pueden encontrar algún tipo de solución pero, frente a un hecho

desencadenante, precipitan la “decisión” si no tienen la suerte de

poder trabajarlo en terapia en ese mismo momento. Esta situación

puede ser prevenida, si en vistas a factores de riesgo y el diagnós-

tico, el terapeuta realiza unas preguntas dirigidas, siempre dentro

del vínculo terapéutico, a verificar si existen deseos o ideas de tipo

suicida; sabiendo que hablar del tema no lo precipita, sino por el

contrario, es un momento en que puede generar la confianza de

poder hablar por vez primera de este tipo de sentimientos auto-

destructivos.

Por ello, cuando se deriva debe indicarse tal riesgo suicida o si

se recomienda la atención en salud mental, cuando es otro recurso

humano que observa situaciones de riesgo, aclararle a la persona

en crisis, que antes de tratar el tema que la lleve a estar en esa

situación, hablar de su intencionalidad suicida, porque esto es lo

que primero tiene que resolver; ya que sabemos que el sujeto sue-

le hablar de lo que en ese momento le preocupa y si en realidad

toma el suicidio como solución o plan “B”, no hablará de ello si

no se le pregunta directamente. Pero puede lleverle tiempo sanar

y mientras tanto ese plan suicida puede resurgir. Otras veces, el

paciente puede ir directamente con esa preocupación, pero no es

lo más común.

En caso de encontrarse con deseos de morir o ideas suicidas,

es recomendable, brindarle al paciente, ya sea nuestro propio nú-

mero de contacto y/o otros teléfonos de asistencia en emergencia,

donde poder buscar ayuda profesional en el momento en que se

encuentre en una situación de crisis. Suelen no utilizarlo, ni “mo-

lestar” al terapeuta, pero les sirve de resguardo para poder esperar

la siguiente consulta.

Un paciente que había hecho un intento suicida, en estado de

ebriedad, habiendo sido rescatado por un vecino a tiempo y pudiendo

realizar algunas entrevistas terapéuticas antes de iniciar mi licencia

ordinaria, le ofrezco al paciente la opción de mi teléfono particular y

otros lugares para ir en caso de que vuelva a tener esa intención de au-

toeliminarse; no sin antes aclarar que estaría lejos de la provincia y que

le pido que no me llame estando en el momento del acto suicida, porque

me cargaría con la impotencia y la angustia de no poder hacer nada

para evitarlo... pero que justamente me llame, ni bien aparezcan estos

pensamientos para poder hablar de ello y evitar que llegue a realizarlo.

Mi postura personal es que es preferible una interrupción que sirva y

no que luego de mis vacaciones me entere de la muerte de un paciente...

además estaría más tranquila sabiendo que antes de que pase algo, me

van a llamar y no estar con la preocupación de con qué me voy a encon-

trar a mi regreso...

En ésta oportunidad, el paciente realiza la llamada “salvadora”,

en medio del pedido reiterado de disculpas por estar molestándome en

mis vacaciones, me refiere haber vuelto a sentir el deseo de ahorcarse, y

por eso me llamaba. Le agradezco el llamado, y aclaro que yo misma le

había pedido que lo hiciera, y que es la muestra de que él quiere seguir

viviendo, y por eso estamos hablando de ello... Además, le pido que no

tome alcohol, que salga de su casa y busque contacto con los vecinos, que

no se quede solo... Establecimos el acuerdo de tener una entrevista ni

bien volvía a la provincia, lo que sería en un par de días, consignamos

fecha y hora, explicándole que lo haría a pesar de que no me tocaba

reincorporarme inmediatamente al puesto de trabajo. Me agradeció

y esa entrevista de emergencia a la distancia fue de un valor no sólo

preventivo sino terapéutico, en cuanto a su autoestima y al valorar su

vida, más allá de las circunstancias que le tocaba vivir.

Suicidio Pasivo o Parasuicidios:

Es la omisión de un acto específico que deliberada o incons-

cientemente realiza, con la repercusión de manera que a corto,

mediano o largo plazo le sobrevenga la muerte. Es el autoabando-

no o el abandono del autocuidado. En este grupo, incluiría a to-

dos los trastornos de la alimentación, al abandono de tratamientos

crónicos o agudos, que puedan producir la muerte a corto o largo

plazo, a la suspensión o postergación indefinida de estudios diag-

nósticos, antes de saber los resultados finales, pudiendo no ser de

buen pronóstico, también el que ejerce una profesión o actividad

de riesgo sin tomar los recaudos necesarios para no accidentarse

de manera fatal. No respetar señales de tránsito, conduciendo de

manera temeraria, etc. También incluiría aquellas adicciones don-

de se observa actitud de alto riesgo en torno a su consumo, a pesar

de las recomendaciones del entorno.

Serían todas aquellas conductas, en las que puede entremezclarse

el deseo de no saber sobre la muerte, negar esa posibilidad; pero al

mismo tiempo, no cuidarse para evitarlo. Podría ser un mecanismo

contrafóbico, pero en ese caso el suicidio no sería pasivo sino por

accidente, mal cálculo. Estos suicidios, pueden consumarse, justo

cuando la persona ya haya recobrado el deseo de vivir, pero al de-

jarse abandonar tanto tiempo, ya no tiene vuelta atrás... Es desde

ésta perspectiva en la que se pueden hacer las intervenciones y ha-

cerle tomar conciencia de la intencionalidad de tal autoabandono.

Además, es imprescindible la derivación a un espacio terapéutico

para poder atender este cuadro, desde la perspectiva logoterapéu-

tica.

        Una joven, Claudia, con trastornos de la alimentación, presenta

ciclos de anorexia alternando con bulimia, ella quería ser modelo pro-

fesional (se trabajaron aspectos vinculares con sus padres, se le señala

que el padre, al cual describe como muy bueno, pero poco comunicativo

y callado, que según ella está como ausente, sin autoridad; en realidad,

opina a través de la madre, y que el padre está presente en esa madre,

quien habla por él; el padre marca los límites, a través de la esposa,

como mediadora, con lo cual reconstruye la imagen de autoridad pa-

terna; aspecto importante para contrarrestar la figura distorsionada de

una madre que reemplaza la función paterna). Tras notar una mejo-

ría, se observa persistencia de conducta bulímica, pasando a realizar

unas sesiones con Psicoterapia por el Arte. En este contexto, se le solicita

que pinte con temperas, cómo se siente al vomitar la comida que ingie-

re, tras el atracón habitual. Utiliza distintos colores, y trazos largos,

entremezclados entre sí, sin una forma determinada, pero que una vez

terminado, generan la sensación de movimiento, descendente, en caída

libre, desde un espacio indefinido y alto. Impresionando una caída

al vacío y esos diferentes colores representan la mezcla indefinida de

colores de los alimentos vomitados a medio digerir- La pintura en su

totalidad, da la sensación de algo que cae y por la velocidad de la caída,

no se puede distinguir objetos alrededor... a partir de la interpretación

de la bulimia y anorexia, como formas encubiertas de un intento sui-

cida, o suicidio pasivo, ya que todos le advierten que si sigue así, puede

terminar desnutrida, teniendo que internarla y hasta puede llevarla a

la muerte. Tras esta sesión se observa una franca mejoría, hasta el alta

definitiva; sin haberse observado ninguna recaída.


ETAPAS DE LA CONDUCTA SUICIDA:

Además de estas diferencias conceptuales en torno a los dife-

rentes comportamientos suicidas. Debemos aclarar, que también

pueden formar parte de un proceso que puede describirse en tres

etapas:

1o) la etapa de consideración: el sujeto considera el suicidio como

una posibilidad para resolver problemas reales o aparentes.

2o) la etapa de ambivalencia: caracterizada por la indecisión.

3o) la etapa de decisión: el sujeto ha adoptado ya la decisión de

matarse, muestra indicios indirectos: actos preparatorios, ideas y

representaciones concretas. Hay un súbito cambio de actitud que

puede ir de la angustia a la serenidad aparente.

En adolescentes, en las psicopatías, en esquizofrénicos o en

personas con gran impulsividad, estos procesos pueden ser muy

rápidos, en breve período de tiempo; dada su impulsividad, falta

de inhibición de la agresividad y aislamiento social. En melancóli-

cos el proceso puede ser más lento. El suicidio es un proceso, que

puede atravesar diferentes etapas progresivas, pudiendo detenerse

en alguno de ellos y no llegar a concretarlo.

 Ideación de muerte,

 Deseos de morir,

 Ideación de suicidio,

 Plan Suicida,

 Crisis suicida

 Acto deliberado de morir.

 

SINDROME PRESUICIDIAL:

Son un conjunto de manifestaciones que puede experimentar

una persona en crisis, antes de intentar suicidarse, estos síntomas

pueden confundirnos y hacernos creer que pasó el peligro inmi-

nente, y es por el contrario el momento de la tranquilidad del

que ya tiene todo planificado, “consistentes en constricción de los

sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad (la cual ya

no es dirigida hacia otras personas y se reserva para sí)”.(4)

No obstante la gran variedad de formas en las que se pueden

presentar una conducta suicida, que se debe a la etapa en este

continuum, o proceso de crisis suicida, en la que la persona se

encuentra; dependerá de la posibilidad o no de recibir la aten-

ción psicológica oportuna (que no necesariamente pueda ser de

un profesional de la salud mental), y en ello radicará, en parte, la

diferencia entre llegar o no, al acto concreto, ya sea como intento

o consumado.

       Un hombre joven, Andrés, venido en busca de trabajo desde otra

provincia, se encontraba en un estado de gran nerviosismo, buscan-

do un psicólogo, en el Centro de Salud, y al mencionar que “no quiere

volver a hacer lo que hizo”, la administrativa, llama con urgencia a la

psicóloga, quien acude lo más pronto posible. Al iniciar la entrevista,

manifiesta el temor de volver a intentar quitarse la vida, su proble-

mática actual se centraba en la imposibilidad de ver a los hijos, por

una orden de restricción que le impuso la mujer, tras haber intentado

quitarse la vida, por no tener trabajo, ni lo necesario para alimentar a

su familia. Ahora habiendo tenido que irse de la provincia por trabajo,

hizo que perdiera toda esperanza de tener contacto con sus hijos. Refie-

re que había realizado anteriormente un intento suicida, produciendo

un choque frontal con su moto, contra un camión, pero, a pesar de los

múltiples traumatismos, pudo sobrevivir, gracias a que llevaba el casco

puesto... a lo que le hago ver, que una parte de él quería vivir, sino no

se lo hubiese colocado... También le hago ver que debe luchar por sus hi-

jos y no dejar ese ejemplo, para cuando crezcan, terminen imitándolo...

Reforcé su rol paterno, como ejemplo de vida y que no dejara de luchar

por sus hijos. Ya transcurrieron casi 8 años, cada tanto me llama por

teléfono, ahora desde otra provincia, donde consiguió un mejor empleo,

y sigue luchando para ver a sus hijos, pero también cuenta sus progresos

y aprovecha para agradecerme por estar vivo.



“Cómo se hacen daño por fuera por intentar matar

lo que sienten por dentro”.

Anónimo


                       Autolesiones no suicidas


Las conductas autolesivas, sin intencionalidad suicida (NSSI =

Non suicidal SelfInjury) o auto- cortes (self – cutting), son lesio-

nes intencionales en la piel, quemaduras, golpes, arrancarse el pelo,

punciones, arañazos, pellizcos y otros comportamientos anómalos.

“Según Walsh son “lesiones autorealizadas de baja letalidad o

poco daño corporal intencional, de carácter socialmente inacepta-

ble, llevadas a cabo para reducir la angustia psicológica””.(1)

La conducta autolesiva merece un libro aparte por su comple-

jidad, pero por las diferencias y similitudes que existen entre estas

y las conductas suicidas deberemos aclara que, sin menospreciar

su importancia en cuanto a la urgencia en las intervenciones, se

la observa como uno de los factores de riesgo suicida, así como

ciertos factores de riesgo coinciden en ambas conductas. No obs-

tante ello, requieren intervenciones diferentes, sin sobreactuar ni

minimizar. “Hay que advertir que los individuos con autolesión

no suicida tienen una probabilidad significativamente mayor de

suicidarse. La probabilidad de un intento se ha asociado con el uso

previo de varios métodos de autolesionarse”.(2)

Estas autolesiones son “cortes superficiales” y “distingue al

individuo que realiza incisiones superficiales, delicadas y cuida-

dosamente diseñadas del que hace únicas incisiones, bastas y pro-

fundas, cercanas a puntos vitales. Los que se cortan de forma de-

licada (o más comúnmente, los que se auto-lesionan) se producen

heridas que son poco profundas o superficiales y no profundas y

severas. Tienden a hacerse varios cortes poco profundos o araña-

zos y a menudo le repiten una y otra vez. Y lo más importante es

que las heridas reflejan el mantenimiento de un grado de control,

más que dar cuenta de un abandono exhaustivo”.(3)

“Algunos utilizan el término para-suicidio o auto-mutilación,

para describir ésta conducta... pero la “auto-lesión (cortarse de

forma delicada), está dentro de la esfera de dañarse el cuerpo de

forma deliberada, pero sin intento de suicidio, a pesar de la pre-

sencia de una ideación casi suicida. Sin embargo, en ocasiones esta

auto-lesión, puede ser mortal (sin la intención de serlo), y además

puede evolucionar a formas de auto-lesión más severas y por lo

tanto incrementar la posibilidad de muerte”.(3) Algunos pacientes

refieren incluso, sólo cortarse, para evitar matarse.

“Las conductas autolesivas no deben minimizarse. Exponen

al adolescente a situaciones de riesgo y dan cuenta del malestar

que una persona y/o grupo humano padece. La intervención del

equipo de salud posibilita el trabajo terapéutico sobre dicho su-

frimiento y la prevención de comportamientos de riesgo en el

futuro”.(4)

“Las conductas autolesivas constituyen un importante problema

de salud pública”.(2) Aunque muchos de ellos no acuden a un ser-

vicio de urgencias. Son una “población oculta” de alto riesgo, (ellos

mismos ocultan sus marcas tras largas mangas en pleno verano),

no buscan atención médica (pero suelen limpiar cuidadosamente

sus heridas), no son detectados por su familia, ni profesores. El

grupo de pares que puede conocerlo, raramente rompe el silencio.

Actualmente, se plantea como una “moda”, en las escuelas

secundarias, naturalizándolo, pero no todos los adolescentes lo vi-

vencian de la misma manera. Además, la publicidad de los casos

influye sobre la incidencia, como imitación identificatoria; incluso

tras suicidios difundidos en los medios de comunicación o litera-

tura (como el Efecto Werther, por lo cual se prohibió el libro de

Goethe); no sólo se observan otros suicidios, sino estas autolesio-

nes. Observamos diferencias entre los individuos, para los que el

síntoma es una “genuina creación propia” (quien probablemente

también curse algún trastorno mental grave o un trastorno límite

de la personalidad) y aquellos que observan el síntoma y encuentra

que les “atrae”, por lo cual los imitan, como moda y forma de

expresar su malestar y disconformidad.

“La incidencia es mayor entre aquellos jóvenes diagnosticados

de patología psiquiátrica, comparados con el grupo sin patología”.

(2) Las mujeres se autolesionan más con cortes, los hombres con

quemaduras.

La frecuencia observada según el tipo de lesión:

- Cortes en la piel (35%)

- Golpes (generalmente en la cabeza) (30%)

- Arrancarse el pelo (7%)

- Punciones, arañazos, pellizcos, etc. (10%)(2)

“Los métodos empleados para producir lesiones: lo más fre-

cuente es que la lesión se realice con un cuchillo, aguja u otro

objeto afilado. Las zonas más lesionadas son la parte anterior de

los muslos y la cara dorsal de los antebrazos; los cortes son su-

perficiales y suelen ser paralelos, separados 1 o 2 cm. También

se cortan en el torso, el abdomen, para poder ser ocultados más

fácilmente en los días de calor. Las quemaduras se produce con

frecuencia con colillas encendidas o frotando la piel con una goma

de borrar repetidamente. Es característico que los individuos que

se producen autolesión no suicida, no buscan asistencia médica. Y

a veces se comparten instrumentos de corte, lo cual incrementa la

posibilidad de contagio de enfermedades de transmisión sanguí-

nea, sumándole otros riesgos para su salud”.(2)

“Cualquier forma de producción de dolor es una forma de ex-

presar el sufrimiento, una forma no verbal de comunicación, don-

de los sentimientos se transmiten visualmente a través del cuerpo.

Generalmente lo usan para liberarse de sentimiento de rabia, ira,

tristeza, soledad, rencor u otro dolor emocional. Se efectúa para

liberar las emociones que el autoagredido no puede expresar. A

veces, ante el sufrimiento de no sentirse vivos, los autoflageladores

se cortan para cerciorarse de que siguen vivos. Este comporta-

miento se utiliza a veces para aliviar dolores emocionales fuertes,

ya que es más fácil controlar el dolor físico que el emocional”.(2) La

sensación de dolor produce una cierta liberación de la ansiedad.

Algunos adolescentes se realizan heridas en momentos de cri-

sis o de sufrimiento, porque el dolor físico lo ayuda a soportar el

sufrimiento psicológico. En otras circunstancias la autoagresión

se utiliza para sentir poder sobre uno mismo. La autoagresión está

muy relacionada con las adicciones y trastornos de alimentación

como bulimia y anorexia.

“También pueden utilizar la autoagresión como forma de de-

mostrar públicamente el sufrimiento, con el objetivo último de

búsqueda de ayuda o comprensión”.(2)

“Hay diferencia notable entre la forma violenta de la conducta

y la intención, motivación y el objetivo de la persona que lo hace.

Esta discrepancia hace difícil la comprensión clínica y el trata-

miento adecuado... Aunque parece que la violencia es inherente

al síntoma y lleva a los observadores a suponer que el cortarse

representa un intento de morir o dañarse, el síntoma refleja una

estrategia para afrontar una experiencia intensa, abrumadora. Hay

que entender cómo surge esta estrategia y como se mantiene y/o

se transforma... La experiencia emocional crea la expectativa de

que el dolor emocional debe ser gestionado sin recurrir a otros. El

síntoma es un esfuerzo de auto - gestión”.(4)

Se puede entender las experiencias de vulnerabilidad dolo-

rosa y las estrategias para afrontarlas como secuela de relaciones

disfuncionales: con padres inseguros o desorganizados que agudi-

zan la ansiedad de sus hijos. Con figuras parentales rechazantes o

intrusivos, el niño crece en un entorno donde falta un otro fiable.

La reacción de quien se corta es experimentada de manera catas-

trófica y amenazante. Se cree que la conducta es una reacción a

una separación real o amenazada, una pérdida o desilusión real o

fantaseada.

“La experiencia consciente que tiene el paciente es la de sen-

tirse completamente solo y de empezar a sentirse muy tenso y

enfadado. Después de un periodo de tensión el paciente decide

aislarse...cortarse es casi siempre un acto solitario".(4)

Se observa cierto grado de “premeditación: cada episodio se re-

petía estereotipadamente, en un contexto de emocionalidad des-

bordante y en repuesta a un evento estresante”... aunque “cortarse

era un acto impulsivo, se realizaba “sin pensar”. En adolescentes

con autoagresiones reiteradas, frecuentemente, coexistían episo-

dios de impulsividad y conductas planeadas o anticipatorias” como

el “aprovisionamiento, es decir, acumulación de objetos cortantes,

que se mantenían ocultos para episodios autolesivos futuros”.(5)

Otras conductas como el “camuflaje”, estrategias dirigidas a

ocultar las heridas, que incluían el tipo de vestimenta, la modifica-

ción del contacto físico familiar y hábitos corporales.

La “evaluación del riesgo al autolesionarse: eran precauciones

para evitar lesionar estructuras “vitales”; mayormente, se trataba

de creencias transmitidas entre adolescentes. “Las venas” del ante-

brazo eran consideradas un lugar “vital”; saber cuán cerca o cuán

lejos se pasaba de “las venas” indicaba el riesgo de morir al que se

habían expuesto”.(5)

Estos adolescentes denuncian la falta de adultos de confianza

a quienes contar sus problemas, consideran que los adultos es-

tan envueltos en sus propios problemas y no les prestan la aten-

ción suficiente. El vínculo que mantienen con el mundo adulto,

particularmente con sus padres, es sumamente conflictivo. Las/

os adolescentes se sienten denostadas/os en su sufrimiento, invi-

sibilizadas/os. Denuncian que, para los adultos, los problemas de

noviazgo son poco serios comparados con los dramas familiares;

los conflictos escolares y de amistad son mínimos frente a los del

ámbito laboral... los adultos devuelven una imagen de problemas

menores o poco serios del mundo adolescente. Quizá por este an-

tagonismo, el ritual de los cortes y su simbolismo se organizan en

oposición al mundo adulto. Esto es significativo para comprender

la dificultad de las familias en detectar este tipo de conductas.

Justamente, las/os adolescentes llevan adelante estrategias activas

de ocultamiento y camuflaje de sus heridas, pero, al no ser descu-

biertas/os por la familia, son víctimas de una doble invisibiliza-

ción...”(5)

Un aspecto poco abordado de las autolesiones es su dimen-

sión social, se suelen describir los cortes como actos individuales

y desprendidos de cualquier relación social; posiblemente, debido

a que, en su mayoría, se realizan en soledad y a que su princi-

pal función es el alivio emocional. Esta perspectiva supone que

el problema de las autoagresiones se sitúa en la/el adolescente y

no en su sistema de relaciones y su entorno. Sin embargo, las/

os adolescentes depositan un gran afecto en torno al ritual de

las autoagresiones y al cuidado de sus heridas, que son lavadas,

cubiertas y “curadas” con antisépticos y/o cicatrizantes. Los cor-

tes y sus cicatrices son el símbolo de su aflicción y sufrimiento

personal; portarlos indica “estar mal”, “sufrir” y/o “tener proble-

mas”. Este aspecto se hace evidente en la circulación de los cortes

entre pares: ellas/os interactúan en relación con sus heridas. Se

hacen visibles al hablar de ellas, contar sus problemas y denun-

ciar el mundo adulto. Intercambian fotos y diálogos en redes so-

ciales, como Facebook, Instagram, blogs y grupos de Whatsapp.

Los cortes, su profundidad, los problemas que los propician y el

malestar que generan aparecen como un valor compartido entre

pares, por el que obtienen reconocimiento, deferencia y ayuda.

Muchas utilizaban redes sociales para publicar fotos o participar

en grupos sobre esta temática, para compartir, contenerse y pedir

ayuda. Allí podían resignificar sus cortes, hablar con naturalidad

y sentirse visibles, observadas. No obstante, otras/os adolescentes

evaluaban negativamente el uso de redes sociales con estos fines,

pues sienten que sólo es para “llamar la atención” o “por moda”.(5)

Suelen manifestar la diferencia entre las “suicidas”, que realizan la

autolesión en soledad y sin alardes, dentro de un cuadro depresivo,

aun sin intencionalidad de quitarse la vida y las que exhiben sus

marcas en las redes sociales y tienen un perfil más histriónico, a las

que consideran “farsantes”.

En una primera intervención, no hay que subestimar ninguna

de estas manifestaciones, porque habla de una “llamada de aten-

ción”, al cual hay que darle su debida atención. En algunos casos,

estos cortes son “descubiertos” accidentalmente por algún adulto,

o “confesados” por el propio sujeto con mucho sentimiento de cul-

pa y no siempre bien recepcionados y atendidos por los adultos

responsables. Generalmente, son castigados o minimizados por

el entorno y hasta catalogados de “querer llamar la atención”, esto

puede llevarlos a sentirse más angustiados aún y llevarlos a un

intento suicida definido y hasta ser letal. En otras oportunidades

pueden tomarlo como un “intento de suicidio” y hacer que el adul-

to responsable lleve a la joven a consultar a psicólogos, psiquiatra

o simplemente a enfermería para curar sus heridas.

En cualquier forma que llegue a nuestra consulta, es impres-

cindible hacer la contención sin descalificar la acción, tanto si lo

atienden en Enfermería o médico clínico, escuchar la intenciona-

lidad del acto, si lo ha hecho en otras oportunidades, qué sensa-

ciones tiene cuando se corta. También corresponde indagar sobre

la idea de quitarse la vida, aunque en referencia a sus cortes, lo

haya negado. Ya que se observan pacientes que tuvieron ideación

suicida, lo han descartado o no, al tiempo realizan estas autole-

siones, controladas, como intento de sustituir este acto por otro

menos letal. Esta entrevista deberá hacerse sin la presencia del

adulto, para evitar que el paciente mienta sobre sus actos, ya que

suelen tener mucha vergüenza respecto a ellos, o temen un casti-

go por sus actos autoagresivos y tratan de ocultarlo. Así mismo,

al adulto acompañante, que suele ser la madre en la mayoría de

los casos, es importante preguntarle en detalle en qué contexto

fue descubierto y hacerle dimensionar la gravedad del acto en su

justa medida, aclarando que, aunque la intencionalidad no sea la

suicida, es necesario hacer una interconsulta con psiquiatría y psi-

cología, requiriendo sin falta un abordaje familiar para ayudar a la

paciente en su recuperación. Es importante este espacio familiar,

además y aparte del individual, para evitar el efecto de estigma-

tizar al paciente en un acto en el que parece no tener nada que

hacer la familia, transformándose en “chivo emisario” y muy por el

contrario, veremos entre los factores de riesgo aspectos vinculares

que deberán trabajarse, dentro de las posibilidades. Para ello debe

evitarse el culpabilizar a la familia de la decisión de autolesionarse,

sino más bien, motivarlos a participar de su recuperación. Si la

familia no es permeable a esa intervención, deberemos reforzar

el vínculo terapéutica con la joven para que, aunque sea ella sola,

pueda estar contenida adecuadamente; ya que tiene derecho a la

asistencia psicológica, aún sin el acuerdo de los padres.

Cabe aclarar que no todos los adolescentes que realizan au-

tolesión, tienen en su consciencia la idea de un posible suicidio,

ni entre sus deseos, el de morir. Pero no obstante ello, se deberá

ofrecer una pronta atención psicológica y psiquiátrica, para evitar

riesgos y sufrimiento.

“Si bien las autolesiones son conducta parasuicida, no son una

conducta suicida en sí. El suicidio intenta acabar con el sufri-

miento, acabar con la vida (suelen preferir métodos indoloros o

no violentos), mientras que la autolesión provoca un dolor o una

distracción”.(2)

Frente a este tipo de lesiones superficiales y recurrentes, a

veces se observan cortes antiguos ya casi cicatrizados o impercep-

tibles, de distinto grado de cicatrización; deberán extremarse los

cuidados y darle la importancia que el sujeto inconscientemente

“La mayoría suelen buscar un momento que puedan estar solos

o bien que nadie les pueda ver” (6)...sin embargo, puede ser que

después publique la fotos en las redes que sólo comparten con

jóvenes de su edad, es difícil que el adulto pueda enterarse por esa

vía... suelen ser los pares, que hablan con algún docente, preocu-

pados por su compañero, o bien cuando son descubiertos, acusan

a otros de los mismos actos, como atenuante...“todos lo hacen”.

“Cuando evaluamos la gravedad de una conducta autolesiva,

debemos tener en cuenta la letalidad, los antecedentes y las moti-

vaciones”.(7)

Es necesario poder diferenciar las intencionalidades que dieron

origen a estos actos, que parecerían tener en común la autoagresión

que deja marcas en el cuerpo. Normalmente, no pretende ser un

intento de suicidio. “En cambio, este tipo de autolesión puede ser

una forma dañina de enfrentar el dolor emocional, la ira intensa y

la frustración.”(6)

Tras descartar la intencionalidad suicida y la ideación, que suele

coexistir en la historia del propio sujeto, habrá que indagar, sin

realizar expresiones descalificatorias, los motivos y lo que siente

antes, durante y luego de la autolesión. De esa manera, poder dife-

renciar cuál sería la motivación consciente e inconsciente de dicha

conducta, pudiendo diferenciar distintas funciones:

“Función anestésica, de calmar, la de salir de un dolor inso-

portable: seda el malestar o sufrimiento, es decir, si por ejemplo

sienten un dolor muy grande porque les ha dejado su pareja, se

autolesionan para provocarse un dolor más grande que les calme el

dolor emocional que sienten. Como si de un ansiolítico o sedante

potente se tratará. Y como neurológicamente funciona, la persona

empieza a usarlo poco a poco, cada vez más”.(6)

“La función de obtener placer haciendo un acto transgresivo. Se

ha demostrado científicamente que un ritual si se hace varias veces

de la misma forma acaba generando placer. Científicamente está

demostrado que extrañamente ciertas conductas que al inicio son

una tortura, es decir, que proporcionan sensaciones desagradables

si se realizan frecuentemente y de la misma forma, acaban

convirtiéndose en placenteras. Y encima, la búsqueda del placer

se perfecciona y aumenta más si el adolescente tiene la motivación

de “colgar” o “subir” lo que hace en las redes sociales o entre los

grupos de whatsapp”.(6)

“Función de reconocimiento social a través de whatsapp o re-

des sociales: Observamos que en la actualidad los jóvenes no sólo

logran el placer por el acto dañino en sí, sino que este placer es

incrementado por la búsqueda de reconocimiento, de sentirse es-

peciales, valientes, capaces, es decir, para ayudarles a construir una

identidad. Podríamos decir, que aquí el joven hace una llamada

de atención entre los chicos de su misma edad o del mentor

del juego. Esto lo vemos en los casos de esos adolescentes que

difunden sus autolesiones por las redes... Si encima quién lo ve le

refuerza la actitud, eso le aumenta su autoestima y la motivación

para seguir haciéndolo”.(6)

Por ello sería fundamental contar con un dispositivo de rastreo

de páginas que incitan a la autolesión así como al suicidio y poder

bloquearlos, por promover y realizar apología del delito, ya que

aunque el suicidio no es un delito en sí, la instigación a realizarlo

sí lo es... y poniéndose como ejemplos también, por efectos de

“contagio psicológico” lo estarían instigando.

En todos estos casos, que en el adolescente pueden coexistir,

se observa un carácter compulsivo, ya que el propio adolescente,

reconoce que lo hace con frecuencia, “no puede evitarlo”, se va

convirtiendo en una búsqueda compulsiva de sensaciones fuer-

tes. Lo realiza en un determinado contexto, en soledad, existiendo

gran ambivalencia en el mismo acto y posterior a él. Sentimien-

tos encontrados de querer hacerlo y al mismo tiempo culpa por

realizar un acto que saben no está bien a los ojos de los adultos.

Esta compulsión autolesiva, tiende a realizarlo “cada vez con más

frecuencia y... pasa de sentir dolor a sentir un placer sutil”.(6)

“A pesar que encontramos casos de adolescentes con un cua-

dro depresivo mayor y con pensamientos de querer desaparecer

del mundo, ellos mismos explican que cuando se dañan es para

obtener unos efectos concretos, jamás con intención autolítica;”(6)

y suelen verbalizar que les sirve para evitar realizar un intento

suicida. Y así como en las conductas suicidas se observa una mul-

ticausalidad, en estas conductas también, con la complicación de

que “este conjunto de causas se retroalimentan creando este fenó-

meno”.(6)

“Comúnmente se cree que la auto-lesión es un “grito de ayuda”

y/o que es una manipulación. Estas formulaciones hacen hinca-

pié en la función comunicativa de la auto-lesión pero omiten el

aspecto auto-regulatorio que considero clave. Y efectivamente, he

destacado que las dos cosas están vinculadas de manera inextrica-

ble y que las dos dimensiones deben ser consideradas a la hora de

evaluar los que se auto-cortan... dificultades en la auto – regula-

ción y regulación interactiva están implicadas en la dependencia

del cortarse como técnica calmante”.(4)

“Las auto-lesiones suelen considerarse como una “actuación”,

pero no siempre por otro adulto, la mayoría de las veces, el otro

al que se representa este “acting”, es un par o un grupo de pares,

o bien, un grupo virtual a través de las redes sociales. Pero no

debe confundirse con un “acting out”, ya que no son de carácter

impulsivo, en todas las veces, sino más vale compulsivo y no se da

en forma aislada, sino por el contrario repetidamente. Dejando

incluso diferentes marcas que son “datables”, a lo largo del tiempo

presentan distintos grados de cicatrización. Aunque representa un

papel, muy probablemente sea el papel de “suicida” y como actor,

sobreviva a la acción puesta en escena. Sí tiene que ver con la “ex-

teriorización, mostrar afuera lo que se supone que se tiene dentro

de sí”.(8)

Pero tiene al igual que el acting out, el riesgo de pasar al acto.

Por ello es que frente a un adolescente, hay que actuar terapéu-

ticamente con la mayor urgencia, en principio estableciendo un

vínculo terapéutico y poder diferenciar intencionalidad suicida

detrás de la autolesión.

“Lo curioso del síntoma de “actuación” es el abismo que separa

la simplicidad de la conducta observada y la complejidad de sus

orígenes y funciones... Lo más difícil de entender del síntoma es

que...la conducta considerada problemática para los observadores

(padres, profesores, amigos y terapeuta), es vivida por el adoles-

cente de una manera de solucionar problemas... Los que se cortan

conocen de forma íntima la experiencia de violencia emocional

y “física”, son individuos con historias traumáticas. Para ellos, las

heridas psíquicas constituyen instancias de violencia emocional y

vulnerabilidad insoportables que deben gestionar solos”.(4)

Los cortes “funcionan como marcas simbólicas del sufrimiento

personal”.(6) Cortarse es casi siempre un acto solitario; casi uni-

formemente refieren no experimentar dolor cuando se cortan. "Y

si hay dolor ,la experiencia es de sentirse vivo y real de nuevo y

luego, de satisfacción y calma... después sobreviene la del arre-

pentimiento y culpa".(4)

Además en estos cuadros las características familiares son po-

sibles factores o procesos de riesgo como:

 Un 50% de los adolescentes vive con un sólo de sus padres.

 Los problemas de convivencia de los padres está direc-

tamente relacionado con la posibilidad de autolesionarse.

 La falta de calidez en las relaciones familiares y los proble-

mas específicos entre adolescentes y sus madres.

 

Factores de riesgo en los medios de comunicación:

Cuanto más publicidad se le dé a un caso de suicidio, intentos

o sobre autolesiones, más casos de suicidio y también de actos au-

tolesivos posteriores a la publicación habrá. Este hecho se ve en las

estadísticas y tiene su fundamento en mecanismos inconscientes

o procesos identificatorios que podemos llamar “contagio mental”

(abordado en ese capítulo).

Será muy importante, en adolescentes, incluir a los padres en

entrevistas terapéuticas conjuntas en presencia del joven, antes o

después de cada sesión (respetando el secreto profesional), sensi-

bilizarlos frente a la situación, evitando respuestas perjudiciales y

de incomprensión frente a la conducta autolesiva, para hacer que

el o la paciente, sienta que ya no está solo/a para gestionar sus

emociones. Y estamos allí, como terapeutas, para habilitar a los

padres en su función paterna/materna; evitando en el joven la sen-

sación de orfandad emocional. Muchos pacientes atendidos por

estas circunstancias manifiestan que sus padres están muy ocu-

pados trabajando, que no tienen tiempo para escucharlos, pasan

muchas horas solos en la casa, etc. El llevarlos a la terapia y estar

en sesión vincular, los ubica en su rol de padres y eso ayuda a sanar

la percepción de orfandad.

 

       Una paciente adolescente, Daniela, fue llevada por su madre con

gran angustia al Centro de Salud, para realizar curaciones por lesio-

nes en los brazos. La mamá interpretó dicho acto con intencionalidad

suicida. Frente a éste cuadro y mientras enfermería realizaba las cura-

ciones y la contención de la madre, solicitan mi presencia como psicóloga

comunitaria y aunque ya era a la hora del cierre de la institución, todo

el personal siguió asistiendo a madre e hija. Se les brindó una escucha

individual a cada uno, tratando de recabar la información necesaria

para evaluar el riesgo y las intervenciones necesarias según la gravedad

e intencionalidad del caso. En esta etapa, es importante el diagnóstico

de las heridas dadas por el personal de enfermería, ya que es en Enfer-

mería (si no hay médico) donde se evalúa el tipo de herida y su grave-

dad; con lo cual se puede presumir la intencionalidad y la letalidad del

acto. Eran varios cortes superficiales, sin riesgo para la vida. Estos ha-

cían presuponer que la intencionalidad no era la de consumar un acto

suicida, sino la de realizarse autolesiones, pero sin duda había un gran

sufrimiento, que había que tratar. También se entrevista a la madre,

quien tuvo que ser contenida emocionalmente, ya que presentaba gran

angustia y sentimientos ambivalentes (amor – odio) por la conducta de

su hija, con sentimiento de frustración respecto de su función mater-

na, como insuficiente para poder criar sola a su hija, sobre todo, siendo

que no podía contar con el padre del cual estaban separados hace mu-

chos años y que además era alcohólico. Fue importante dimensionar la

gravedad del acto, pero también la necesidad de que la hija retomara

tratamiento psicológico, ya que lo había interrumpido meses atrás. Con

la adolescente, en una entrevista sin reproches (ya lo había hecho la

madre) y tratando de evaluar ideación suicida, se observa un gran su-

frimiento; con sentimientos encontrados respecto de su madre, a quien

ve demasiada ocupada en su nueva pareja y su medio hermano. Se

pudo observar muy baja autoestima, y a su vez un sentimiento de pre-

sión por parte de los abuelos maternos, diciéndole que no está haciendo

las cosas bien. Esto le confirma aún más su baja autoestima, lo que le

genera gran angustia, que logra descargar cuando se realiza los cortes.

Se señala la necesidad de buscar otras formas no autodestructivas y que

si los abuelos presionan es porque saben que ella puede realizar lo que

le piden, que ella es capaz; ya que no se le exigirían a un minusválido

a caminar de prisa... Se la contiene y tras estas intervenciones y visto

que no había intencionalidad de quitarse la vida, se tranquiliza a la

madre, reforzando la necesidad de que Daniela continúe en su espacio

terapéutico. Se refuerza la autoestima, al ver la conducta y preocupa-

ción de la madre, así como la comparación hecha por la profesional, le

permite darse cuenta desde qué lugar interpretar los reproches de los

abuelos, sin que afecte su autoestima, sino por el contrario...




“La muerte de cualquier hombre me disminuye,

porque yo forma parte de la humanidad,

por tanto, nunca mandes a nadie a preguntar

por quién doblan las campanas,

doblan por Tí”

John Donne


                                                 La carga del suicidio


En las estadísticas hasta el año 2020, “en la Argentina, más

personas se quitan la vida que las que son asesinadas cada año,

un fenómeno especialmente preocupante entre los jóvenes. En los

últimos 15 años se produjo un crecimiento gradual y sostenido de

la tasa de suicidios en jóvenes de 15 a 24 años. Las autoridades de-

moran la implementación de medidas”, según fuentes periodísti-

cas locales El Litoral, lo más preocupante es que sea ésta la infor-

mación que reciben las personas, entre las que se hayan también

las que se encuentra en crisis o sus familiares, con el consiguiente

sentimiento de “abandono”. En 2019, cada día se suicidaron 9 per-

sonas en la Argentina, disminuyendo en 21 personas, respecto de

años anteriores. Siendo la tasa de suicidio de 7,3 por cada 100.000

habitantes, menor que la media a nivel mundial, que es de 9,35

por 100.000 habitantes. (1)

Viendo su evolución, en Argentina, en el período 1997-2011, la

tasa de mortalidad por suicidio calculada por 100.000 habitantes

se ha mantenido relativamente estable. En 1997, la tasa fue de 6,3,

el pico más alto se presentó en el 2003 con 8,7 –posiblemente a

consecuencia de la grave crisis económica y social de 2001/2002–

y en 2011 descendió a 7,3. Estos datos estadísticos son suminis-

trados por la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones

con base en los registros de defunciones por causas externas con-

solidados por la Dirección de Estadística e Información en Salud

(DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación.

El hecho de que es una Dirección perteneciente al Ministerio

de Salud, la que realiza la estadística de estos datos y no se ha

tenido en cuenta aquellas muertes por suicidio que no llegan a los

efectores de salud, ya que son enviados desde las Fuerzas de Segu-

ridad (Policía, Prefectura) directamente a la Morgue Judicial, que-

dando fuera de esas cifras un número importante de casos; por lo

cual sería más fidedigno las estadísticas de la Policía y es la forma

en la que obtuve los datos durante la coordinación del Programa

Provincial (2008-2011) mencionado anteriormente. Luego, ésta

información estadística a nivel Nación es cumplimentada por los

datos del Registro Civil, pero a nivel provincia de Entre Ríos,

sólo tomaban los casos, desde la Dirección de Epidemiología del

Ministerio de Salud. Esto se ha modificado en los últimos años.

También hay subregistros de casos que son caratulados “Acci-

dente Vial”, y se sospecha colisión intencional; pero a los efectos

de dejar un seguro para la familia y dado que no puede investigar

todos los antecedentes previos. ni tampoco corroborar la intencio-

nalidad, se caratula como “accidente”.

Es importante tener en cuenta las tasas de mortalidad por

suicidio por cada 100.000 habitantes que se presentaron en otros

países de la región en el período 2007–2009: Uruguay, 16,2, en-

cabeza la lista, Chile, 11,5; Argentina, 7,5, Paraguay, 6,5; según

datos brindados por la Organización Panamericana de la Salud

(OPS) en “Situación de Salud en Las Américas. Indicadores Bá-

sicos 2011”.

En 2017, la tasa fue de 14,2 por 100.000 habitantes, lo cual

hace a un incremento preocupante, al duplicarse la tasa en 10

años. Esa tasa representa 3.222 personas que se quitaron la vida

de acuerdo con los últimos datos oficiales, un número mayor al

de los homicidios que se registraron en ese año en el país: 2.279

víctimas. Y lo más grave, los jóvenes representan el 27%, con una

tasa mayor a la del resto de la población.

En el período de 1997 – 2011 el pico observado fue en 2003,

por secuela de la crisis económica, teniendo una doble lectura: la

lectura simplista que refiere a la secuelas económicas; pero si lo

vemos con más detenimiento, vemos un proceso en el que: por

un lado, en plena crisis 2001/2002 con gran conflictividad social,

donde la población salía a las calles a reclamar y expresarse, sirvió

como Factor Protector en varias regiones de la Argentina; pero

luego, cuando sólo queda el quebranto económico de muchos y la

desilusión de la falta de cambios profundos “Que se vayan todos”

y todos se quedaron, se observa el pico de suicidios. Durante la

protesta social, la persona conserva la esperanza de un cambio, se

siente inmerso en la comunidad, se siente parte de ella. Por ello,

mi preocupación, de la post pandemia, el quebranto económico y

la imposibilidad de protestar, ¿a quién? Será importante fomentar,

ya no sólo responsabilidad compartida del aislamiento para evi-

tar el contagio, sino la responsabilidad de vivir, buscar el contacto

social, para que otros no se maten. Es importante la contención

socio-económica, sin dudas; pero la contención psicosocial, será la

que deberá resguardarse a la par y en el “entretanto” se recuperen

las economías; para evitar esa “Tormenta Perfecta” que mencionan

algunos y por ello también la urgencia de entrenarse en esta pre-

vención, con una mirada comunitaria.

Por otro lado, puede considerarse al género masculino, como

factor de riesgo en nuestras sociedades occidentales. La carga eco-

nómica, que aún tienen los hombres de nuestras comunidades,

donde se juega la autoestima, y hasta en algunos, la virilidad, su-

mado a la falta de acceso y estigmatización del que son objeto a

los que se atienden con psicólogos y/o psiquiatras, lo cual los deja

totalmente solos, en los peores momentos, como en estas crisis,

hecho que se corrobora con las estadísticas. Siendo una población

a la que se deberá tener especial cuidado, no teniendo siquiera

un “Área” ni “Secretaría”, ni “Ministerio”, como sí lo tienen las

mujeres y bienvenido que así sea, pero no se debe descuidar al

hombre, al varón. En nuestro país, al igual que en la mayoría del

mundo, los varones se suicidan más que las mujeres. En 2017 en-

tre quienes se suicidaron en la Argentina, el 80% fueron hombres

y el 20% mujeres, es decir, 2.580 hombres y 636 mujeres quienes

se quitaron la vida. Pero, en la Provincia de Entre Ríos, la propor-

ción aumenta entre los varones: 86% (2011).“ Es más difícil que

el varón reconozca el problema y recurra a una ayuda psicológica

profesional a tiempo, antes de estar peor. En cambio, la mujer

suele angustiarse y pedir ayuda y así evitar el suicidio”.(2) Pero esto

representará un cambio cultural que llevará tiempo, por ello la im-

portancia de promocionar espacios de atención en Salud Mental

para el varón y ofrecer turnos que pueda sostener sin superponer

con sus horarios laborales, (no deberían ser todos de mañana).

En cuanto a la diferencia de género, es un fenómeno mun-

dial, a excepción de China, donde la tasa de suicidio femenino

es mayor que la de los varones, desterrando un análisis simplista

del género masculino y su potencial de letalidad en cuanto a algo

físico y hormonal, siendo netamente cultural.

En la Provincia de Entre Ríos, durante la Coordinación del

Programa Provincial de Prevención del Suicidio (2008-2011), se

efectuó el estudio estadístico por 4 años consecutivos, basados en

información de la Dirección de Planificación de la Policía de la

Provincia, en la que incluyen los casos que desde Salud notifican,

más los que no pasan por esa vía y se observa un porcentaje mayor

de hombres de 85% contra 80 % en el resto del país. Lo que de-

nota que el varón presenta alta letalidad en su intento, no llegando

a ser atendido en ningún centro asistencial. Además, habla de la

dificultad del hombre entrerriano por buscar ayuda profesional,

por la estigmatización que sobre él pesa: como hombre, debería

ser fuerte y no llorar o como “loco” por ir a un Psicólogo o Psi-

quiatra. Justamente, faltan campañas de desestigmatización de las

personas que recurren a profesionales de la Salud Mental, que le-

jos de ser débiles o "locos", ir a un psicólogo es para evitar hacer

una "locura".

Otro obstáculo a considerar, para el género masculino, es que

si tuvieran intenciones de buscar ayuda a tiempo, en las institucio-

nes públicas de salud en general y de salud mental en especial, las

consultas suelen ser en horarios matutinos, con lo que la persona

que cuenta con una actividad laboral se ve imposibilitado de asis-

tir. Esto es un hecho que se observa, no sólo en lo que respecta a

la salud mental, sino también a la física; ya que la gran mayoría de

las consultas médicas por consultorio externo, con turnos, es del

género femenino y en las guardias médicas puede casi equipararse

ambos géneros: “siendo las consultas del 57% del sexo femeni-

no,”(3) no habiendo personal de salud mental de guardia activa en

los efectores polivalentes. “La ausencia de barreras administrativas

en el Servicio de Emergencia y carencia de ofertas de citas en

Consultorio Externo, facilitan la demanda de atención inadecua-

da”(3) por no ser de Emergencia ni de Urgencia.

Además, el varón en gran parte de la población, suele carecer

del factor protector de un vínculo de amistad con diálogo de los

problemas emocionales; en general, evitan conversar sobre aspec-

tos que considera muy íntimos y personales, impidiendo justa-

mente la catarsis y la charla con otro, que posibilite la búsqueda de

soluciones a sus problemas.

Uno de los indicadores que más preocupa en la Argentina es

el crecimiento de los suicidios en adolescentes. “En los últimos 15

años se produjo un crecimiento sostenido de la tasa de suicidios en

jóvenes de 15 a 24 años. En 2014, del total de muertes por suici-

dio, casi un tercio ocurrieron en esta franja etárea. Esta representa

la segunda causa de muerte en este grupo etario (después de los

accidentes de tránsito, que pueden ser considerados algunos como

“parasuicidios”). El intento de suicidio es muy común entre los

adolescentes con predisposición para esta conducta y se considera

que por cada adolescente que comete suicidio, lo intentan cerca

de trescientos”.(4)

Las causas de los suicidios y sus variaciones son muy diferentes

entre países, como cuestiones culturales, sociales y económicas,

entre otras. Por ejemplo, en Grecia durante la crisis económica

que empezó en 2010 aumentó la tasa de suicidios en un 26,9 por

ciento. Tampoco se trata de un fenómeno que esté directamente

vinculado con el nivel de riqueza de un país: mientras países de

altos ingresos, como los Estados Unidos y Suecia tienen tasas de

15,3 y 14,8, por encima de la tasa mundial de 10,6; otros con un

ingreso menor, como Lituania o Kazajistán, también tienen tasas

relativamente altas, de 31.9 y 22.5 respectivamente. Hay países

que implementaron políticas exitosas para reducir la prevalencia

de los suicidios: Japón, que tenía una tasa alta, logró en 2018 re-

ducir un 3,4% la cantidad de casos y lleva nueve años consecutivos

en baja.

Si bien hay otros países con tasas más altas de suicidio, muchos

de estos países tienen culturas diferentes que hacen a la natura-

lización y aceptación de dichas cifras. Por ejemplo, Groenlandia,

país al que se considera “la capital del Suicidio”, con una tasa de

83 suicidios anuales por 100.000 habitantes, muy por encima de

Lituania y Corea del Sur.

Es muy importante no sólo las gráficas estadísticas, sino tam-

bién los mapas epidemiológicos, que permiten visualizar rápida-

mente los países o regiones, donde existe más tasa de suicidio y

relacionarlo con la geografía, el clima y los efectos de la radiación

solar, que afectan lo anímico, desde lo psicológico, social y endo-

crinológico, entre otros factores. Pero deberemos recordar que son

procesos debilitantes, no determinantes.

Observamos en el mapa siguiente, el gran contraste de Groen-

landia, con aislamiento social, por factores climáticos y si bien

afirman que no es por carencia de sol, por que es la temporada

estival en la que más tasa de suicidio se observa, es un error hacer

esta conclusión; ya que es un proceso por el cual durante el lar-

go invierno, desarrollan una depresión endógena, por el encierro,

falta de estímulos, falta de luz solar; pero es el contraste entre sus

sentimientos y el “florecer de la vida” durante la primavera, lo que

los lleva a matarse. Esto coincide con los estudios sociológicos de

Durkheim, quien observó en sus estadísticas que los suicidios se

dan con mayor frecuencia en la primavera, más que en otras esta-

ciones del año. Concluyendo que era el contraste anímico, viendo

a todos expresando su amor y felicidad, lo que los hace sentir más

miserables aún.

En Cuba el fenómeno es llamativo que, habiendo bajado de

23,3 por 100.000 habitantes en 1982 a 7,7 en los años 2006 (pro-

bablemente por las acciones de Prevención desarrolladas en ese

período); volvió a subir en los últimos años. Por ello la importan-

cia de continuidad en las políticas de prevención.


Mapa Epidemiológico de Suicidios en el Mundo (2017):



Gráfica de tasa de suicidios comparativo en América Latina:

 


Fuente:https://www.infobae.com/2014/02/15/1543904-por-que-los-europeos-se-suici-

dan-mas-que-los-latinoamericanos

Gráfica de Tasa de Suicidios en Europa:




Observando ambas gráficas, podemos concluir que en gran par-

te de los suicidios, tienen su influencia aspectos culturales, como

el hecho de que en América Latina, nuestro origen, más allá de

olas inmigratorias de otros países, hay una mayoría de población

latina, que se relacionan con las tasas de suicidio en Italia y Espa-

ña, con tasa más bajas que las poblaciones del centro y norte del

continente, culturalmente poco demostrativo de sus emociones y

afectos. Pudiendo considerar esas características culturales como

“protectoras” frente al suicidio.

Hay varias lecturas que también pueden hacerse a estas grá-

ficas, por ejemplo, que el problema es por el individualismo, “La

cohesión social ha ido disminuyendo en Europa a lo largo de las

últimas décadas. Hemos entrado a un modelo social muy indivi-

dualista, donde cada sujeto busca prosperar por su cuenta y donde,

si acude a otros, es para prosperar más, pero no solidariamente”.(5)

Los enfoques actuales de Epidemiología, ponen su foco en los

factores o procesos protectores, que hace que un pueblo no se sui-

cide en la misma proporción que otro vecino, con clima y realidad

social similar.

Los mapas epidemiológicos nos orientan para ver otras realida-

des y otras soluciones, investigando lo que tienen o no en común

los países con alta tasa de suicidio con los que tienen baja tasa.

Se pueden hacer muchas lecturas, pero son a nivel socio-cultural,

pudiendo caer en la tentación de encontrar motivos en realidades

tan diversas como sociedades haya. Bastará saber que cada comu-

nidad deberá tener su foco puesto en aquellos procesos de mayor

riesgo y contrarrestarlo con procesos protectores, específicos. Pero

también se podrá tomar medidas individuales, cuales quiera sea su

ubicación geográfica y su cultura, ya que todos compartimos nues-

tra humanidad. Como el suicido se debe a una multicausalidad y

en proceso, lo que lo hace aún más complejo; deberemos dejarnos

de seducir por explicaciones simplistas y lineales, que tranquilizan

o no, pero a la hora de actuar nos dejan sin respuesta.

Un ejemplo de estos estudios y explicaciones simplistas, puede ver-

se en la localidad de Chajarí, Provincia de Entre Ríos, con una alta

tasa de suicidios durante años, y que llevó a realizar una investigación

epidemiológica local (2007), sacando la conclusión de que era un factor

genético, porque en ese momento la mayoría de los suicidas, eran des-

cendientes de los alemanes del Volga. Cuando se reportaron suicidios de

otros grupos dentro de la población local, comenzaron a inquietarse y

buscar otros motivos y posibles soluciones; mientras que era genético,

pensaban que no había nada que hacer al respecto. Lo cierto es que

en enero del año 2008 y por pedido de las instituciones locales, muy

comprometidas en buscar solucionar esa problemática local, realizamos

actividades intensivas de jornada completa, con exposición de los mitos

y realidades, factores de riesgo y protectores y qué hacer concretamente

frente a una persona en crisis. Se organiza una capacitación con todos

los efectores, diferentes actores de instituciones gubernamentales y no

gubernamentales, recursos humanos que atienden directa o indirecta-

mente personas en crisis. También en un grupo más reducido se tra-

bajó el Duelo Complicado. Luego de lo cual se considera prioritario el

habilitar en el Hospital de la zona, un Servicio de Salud Mental, con

personal entrenado en la detección de factores de riesgo y atención de

pacientes en crisis suicida. Además se organizó una Red local de conten-

ción de crisis suicida. Se debe considerar un logro de toda la Comunidad

de Chajarí, el descenso posterior, llamativo y duradero en el tiempo, de

la tasa de suicidio local. Esto fue gracias a la formación de los recur-

sos humanos, la desmitificación, a través de una exposición didáctica,

planteando situaciones concretas de los asistentes, sumado al gran com-

promiso de sus habitantes, siendo una actividad en plenas vacaciones,

cuando sería impensado juntar tantos asistentes.

Es muy importante esta experiencia, ya que no sólo se ha replicado

en otras localidades de la provincia, con igual interés y recepción; sino

que sienta antecedentes de la necesidad de desmitificar y no hacer una

justificación lineal de los hechos. Las estadísticas correlacionan algunos

factores, pero hay realidades que exceden los datos numéricos y no todo

puede cuantificarse.


“Cuando se lee un libro según el estado de ánimo

sólo se encuentra en él

interpretación de su estado.”

Georges Duhamel


“Contagio mental ” y los medios de comunicación social


Ya en 1887, el sociólogo francés Emile Durkheim advirtió:

“Ningún otro hecho es tan rápidamente transmitido por contagio

como el Suicidio”. Y se fue demostrando en hechos a lo largo de

la historia en diferentes sociedades:

El término “Efecto Werther”, fue acuñado por el sociólogo

norteamericano D.P. Phillips en 1974 para describir el efecto de

la imitación en la conducta suicida, tomando como paradigma la

novela “Las penas del joven Werther”, del escritor alemán Johann

W. von Goethe en 1774, en la que se cuenta la historia de un joven

talentoso quien desesperanzado por pasiones amorosas, se suicida

mediante un disparo en la cabeza. Su venta tuvo que ser prohibida

en diversos lugares de Europa, porque desencadenó numerosos

suicidios en jóvenes mediante el mismo método.

El “Efecto Yukiko”, es un término similar al empleado por Phi-

llips y ha sido utilizado para referirse a la imitación de la conducta

suicida en Japón, pues numerosos suicidios en adolescentes y jó-

venes sucedieron después de la cobertura sensacionalista del sui-

cidio de Yukiko, estrella japonesa de rock. Yukiko Okada (1967-

1986), cantante pop japonés, ídolo durante los años 80. Se cortó

una muñeca, llenó su apartamento de gas y dos horas después,

desorientada por los gases, saltó de un séptimo piso. Veintiocho

adolescentes se suicidaron durante los días siguientes. En Japón se

habló del “síndrome de Yukiko”. Y así hubo muchos ídolos juveni-

les que generaron, con su muerte por suicidio, los mismos efectos

de “contagio psicológico”.

De allí que la forma como se informa de un suicidio en los

medios, tenga tanta influencia. Por ejemplo, entre 1984 y 1987 en

Viena, Austria, hubo una ola de suicidios de jóvenes que saltaban

frente a los vagones del metro. Cuando se indagó por las causas,

se encontró que, en buena medida, imitaban a otros jóvenes cuyos

casos se habían conocido en detalle gracias a la prensa. Entonces

se realizó una campaña que incluía modificar la manera de contar

los hechos y, en efecto, al cabo de seis meses, los suicidios de ese

tipo se habían reducido un 80%.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) expresa que

“La divulgación extrema de noticias sobre suicidios pueda crear

una Cultura del Suicidio”. En realidad, los medios de comunica-

ción reflejan la realidad y pueden contribuir a que otras personas

se sientan reflejadas en aquello que muestran. En esto se juega el

proceso identificatorio, que de alguna manera, se evidencia más en

la población adolescente y juvenil, quienes justamente están en un

proceso de individuación, y de separación de los vínculos parenta-

les y buscan identificarse con sus pares, incluyendo a personajes de

ficción o celebridades, con quienes tienen algún punto en común,

pueden determinar que otros puntos también se asemejan y hasta

los imitan, al extremo de llegar a una imitación de la forma de

resolver un conflicto o un problema. Este proceso totalmente in-

consciente, es el que suelo llamar como “contagio social” y parece

semejante al fenómeno de la Pandemia de un virus muy conta-

gioso, donde el aislamiento social parece evitar el contagio. Los

medios de comunicación social, deberán ajustar algunos criterios

para difundir las noticias de suicidio, sin perjuicio a la libertad

de prensa; pero haciendo uso responsable de la información se

pueden evitar ese contagio social, que por ser “social” no es menos

letal, y contrario al contagio de un virus que requiere proximidad,

los medios de comunicación social, se expanden hoy en día en las

redes sociales y los medios masivos de comunicación, permiten el

“contagio” más allá de las distancias y lo que impide que éste sea

mayor, es la falta de identificación ante culturas diferentes.

Es fácil entender el fenómeno de contagio, cuando se trata de

virus y bacterias y se han conocido sus efectos de letalidad, don-

de no a todos impacta de la misma manera y se llega a hablar de

población de riesgo; el “contagio social”, es un fenómeno análogo,

hay población que se encuentra con más riesgo, son los que transi-

tan una crisis de tipo suicida. Las noticias, ya sean de medios ofi-

ciales, como los que se “viralizan” en las redes sociales, con videos

caseros que representan sin filtro, “sin editar”, las escenas de sui-

cidio, pueden causar daños colaterales en quienes ven las escenas,

por el shock traumático que esas imágenes producen, sobre todo

para las personas sensibles, con trastorno hasta del sueño, o para

otros la identificación en los métodos o el lugar donde se produjo

el hecho en cuestión.

Entendiendo que al no existir nada concreto o material que se

transmite; se deberá hablar con propiedad al referir al fenómeno

de contagio social, como proceso identificatorio. “La Identifica-

ción es el proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila

un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma

total o parcialmente, sobre el modelo de éste.”(1) Esto se ve cla-

rísimo en las “modas”, celebridades usan determinado cabello o

determinado estilo y otros los imitan. Son personas que a su vez

comparten otras cosas en común, la edad, los gustos por determi-

nado estilo de vida, de música, etc. Este mismo fenómeno es el

que también está en juego en los suicidios, cuando se los difunde

dando explicaciones simplistas y “justificándolas”, de manera que

esas pueden asemejarse a circunstancias que el sujeto considera

semejante a las suyas, con lo cual también puede apropiarse de la

forma de solucionar aquellos conflictos o situaciones; aunque sea

a través de algo que no lo hubiera pensado por sí mismo. Iniciado

el proceso de crisis suicida, es fácil identificarse con aquel que ya

lo hizo y del que se habla con naturalidad, y hasta justificando su

acto.

Y lo más preocupante es que se ha visto que estos procesos

son más comunes en adolescentes y jóvenes. La personalidad se

constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.

Siendo a su vez, el “acto en virtud del cual un individuo se vuel-

ve idéntico a otro en pensamiento o de hecho, totalmente”(1) o

en un aspecto. “Los hechos llamados de imitación, de contagio

mental, se conocían ciertamente desde mucho tiempo antes, pero

Freud va más lejos al explicarlos por la existencia de un elemen-

to inconsciente común a las personas entre las que se produce

el fenómeno...la identificación no es una simple imitación, sino

una apropiación basada en la presunción de una etiología común:

expresa un “como si” y se refiere a un elemento común que existe

en el inconsciente”.(1) Freud también indica que, en ciertos casos,

la identificación afecta, no al conjunto del objeto, sino a un “ras-

go único” de éste. Por ejemplo, el de transitar una crisis suicida,

terminando de igual manera. “El término, en su empleo psicoa-

nalítico, corresponde principalmente al sentido de “identificarse”,

en éste sentido, “reúne en su empleo corriente toda una serie de

conceptos psicológicos, tales como: imitación, empatía, simpatía,

contagio mental, etc.”.(1) En Freud es el mecanismo psicológico

por medio del cual se constituye el Sujeto humano.

Estos procesos identificatorios, en la actualidad se producen no

sólo a través de la lectura de un libro, ni sólo a través de los me-

dios de comunicación masiva, hoy día los jóvenes, población más

propensa a la identificación por la etapa de desarrollo en la que

se encuentran, se “alimentan” de mucha información que ya sea

difundida a través de algún medio periodístico oficial, o generada

espontáneamente con las cámaras digitales que la mayoría tiene

en sus celulares y los llevan a todas partes, como una parte de su

vestimenta... nunca salen sin él... excepto raras y a veces preocu-

pantes excepciones; lo cierto es que estas difícilmente puedan ser

controladas en las formas de difundir una “novedad”; porque no

tiene el formato de noticia, aunque así lo consideren.

De esta manera, tan perniciosa, llegan “noticias” a los pares y a

veces hasta a los familiares e íntimos amigos, fotos de escenas de

suicidio, que violan los códigos básicos establecidos, por ser mate-

rial de investigación y poco ético, por ser material sensible.

No obstante ello, hay mucha información de celebridades y de

los propios adolescentes, de los que no se llegaría información, si

no fuese por la prensa local, nacional o internacional; los medios

masivos de comunicación pueden llegar a personas que están atra-

vesando una crisis de tipo suicida, pudiendo sentirse identificados

(como proceso defensivo inconsciente) y buscar la misma “salida”,

por imitación; por el contrario de no ser presentada de esa mane-

ra, podría haber sido una forma de prevenirlo o disuadirlo de no

llevar a cabo ese tipo de acto.

También tenemos que ser muy conscientes de que hay niños

(hubo casos de niños de 9 y 10 años, que se han suicidado en la

Argentina y de 7 años han realizado intentos), que pueden estar

atravesando crisis de tipo depresiva y que escuchan los comenta-

rios de los adultos en torno a un familiar, conocido, etc. (recorde-

mos que muchas veces los niños están entretenidos en su juego,

pero escuchan lo que dicen los adultos, más de lo que uno cree),

de la forma en que comentamos el hecho, podría resultar procesos

identificatorios, precipitando la imitación de dicho acto, sumado

a la dificultad para elaborar duelos complicados, cuando no se le

brinda la asistencia necesaria; agregándose otro factor de riesgo,

dentro de un proceso de duelo no elaborado.

Sobre estas poblaciones más vulnerables, los medios de comu-

nicación social pueden ser aliados de la prevención del suicidio (y

también de otras conductas aberrantes como homicidio seguido

de suicidio, o los mismos femicidios, visto que con frecuencia hay

una seguidilla de estos, bajo la misma modalidad).

La OPS y la OMS, sostienen “la importancia del rol de los

medios de comunicación y los reportes de las noticias en relación

a los suicidios.” Sabiendo que, el tratamiento de las noticias, no

es algo inocuo, “La libertad de expresión de los medios debe ser

ligada a la responsabilidad profesional por las consecuencias de

lo que se está expresando... No se pretende coartar la libertad de

expresión de los profesionales de la información, sino dotarlos de

los conocimientos científicos para elevar la calidad de lo que se

informa, por lo que los suicidiólogos sugieren la manera en que

debe manejarse el tema del suicidio y los profesionales de la in-

formación deciden como hacer dicho manejo.”(2) Los medios y

los periodistas tienen una responsabilidad social, al momento de

tratar informativamente la temática relacionada con el suicidio,

especialmente por ser quienes llegan masivamente a la población.

Al igual que el contagio de un virus, no se puede predecir del todo

a quienes va a impactar, siempre será la población más vulnerable

la que tendrá las consecuencias letales.

“Se han realizado múltiples investigaciones... la relación entre el

mal uso de la información acerca del tema suicidio y la ocurrencia

de dichos casos, especialmente en sujetos vulnerables adolescentes

y jóvenes, donde se encontró una clara evidencia del efecto que

pueden tener los medios de difusión con relación a la utilización

de métodos de suicidio específicos... Las noticias sensacionalistas

sobre el suicidio, (con el objetivo primordial de vender, sin tener

en cuenta las consecuencias del mensaje emitido) pueden precipi-

tar el suicidio de personas vulnerable, sobre todo los adolescentes

y jóvenes”.(2) Por el contrario, si enfocan correctamente la noticia

sobre el tema y cumplen las sugerencias de los suicidiólogos sobre

cómo difundirlas”(3) se transformarían en aliados de la prevención.

Por todo lo anterior, se recomienda que en las noticias se cumplan

los siguientes criterios al comunicar un suicidio:

 NO DEBE APARECER LA NOTICIA EN PRIMERA

                        PLANA, NI EN LA ÚLTIMA PÁGINA,que sería la 

                    primera para los que comienzan a leer el diario al revés.

                   Deben aparecer en las páginas centrales y preferiblemente   

                   en forma de NOTAS BREVES.

 LA PALABRA SUICIDIO NO DEBE APARE-

CER, es preferible calificar la muerte como de causa

violenta o el empleo del calificativo de “muerte auto-

provocada o autoinfligida”; evitando caer en eufemis-

mos como “autodeterminación”, que lejos de ayudar

confunden. La palabra “Autodeterminación”, NO

DEBE USARSE COMO SINÓNIMO DE SUI-

CIDIO, porque en realidad está asociada a la palabra

“libertad”, le da una connotación de “poder” al sujeto,

como algo que puede elegir libremente, con lo cual

lejos de disuadir a hacer semejante hecho, lo emula;

entonces, cuando el sujeto se encuentra en una crisis,

querrá sentir que puede tomar una decisión. Sin em-

bargo, existe el fenómeno de la constricción cognitiva

o visión en túnel, que lo hace no ver otras soluciones

posibles, por lo cual el margen de elección también se

ve acotado, y por ende, su libertad de elegir.

Es mejor hablar de “autoeliminación” (como la portada de este

libro) o “realizó una conducta autolítica”.

 NO DEBE APARECER LAS FOTOS DEL FALLECIDO.

NO se debe describir con lujo de DETALLES, NI mencio-

nar EL MÉTODO utilizado; porque sirve a otros vulnerables de

referencia, si están indecisos de cuál medio utilizar para autodes-

truirse. Lamentamos hoy en día el acceso que muchos tienen a

la explicación y “tutoriales” de medios para suicidarse, que se han

comprobado, son buscados por los que tienen deseos de concre-

tarlo. Y hasta los alientan a llevarlo a cabo.

Una joven encontrada pendiendo de una antena de telecomunica-

ciones, enroscada con un pasacalles deshilachado, tenía como última

búsqueda en su celular, un tutorial que describía con detalles cómo rea-

lizar el nudo.

Frente a estos hechos, es necesario contar con una vigilancia

constante de las redes sociales y lograr, en lo posible, bloquear y

denunciarlos por realizar apología e instigación al suicidio, lo que

está penado por la Ley.

Hubo hace poco tiempo, un “Juego” macabro en línea “La Ba-

llena Azul”, que instigaba a los jóvenes y los retaba a realizar dife-

rentes actos autoagresivos, hasta lograr manipularlos y llegar a un

suicidio masivo; pero gracias al accionar oportuno de las fuerzas

de seguridad internacional y nacionales, esto fue desbaratado a

tiempo.

 “NO deben ofrecerse EXPLICACIONES SIMPLISTAS, ni

únicas de lo sucedido”, ya que el suicidio es una conducta com-

pleja que responde a causas biológicas, psicológicas y sociales”.

(2) Además, estas causas pueden ser los factores con los que se

pueden identificar las personas vulnerables y buscar inconsciente-

mente imitar su forma de solucionar el problema.

 “NO debe equipararse el suicidio con atributos valiosos del

carácter, ni valores morales dignos de imitar: como la valentía, la

lealtad, el valor, el amor, dignidad, altruismo, sensibilidad, solida-

ridad, etc.”(2)

 “NO deben recalcarse únicamente los aspectos positivos de la

personalidad del difunto, sino también los posible factores que

facilitaron el suicidio como: el padecimiento de una enfermedad

mental, el abuso de drogas y alcohol, los intentos de suicidios

previos, ingresos psiquiátricos, falta de apoyo psicológico, etc.”(2)

Aunque lo mejor será no describir las características del suicida.

 “NO debe aparecer la palabra suicidio como sinónimo de solu-

cionar las dificultades de la vida”(3) por ejemplo:“no tuvo otra sali-

da que quitarse la vida”...Es una forma equivocada de transmitir

la información además de faltar a la verdad, de la que quieren ser

ecos, ya que es el sujeto que sintió que no tenía otra salida, pero no

es cierto que sea así objetivamente.

“Se deben ofrecer ejemplos de otras personas que en situa-

ciones similares han respondido con mecanismos de adaptación

creativos y de otros individuos que en peores situaciones supieron

encontrar soluciones no autodestructivas o buscan ayuda”.(2)

Lo fundamental es que los medios de comunicación, al ser

masivos, sean “aliados” eficaces en la prevención, debido a la posi-

bilidad de llegar a multitudes y su contribución sería más efectiva

si se cumplieran con las siguientes orientaciones:

SIEMPRE:

Publicar las fuentes de Salud Mental a las que se puede acudir

en caso de unas crisis, con teléfono de urgencia, dirección para

atención ambulatoria e internación de urgencia.

También se podrá:

- Publicar los factores protectores, para evitar el suicidio.

- Publicar los mitos y las evidencias relacionadas con el sui-

cidio.

- Publicar los signos de alarma de una crisis suicida:

- llanto inconsolable

- tendencia al aislamiento

- amenazas suicidas

- deseos de morir

- desesperanza

- súbito cambio de conducta, afectos y hábitos

- consumo excesivo de alcohol y drogas

- realización de notas de despedidas

- repentina tranquilidad, sin haber otros cambios o

soluciones a sus problemas, etc...

- Divulgar medidas sencillas para la población en general, que

deberá tomar frente a esos signos de alarma:

- NO dejarlos solos.

- NO desafiarlos.

- Acompañarlos a las fuentes de Salud Mental, no solamente

recomendar que vayan a Psicólogos; pero indicarle que hable pri-

mero de su ideación suicidas y luego de sus problemas.

- NO dejar que conduzcan vehículos o tengan en su poder

elementos que pueda utilizar para autoeliminarse. Evitar tener ac-

ceso a las armas de fuego.

- “Avisar a otras personas significativas para el sujeto que con-

tribuya a evitar la ocurrencia del acto suicida”.(3)

- NO minimizar, ni querer motivarlo con nuestras propias mo-

tivaciones para seguir viviendo.

- Señalar que si tiene ideas de querer quitarse la vida, debe estar

con mucho sufrimiento, pero que merece y debe buscar ayuda.

Esta información es la que debería difundirse frente a cada

suicidio que ocurra, y a menos que el hecho se haya producido en

la vía pública o de una celebridad, ni siquiera debería figurar en

las noticias.

Pero también hay que recordar, que los jóvenes tienen otras vías

de comunicación, que no pueden controlarse, que también puede

servirnos si lo utilizamos adecuadamente.

 

     Hace un par de años atrás, hubo un suicidio en la comunidad, y

mientras llegaba la policía, quienes lo “encontraron” pendiendo de un

árbol, en una zona de montes a pocas cuadras de los barrios, lograron

sacar fotos con sus celulares, y aunque no todos lo reenviaron, muchos

jóvenes vieron imágenes muy shockeantes, especialmente los que lo co-

nocieron... esto quedó en el inconsciente de muchos jóvenes de la locali-

dad. Meses más tarde, en el mismo lugar, había sido encontrado a tiem-

po, otro joven con ideación suicida; y aunque no había llevado ningún

elemento para poder concretarlo, se dirigió al lugar, escapándose de la

escuela secundaria. Como la población estaba sensibilizada, y los docen-

tes bien entrenados en captar las señales y no minimizarlas; en cuanto

se enteraron de que un alumno (callado y tranquilo) se había ido en ho-

rario de clase, solo, sin avisar a nadie a dónde iría... Lejos de quedarse

a esperar a las fuerzas de seguridad, comenzaron la búsqueda en grupos

por toda la zona; y especialmente por la zona en la que fue hallado,

meses antes a éste joven... En ésta oportunidad, afortunadamente fue

hallado en perfecto estado; llegaron al lugar también los familiares y la

madre, quien también anoticiada fue a la búsqueda. Los efectivos de la

policía que habían sido alertados, lo trasladan a Minoridad. Luego de

todo esto, el joven ante el primer contacto con profesionales de la salud,

niega la intencionalidad suicida... y aunque en un primer momento el

joven refirió que sólo había ido a pensar, se supo que envió “un estado”

en su watsappen el que se despedía... Este hecho llegó a oídos de un

personal del centro asistencial de su domicilio, quienes a pesar de saber

este dato, no lo tomaron en cuenta para su intervención y se quedaron

“tranquilos” en los dichos del joven... Y los que creyeron que era una

advertencia grave, no querían revelar la fuente de esa información,

para que el joven no pierda la confianza en sus amigos. Considerando

el contexto punitorio, la madre lo reta por el susto que le hizo pasar,

vio el despliegue de sus compañeros en su búsqueda, además la policía

por tratarse de un menor de edad que se escapa de la escuela, lo lleva a

Minoridad, donde también efectúan sus preguntas... no se sabe en qué

tono de voz, ni con qué predisposición....es esperable que el joven haya

negado su ideación. Frente a esto, es que consideré importante brindarle

un espacio terapéutico de emergencia, yendo al día siguiente a la casa

un feriado nacional, se le pregunta sin reprocharle lo ocurrido, pudien-

do admitir que tuvo la idea de suicidarse; esto pudo hacerlo ya que se

lo escucha dando por sentado la posibilidad de la ideación suicida (no

se menciona en ningún momento el hecho de haber visto en sus redes

sus avisos, para evitar que deje de utilizar esta vía o aliente a que otro

tampoco lo utilice) sin acusaciones y considerando que sería de esperar

que niegue su intencionalidad, pero que es mejor hablar claro de ello,

que puede hacerlo en presencia de la psicóloga, que se ofrece como espacio

terapéutico...

En ésta situación, fue importante la acción decidida y URGENTE

de la vicedirectora de la Escuela, que juzgó más importante la búsque-

da del alumno que quedarse con el sentimiento de impotencia y culpa

por no actuar a tiempo, ya que “sacó a los jóvenes de la escuela”, sin

autorización superior, para buscar a un alumno.

Se observa la falta de un buen protocolo de actuación y de formación

específica en la forma de escuchar y hablar con una persona con idea-

ción suicida, que terminó acallándolo. Algunas malas intervenciones

de instituciones, profesionales y de la misma familia, puede ser contra-

rrestada por intervenciones urgentes, aún pasado el peligro inminente.

También se puede observar que no es el instrumento el problema,

sino su utilización; ya que así como el celular fue utilizado para la

difusión de fotos del lugar donde ocurriera un hecho lamentable y las

imágenes morbosas del suicidio, habían generado una idea de un lugar

donde perpetrar un acto parecido; también un “estado” o mensaje en un

celular, fue lo que alertó a uno de sus amigos, quien a su vez avisó a un

integrante del centro asistencial local para tomar en cuenta la verdade-

ra intencionalidad de éste hecho.... Y aún si esto no hubiese acontecido,

era necesario acudir a la mayor brevedad posible, porque si cabe alguna

duda, hay que considerar la posibilidad del riesgo y decodificar sus ac-

ciones por lo menos, desde lo simbólico del lugar donde se lo halló.

Luego de éste hecho, se coordinó de manera urgente una actividad de

taller, para hablar a través de un video (ver Anexo III) sobre lo ocurri-

do y de la necesidad de buscar ayuda a tiempo, cuando se está en crisis,

como actividad de prevención de otras situaciones y evitar que alguien

más se identifique con esa modalidad de resolver los problemas, pero

termine concretándolo.

Acá vemos como el proceso identificatorio con la víctima de suicidio

anterior, lo llevó al joven a ese mismo lugar apartado, habiendo otros

lugares posibles; pero también ese mismo conocimiento por parte de los

docentes, quienes recibieron capacitación sobre los mitos y factores de

riesgo; pudieron llegar a tiempo y realizar prevención del suicidio.



“Lo que hace especialmente duro un suicidio

es que nunca sabrás realmente

cuál fue la razón que lo motivó”

Lukas Bârfuss,

en “Koala”


                                      Comprender lo incomprensible


Cuando nos proponemos prevenir el suicidio, necesitamos

comprender al suicida, querríamos tener la información necesaria

para poder predecir quien se estaría por suicidar, para poder evi-

tarlo. Queremos saber, por qué tal o cual persona se ha quitado la

vida. Y justamente siendo una realidad compleja y multicausal, se

tiende a buscar distintas vías para comprender este fenómeno, que

irrumpe la cotidianeidad y que subsiste en todas las latitudes, con

sus diferentes tasas y variantes locales.

Dentro de la complejidad, está el aspecto social, Durkheim,

en su libro “Suicidio”, quiso ejemplificar con el estudio de éste

fenómeno universal, el método sociológico y más allá de ciertas

conclusiones que pudimos contradecir, en líneas generales, hoy se

toman en cuenta sus hallazgos, pero sobre todo su método. Dur-

kheim estudió detenidamente al suicidio como fenómeno social:

“Al tener cada pueblo una tasa de suicidio que le es peculiar, que

si evoluciona, lo hace ajustándose a un coeficiente de aceleración

que es propio de cada sociedad, que las variaciones por las que

atraviesa en los distintos momentos del día, mes, año, no hacen

sino reproducir el ritmo de la vida social, el matrimonio, el di-

vorcio, la familia, la sociedad religiosa, el ejército, etc., son fuerzas

reales, vivientes y operantes que no dependen del individuo”. Y

también aclaró: “Las condiciones individuales pueden determinar

que tal o cual individuo se mate, pero no que la sociedad “in globo”

sienta la inclinación mayor o menor hacia el suicidio”.(1)El Suici-

dio, sería como un síntoma del estado moral de la sociedad. “Los

movimientos que el paciente ejecuta y que en un primer momento

parecen expresar tan sólo su temperamento personal, son en rea-

lidad, la continuación y la prolongación de un estado social que

manifiestan exteriormente. Esto no determina a un sujeto antes

que a otro. Reclama ciertos actos en número definido, pero no exi-

ge que estos actos vengan de éste o de aquel, es decir, no excluye la

libertad humana. Durkheim lo ejemplifica de ésta manera: “cuan-

do se declara un foco de epidemia, su intensidad predetermina

la importancia de la mortalidad que producirá; pero no por esto

están designados los que deben ser alcanzados. La situación de los

suicidas no es otro respecto de las corrientes suicidógenas”.(1)

“Pero también ocurre que el individuo se sacrifica únicamente

por el placer del sacrificio, porque el renunciamiento, en sí y sin

razón especial, se considera laudable. La India es la tierra clásica

de ésta clase de suicidio. En el hinduismo, el uso de buscar la

muerte en las aguas del río Ganges o de otros ríos sagrados, estaba

muy extendido. En estos casos, vemos que el individuo aspira a

despojarse de su ser personal para abismarse en esa otra cosa que

considera su verdadera esencia”. Esta clase de suicidios, “altruista”,

es decir, cuando el individuo está demasiado fuertemente integra-

do a la sociedad; era más común en las sociedades primitivas que

en las altamente desarrolladas. A esta categoría, pertenecían el an-

ciano y el enfermo que querían aliviar de sí mismo a la sociedad;

las mujeres que seguían a sus maridos en la muerte; los seguidores

o sirvientes que se mataba tras las muertes de sus jefes. El auto-

sacrificio de los mártires, y el “hara-kiri” de los oficiales japoneses

eran suicidios de éste tipo. El suicidio altruista inspiraba respeto

y admiración".(2)

Sin embargo, también se suicidan con frecuencia en las socie-

dades en los que no hay tan fuerte integración, sino por el con-

trario, ésta se debilita, las personas dependen menos de ella. No

reconocer otras reglas de conducta que las fundadas en sus inte-

reses privados. Es lo que habíamos visto en la interpretación de

los suicidios en países con alto nivel de individualismo. Durkheim

lo llama: “suicidio egoísta”, cuando el yo individual se afirma con

excesos frente al yo social. Deduce este tipo de suicidio a partir

de sus investigaciones, en que observa que en las sociedades, ya

sean religiosas, domésticas o políticas; el suicidio varía en razón

inversa del grado de integración de los grupos sociales de que for-

ma parte el individuo. Por ejemplo, entre las familias disgregadas,

etc. Durkheim concluye que “si el vínculo que liga a la vida se

afloja, es porque el vínculo que une a la sociedad se ha distendido

también... La diferencia entre el suicidio “egoísta” y el “altruista” es

que mientras el egoísta está triste porque no ve nada de real en el

mundo más que el individuo, la tristeza del altruista proviene, en

cambio, de que el individuo le parece destituido de toda realidad.

El uno está desligado de la vida porque no percibiendo ningún

fin al que poder asirse, aunque situado fuera de esta vida, que se le

presenta por lo tanto como obstáculo”.(1)

Habrá que evitar hacer juicios de valor, respecto de esta ca-

tegoría de “egoísta”; ya que vemos en la realidad, al escuchar a la

persona en crisis suicida, se observa gran sufrimiento y lejos de

falta de amor al otro, lo que falta es el amor a sí mismo, muy baja

autoestima, en contraposición al pensar en el perfil de un “egoísta”,

que tampoco corresponde a una categorización psicológica.

Por otro lado, a la inversa del suicidio “altruista” de Durkheim,

se le propondrá al suicida, ser altruista y por ello, no matarse, para

evitar la imitación de otros, de su entorno. Vivir, a pesar del sufri-

miento, para que otro no quiera matarse, por identificación.

Además, Durkheim aclara “La manera más o menos sombría

en que un pueblo concibe la existencia no basta, por sí sólo, para

explicar la intensidad de su inclinación al suicidio. El cristianismo

no imagina su permanencia en esta tierra bajo un aspecto más

risueño... No ve en ella más que un período de pruebas dolorosas,

también juzga que su patria no es de este mundo y sin embargo,

siente aversión al suicidio. Es que las sociedades cristianas conce-

den al individuo un lugar mucho más destacado que las sociedades

anteriores. Le asignan deberes personales que cumplir a los que

se les prohíbe substraerse. Así el individualismo moderado que

existe en el espíritu cristiano, le ha impedido favorecer el suicidio.

“Así como el individualismo excesivo conduce al suicidio, un in-

dividualismo insuficiente produce los mismos efectos. Cuando el

hombre está desligado de la sociedad se mata fácilmente; también

se mata cuando está integrado demasiado fuertemente a ella”.(1)

También concluyó que los hombres solteros o separados tienen

mayor propensión al suicidio que los casados. Además, observó

una variante estacional, siendo en primavera cuando más casos de

suicidio se producen, interpretado como el contraste en su estado

anímico depresivo y el resto de la sociedad disfruta el reverdecer

de la naturaleza. Esto hoy en día se ve y confirma en las estadísti-

cas actuales, existiendo las mismas causales sociales.

Pero también se registraron aumentos del suicidio en épocas

de crisis, es decir, perturbaciones del orden colectivo. Toda ruptura

del equilibrio, aunque resulte de ella un mayor bienestar, impulsa

a la muerte voluntaria. Este se debe a que, en los tiempos de crisis,

faltan por algún tiempo toda reglamentación, ya no se sabe lo que

es posible y lo que no lo es, lo que es justo y lo que es injusto, ya no

saben dónde están los límites ante los cuales deben detenerse... El

estado de irregularidad o de Anomia se ve entonces reforzada por

el hecho de que las pasiones son menos disciplinadas en el mo-

mento en que tendría necesidad de una disciplina más fuerte”.(1)

Un fenómeno social importante a considerar es el del “conta-

gio” o “imitación”, visto en el capítulo anterior, podremos concluir

que no ocurre en individuos sanos, sino en aquellos en las que

no existe ninguna operación mental que se intercale entre la im-

presión del acto semejante, previamente realizado por otros y la

representación que tiene internamente el sujeto en crisis: impri-

miendo un refuerzo o convicción de una imagen, sobre una idea

previa. Pero tanto la imitación, por poderosa que sea su influencia,

como la impresión causada por el relato o la lectura de un crimen

excepcional, no bastan para provocar actos similares.

“El aprendizaje se observa ... en las racionalizaciones a prio-

ri del suicidio: el suicida expresa generalmente su intención de

forma rudimentaria. La decisión de suicidarse, a menudo larga-

mente meditada, se expresa en simples frases. El hecho de que

frente a una situación objetiva y real, el futuro suicida llegue a la

conclusión de que le es preciso atentar contra su vida, presupone

un aprendizaje que le permita formular semejante decisión. O lo

que es lo mismo, si bien la decisión de suicidarse puede muy bien

ser poco razonable desde un punto de vista objetivo, exterior al

individuo, teniendo presente que el suicidio raras veces es fruto

de una conducta impulsiva, antes bien de una decisión largamente

meditada y elaborada hasta en sus más nimios detalles de ejecu-

ción, forzosamente hemos de admitir que se trata de una con-

ducta subjetivamente racionalizada y de hecho, legítima desde el

punto de vista del propio suicida,”(3) Ahí lo poco productivo que

podrían ser las charlas que intenten persuadir, al sujeto en crisis,

de realizar dicho acto. No se trata de combatir desde una lógica

de la fundamentación que intente deslegitimar esa idea: “Sos muy

joven para pensar estas cosas”.

“Por otra parte, una vez adoptada la decisión y consumado ya

el suicidio, es a partir de entonces el grupo más próximo se ve en la

necesidad de hallar explicaciones que justifiquen semejante com-

portamiento. El concepto sociológico que habitualmente se aplica

a tales situaciones es el de desviación, entendiendo por conductas

desviante aquella que no sigue las normas de una sociedad o gru-

po determinado. La gravedad de la conducta desviante no radica

tanto en la conducta en sí, como en el hecho de que al violar ésta

las expectativas del grupo, pone automáticamente en contradicho

su concepción de la realidad. Es precisamente para mantener sus

normas que a la sociedad les es preciso presionar en contra de la

conducta desviante, cosa que en el suicidio se verifica principal-

mente a través de su culpabilización”.(3)

La culpabilización al suicida, evita la identificación; ya que

nadie quiere ser “el malo de la película” y será el opuesto de pensar

al suicida desde el lugar de “víctima”, con el cual empatizar y jus-

tificarlo: “no tenía otra salida”.

Todo esto puede considerarse más que una imitación, un apren-

dizaje. Esto es lo grave, pero también una posibilidad de trabajar

sobre los familiares, amigos y comunidad cercana, para prevenirlo,

ya que el “aprendizaje no es otra cosa que la transmisión cultural

de la posibilidad de resolver determinadas situaciones, como una

de las puertas abiertas para solucionar el conflicto... Es decir, que

en el seno de determinadas familias la solución del suicidio se

transmite como una conducta “posible” ante cierto tipo de proble-

mas. Ello no implica necesariamente que estas familias no culpa-

bilicen y condenen, en principio, los comportamientos suicidas;

antes bien que por el hecho mismo de tener varios antepasados

suicidas, el individuo socializado dentro de esta familia admite,y

entrevé como “posible” – y en cierto modo lógico – el suicidio en

determinadas circunstancias o situaciones".(4)

Cuando nos referimos a los diferentes tipos de suicidios, no nos

referimos tanto a las causas como al sentido o direccionalidad del

suicidio (por ej. Agresión). Pero parecen ser sólo racionalizaciones

del comportamiento suicida y no ser ese el motivo, consciente o

inconsciente, del propio suicida. Tampoco es seguro que el sentido

elaborado por el propio suicida coincidirá con el elaborado por la

sociedad que le rodea, es decir, que el grupo en cuyo seno se ha

producido un suicidio no lo “leerá” del mismo modo que quien lo

cometió. Debe tenerse en cuenta que la perspectiva del sentido del

suicidio no tiene por qué coincidir con la posible interpretación

de los familiares; y hablar del “sentido”, no se refiere a las causas,

ni pretende justificar el acto, sino poder deducir la última gota que

rebalsó el vaso.

Existe lo que se llama “Autopsia Psicológica” (en el Programa

Nacional de Prevención del Suicidio está dentro de sus objetivos),

es un método de investigación clínica propuesto para Shneidman,

para el estudio del suicidio y definido como “un proceso de re-

colección de datos que permite reconstruir el perfil psicológico

de una persona y su estado mental antes del deceso por causa

dudosa (suicidio, homicidio, muerte accidental o natural)”.(4) Pero

es importante aclarar que la Autopsia Psicológica, si se realiza

sólo con fines investigativos, puede resultar perjudicial para los

familiares; ya que reconstruir los hechos previos al suicidio puede

generar sentimientos de culpa por no haber podido detectar aque-

llas señales de pedido de auxilio; por lo cual sólo deberá realizarse

si agrega información relevante y en un contexto de contención

psicológica de los familiares.

Además, ¿no puede acaso darse una suma de sentidos, diver-

sos y hasta contradictorios, que conduzcan todos ellos al suicidio?

Ante la pregunta, “¿por qué se suicidaron Catalina, Luis o Pedro?”

Vimos cuán difícil es la respuesta, dadas la complejidad y la mul-

tiplicidad de los factores que intervienen en cada caso individual,

en cada una de las decisiones personales de acabar con la propia

existencia”.(4) Deberemos tener en cuenta aquella información im-

portante sobre su historia personal, que pueden desconocer hasta

su propia familia, tanto por evitarles el sufrimiento como por ver-

güenza y culpa. Por ejemplo, el haber sufrido abuso sexual infantil.

“Desde una óptica de la máxima amplitud podría sin duda

afirmarse que los suicidas “ven la vida como una rueda de pro-

blemas” y que “se sienten atrapados por una serie de problemas

que no saben resolver”.(3) Esta serie de problemas puede ser por

una enfermedad (física o mental), por la soledad, los conflictos

familiares; lo que tendrían en común, es éste sentirse atrapados y

entrampados este “no saber cómo salirse del atolladero”. O quizás,

no hallar otra salida a la “rueda de problemas” que la del suicidio.

“... en cierta medida la situación en que se halla inmerso todo in-

dividuo a la hora de meditar, decidir y provocar su propia muerte

es percibida por él como una situación laberíntica. "Todo labe-

rinto se caracteriza por su absurdidad, por su sinsentido. Razón

por la cual se le busca la salida irracionalmente (pues no hay en el

laberinto racionalidad que valga), con la misma paradójica mezcla

de esperanza y desesperación característica del acto suicida... la

persona atrapada en medio de un laberinto busca la forma de salir

de él, su escapatoria, a la vez “esperanzada” y “desesperanzada”,(3) es

la ambivalencia al que nos referimos en capítulos anteriores. En-

tonces, prescindiendo de las razones (económicas, familiares, de

salud, etc.) que hayan podido encerrar al sujeto en el laberinto, el

suicida es aquella persona que cree encontrar en la propia muerte

la escapatoria en cuestión.

"Pero la imagen del laberinto sugiere todavía otro paralelismo

con el suicidio, aquello que constituye el laberinto, aquello que lo

define en cuanto tal, es el hecho de dificultar o imposibilitar la

orientación del individuo. Esta pérdida de orientación equivale

a una pérdida del “nomos”, es decir, el ingreso a una situación de

anomia. Así, la percepción que el suicida potencial tiene de su

propia situación como situación laberíntica, y por ende, anómica,

hace que él mismo, al tiempo que desesperada y esperanzadamen-

te le busca la salida, la viva como situación absurda, como situa-

ción sin sentido”.(3)

Como todo suicidio implica un sinsentido, una carencia de sig-

nificación de una vida convertida en “rueda de problemas” o en un

“laberinto grotesco”; nos hallamos con la paradoja de la búsqueda

del sentido del suicidio, en que automáticamente toda voluntad

de explicación, toda pregunta sobre el por qué, es otro sinsentido.

Las explicaciones causales, la búsqueda de los por qué alguien se

suicida, pretenden dar sentido a una situación que se caracteriza

precisamente por no tenerlo. “Al mismo tiempo, ni a partir del

análisis de la “rueda de problemas” en la que se siente atrapado

el suicida, ni de la consideración del carácter “laberíntico” de su

situación puede llegarse a la conclusión de que haya circunstan-

cias determinadas que objetivamente conduzcan al suicidio... se-

ría una explicación más o menos mecanicista. "Ninguno de los

factores habitualmente vinculados al suicidio – o supuestamente

causantes del mismo – escapa a esta especie de ley general, según

la cual los suicidas constituyen siempre una pequeña minoría de

entre los afectados por el factor en cuestión, el cual no parece

ejercer en cambio su influjo sobre la gran mayoría. En este senti-

do creemos poder afirmar que no hay situaciones que conduzcan

objetivamente al suicidio. “...si todo suicidio va precedido de un

“no aguanto más” es siempre subjetivo o contiene una inevitable y

considerable dosis de subjetividad”.(3)

La existencia del hombre es desde siempre un existir de acuer-

do a un sentido, aunque sea desconocido. Existe algo como una

premonición del sentido y un presentimiento del sentido, también

subyace en la base de la llamada “voluntad de sentido” de la Lo-

goterapia. Si lo quiere o no, si lo sabe o no, el hombre cree en un

sentido, aunque no sea en el de la vida o del seguir viviendo, como

en el caso del suicida, que cree en un sentido, en el del morir. La

vida no tiene sentido para él, pero sí lo tiene la muerte.

“El hombre sólo puede sobrevivir cuando da una orienta-

ción a su vida, y esto es válido, no sólo respecto a la supervivencia

del individuo, sino respecto a la supervivencia de la humanidad

entera”... “Solamente sobrevivir no puede ser el máximo valor. Y

quizás sea lo que le pediremos que haga, en un primer momen-

to, solo “sobrevivir”, para poder ayudarlo y para que otra persona

significativa en su vida, no lo imite. Porque “ser hombre significa

estar preparado y orientado hacia algo que no es él mismo”...(5) El

suicida deberá encontrar un sentido, un para qué sobrevivir...

Como afirma Juan Pablo II, en su primera encíclica Redemp-

tor Hominis: “El hombre no puede vivir sin amor... su vida está

privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con

el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en

él vivamente”. (6) Por otro lado, es a éste amor al que se apela para

motivar al suicida a desistir de su intencionalidad de ponerle fin a

su vida, para preservar la de los otros, quienes pudieran imitarlo.

“La primera fuerza motivante del hombre es la lucha por en-

contrarle un sentido a su propia vida”.(5) Este sentido es único y

específico en cuanto es uno mismo y uno sólo quien tiene que en-

contrarlo, únicamente así logra alcanzar el hombre un significado

que satisfaga su propia Voluntad de Sentido.

Según encuestas realizadas en Francia, un 80% de la población

reconoció que el hombre necesita “algo” por qué vivir. Y un 60%

admitió que había algo, o alguien, por cuya causa estaba dispuesto

también a morir. Si estos llegaran a dar su vida por ese algo o al-

guien; nos encontraríamos frente a “suicidio nómico” del que ha-

bla Estruch, el del héroe, el del soldado en la batalla, el del mártir.

Y no se lo llama suicidio, precisamente por ser nómico. "Lo que

habitualmente llamamos suicidio es o bien una negación de estos

nomos, de este orden colectivo y por ello es culpabilizado; o bien

es quizás la respuesta ante el terror de la ausencia y carencia de

nomos (anomia)".(7)

“No hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir,

aún en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida

tiene un sentido.”(5) Como tiene un sentido su vida pueden so-

portar cualquier contratiempo, cualquier sufrimiento; cosa que no

ocurre en el suicida que frente a la adversidad y al no tener un

sentido su vida, porque la perdió al perder el único valor del cual

dependía su existencia, su único sentido está en la muerte. Es en

éste momento, cuando por sí mismo no le encuentre sentido a su

vida, se le tendrá que presentar otro sentido que consiste en vivir

para que otro no lo imite, no sin antes ofrecerle apoyo para poder

afrontar y sanar aquellas cosas que lo llevaron a ésta situación.

Acá no se le propone, en lugar de morir (acto definitivo) por amor

al projimo, vivir sufriendo eternamente por el prójimo; sino sólo

el tiempo necesario para poder sanar, y dejar de sentir que su vida

es un sacrificio; y si lo es, tendrá que encontrar un sentido para sí

mismo que le permita sobrellevarlo (nunca ofrecerle un sentido

que podría servir para nosotros).

El hombre tiende genuinamente a descubrir un sentido en su

vida a llenarlo de contenido. Si no encuentra este sentido, cae en

un sentimiento de vacío, vacío existencial; que puede conducirlo

al suicidio, a pesar de tener todas las necesidades satisfechas a

nivel físico, psíquico, social. Porque el hombre necesita encontrar

un “para qué”, o “para quién” vivir. "El suicida perdió la voluntad

de vivir, perdió entonces la voluntad de buscarle un sentido a su

vida".(5) El hombre no se suicida mientras persista la voluntad de

seguir buscando un sentido a su vida. Y como dice Nietzsche:

“cuando se tiene un “para qué” se puede soportar casi cualquier

“cómo”."

El equipo de Salud Mental deberá ayudarlo en ésta búsqueda

de sentido, pero al mismo tiempo comprometerse a emprender

la tarea de sanar y modificar aquello que lo ha debilitado y lo ha

puesto en esa situación de crisis.

Cabe aclarar que, mientras persista una mínima esperanza

de cambio, el hombre se aferrará a su existencia por más terrible

que sean las condiciones de vida. Sería la desesperanza la condi-

ción más frecuente, que diferencia a las personas que comparten

procesos de riesgo y debilitantes que terminan suicidándose, de

aquellos que no lo concretan.



“La representación más exacta, más precisa

del alma humana, es el laberinto.

En ella todo es posible”.

J. Samargo, 2008


                                                        Mitos sobre el suicidio


En torno al Suicidio se realizan afirmaciones, sin contenido

científico, no basados en evidencias de la realidad, sino en hechos

aislados que suelen impactar más en la sociedad porque nos hacen

sentir impotentes, sin recursos, aplastados por la realidad irrever-

sible y quedan entonces como afirmaciones generalizadas. Estos

mitos, entorpecen la prevención porque nos limitan la mirada so-

bre lo que debemos estar alertas o no, sobre lo que conviene ha-

cer o evitar. Naturalizamos, minimizamos y aceptamos algo que

puede no ser así.

Pérez Barrero, médico suicidiólogo de Cuba, país con alta tasa

de suicidio, logró bajarlo significativamente durante un tiempo,

pero lo primero que tuvo que hacer es desmitificar; ya que “Los

mitos sobre el suicidio son criterios equivocados que entorpecen

la prevención de dicha conducta, por lo que se hace necesario di-

fundirlos para que sean erradicados y se faciliten las acciones pre-

ventivas”.(1)“Por lo cual, para poder hacer Prevención del Suicidio

hay que desterrar los mitos muy instalados, algunos de ellos, hasta

en los mismos profesionales”.(2)

Todos, incluso los profesionales, estamos atravesados por mitos,

creencias que no están demostrados científicamente, que proba-

blemente hemos tenido motivos para convencernos de que es así,

por una serie de coincidencias; pero a la luz de la investigación

empírica y estadística terminan siendo sólo ficción. Analizarlos

uno por uno, servirá no sólo para nuestra propia práctica, sino para

poder difundirlo a otros y desmitificar. Algunos defienden muy

calurosamente dichos mitos, y es necesario tener argumentación

sólida, basada en la experiencia de innumerables casos. No me

detendré en datos estadísticos, porque en la realidad, basta saber

que está comprobado científicamente que no es verdad (en otros

casos, las estadísticas pueden ser indicadores importantes), porque

al momento de atender un paciente no podemos correr el riesgo

de equivocarnos y subestimar cualquier señal de advertencia, más

vale estar ALERTAS, para hacer PREVENCIÓN.

Los mitos entorpecen la prevención, porque nos hacen

desacreditar señales, subestimar indicadores de riesgo y, por ende,

no actuamos en consecuencia, con la urgencia que la situación

requiere. Son “mitos con respecto al suicidio, a los suicidas y a

quienes lo intentan”.(1)

Pero el mito que más perjudica, porque directamente nos hace

bajar los brazos, dejamos de dedicarnos a la problemática, por con-

siderarlo innecesario, inútil, improductivo e ineficaz, es el MITO

que dice que el suicidio: “NO SE PUEDE PREVENIR”

En REALIDAD: “ES POSIBLE PREVENIR”, porque hay

indicios que permiten prever el posible acto”(1) y es por ello que

existen Programas de Prevención Nacionales y Provinciales y la

OMS plantea la necesidad de trabajar está temática y lo desarrolla

ampliamente, incluyendo también a los Comunicadores Sociales,

en la tarea de ser Aliados de la Prevención, al Médico Generalista,

ya que a ellos suelen acudir las personas en crisis, antes que a un

profesional de la Salud Mental. Frente a todas esas evidencias de

organismos, profesionales, estados, que trabajan esta problemáti-

ca y a pesar de lo difícil de la tarea, es que no podemos dejar de

lado nuestra responsabilidad, en nuestras diferentes funciones, de

interiorizarnos sobre lo que tenemos que saber para aportar CO-

                   MUNITARIAMENTE a la prevención del suicidio.    

                                                    ***


Un MITO, que incluso algunos profesionales lo sostienen:

                    “EL SUICIDIO NO PUEDE SER PREVENIDO, PUES OCURRE

POR IMPULSO”

Este es un “criterio equivocado que limita las acciones preven-

tivas, ya que si sucede de esta manera es imposible pronosticarlo y,

por lo tanto, prevenirlo. Invita a la inercia terapéutica”.(1)

En REALIDAD: EXISTEN INDICADORES PREVIOS,

está comprobado científicamente que “antes de intentar suicidar-

se, toda persona evidencia varios síntomas que son definidos como

SÍNDROME PRESUICIDIAL, consistentes en: constricción

de los sentimientos y el intelecto (que le impiden una visión glo-

bal de su situación), inhibición de la agresividad (la cual ya no es

dirigida hacia otras personas y se reserva para sí) y existencia de

fantasías suicidas, todo lo cual se puede detectar a su debido tiem-

po, a fin de evitar que esta persona lleve a cabo sus propósitos”.(2)


                                            ***


Otro MITO relacionado con éste, es:“NO SE LO PUEDE

EVITAR”(2)

Lamentablemente hubo y habrá muchos casos que no podemos

evitar y esto habrá que tenerlo muy claro, para no echarnos culpas

innecesarias; pero muchos de estos casos, son debido a nuestra

ignorancia del tema que nos hace realizar pobres intervenciones;

ya que no sirve solamente quitarle los objetos con los cuales pueda

dañarse o internarlos en alguna institución, ni suministrándole

solamente medicación, justamente son un conjunto de acciones,

los que deben realizarse al mismo tiempo.

“La REALIDAD es que SE PUEDE EVITAR EL SUI-

CIDIO «conociendo los factores de riesgo, se puede efectuar

intervenciones terapéuticas centradas en la Emergencia, además

se puede realizar PREVENCIÓN PRIMARIA, sobre aquellos

factores de riesgo y PROMOCIÓN INTEGRAL DE LA SA-

LUD MENTAL, fortaleciendo los factores protectores”.(2) Hay

mucho para hacer...

Lo que complica el fenómeno es que, además de ser complejo,

por involucrar aspectos psicológicos, sociales, espirituales y bioló-

gicos; hay aspectos que son difíciles de prever y requieren abordar-

lo con un equipo interdisciplinario bien coordinado y protocolos

claros, pero flexibles, de intervención y seguimiento de casos.

        Respecto de este mito, se basa en aquellos casos como mi única pa-

ciente, Ester, que terminó realizando un suicidio consumado, quien se

arroja al río y ante la llamada de auxilio de un observador, inmediata-

mente acuden los Prefectos al rescate en el agua. Cuando voy a visitarla

a la guardia del Hospital, no pude hablar con ella, estaban intentando

revertir el cuadro de contaminación, tras tragar cantidad de agua de

manera enérgica, forzando el ahogo, alejándose de los que iban en su

auxilio. Uno de los Prefectos involucrados en el rescate, quedó conster-

nado y relata el momento vivido, como algo inusual, ya que tras haber

hecho numerosos rescates anteriormente, fue la primera experiencia en

la que, no sólo fue muy difícil realizarlo, sino que veía en la joven el

intento desesperado, no de ser rescatada, como por instinto suelen hacer

todos los suicidas; sino por el contrario, oponiéndose con todas sus fuer-

zas al accionar de los socorristas. Tal es así que por esta razón y la can-

tidad de líquido contaminado que ha llegado a sus pulmones, colapsó

su sistema y termina falleciendo, a pesar de haberla rescatado con vida.

En este caso se observa la fallas del sistema de salud, en torno a una pa-

ciente con trastorno mental grave, quien convenció a la madre de dejar

la medicación, quedando sin seguimiento y control, al no asistir un par

de semanas a las sesiones que venía teniendo de manera muy irregular.

                                           ***

Un MITO que circula incluso entre los profesionales de Salud

Mental: “NO HAY QUE HABLAR SOBRE EL TEMA, PARA

NO DARLE IDEAS” o “AL HABLAR SOBRE EL SUICIDIO

CON UNA PERSONA EN ESTE RIESGO, SE LE PUEDE IN-

CITAR A QUE LO REALICE”.(1)

Es muy importante aclarar que “este es un criterio equivocado

que infunde temor para abordar la temática del suicidio en quie-

nes están en riesgo de cometerlo”.(1) La REALIDAD nos dice

que: “ Poder hablar del tema, INTERPONER LA PALABRA

A LA  ACCIÓN, hablar sobre los motivos, buscando soluciones

así como encontrar el sentido a la vida”, lejos de provocar, previe-

ne el acto suicida, al sentirse comprendido y aliviado”...(3) Está

demostrado científicamente “que hablar sobre el suicidio con una

persona en tal riesgo, en vez de incitar, provocar o introducir en

su cabeza esa idea, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la

única posibilidad que se ofrezca al sujeto para el análisis de sus

propósitos autodestructivos”(2) sacarlos de su idea fija.

Ante un Suicidio, como todo fenómeno subjetivo, se hace im-

prescindible sacar nuestras dudas, apelando justamente al propio

sujeto, que nos diga (en un contexto de respeto, sin juzgarlo, ni

subestimarlo, mucho menos, desafiarlo) si tuvo en algún momen-

to pensamientos de terminar con su vida. Las personas con ideas

suicidas se suelen sentir angustiadas, preocupadas por tener esas

ideas, se sienten “locas” y avergonzadas para confiar esos pensa-

mientos a los demás, por eso es importante tener presente el len-

guaje gestual, lo paralingüístico, al momento de hacer la pregunta,

para saber si está hablando con sinceridad u ocultando informa-

ción por vergüenza o temor de que desbaratemos su “proyecto” de

quitarse la vida, que es visto por la persona como una “salida”.

Además, si la persona no ha tenido, ni tendría esos pensamien-

tos autodestructivos, nos lo hará saber con sus palabras, gestos, el

rechazo a tal idea; y esto nos dará más tranquilidad para trami-

tar la ayuda profesional que la persona reclama, aún cuando no

lo pueda hacer expresamente. Cabe aclarar que esto sólo se se le

pregunta de la manera expresada anteriormente, con empatía y

respeto. Sino, se puede sentir atacado, prejuzgado y no decir que

lo está pensando.

“El hablar alivia, lo saca del aislamiento y le permite hablar de

cosas que en esos momentos le están molestando. Hablar es en

sí mismo un remedio y actúa como freno a la tendencia impulsi-

va.”(4) Frente a toda sospecha de que el sujeto está atravesando una

crisis de tipo suicida, no podemos adivinar, tenemos que averiguar

y para ello hay que preguntar directamente, ya que sabemos que,

según su respuesta, tendremos que actuar en consecuencia. Prestar

atención a la mirada, gestos, el lenguaje corporal, es muy impor-

tante, para estar seguros. Si desvía la mirada, al negar su intención,

puede estar mintiendo.

                                           ***

 

“Un MITO que se escucha es: “SI INTENTO SUICIDARSE

Y FRACASO, ES QUE NO QUERÍA HACERLO”.

“En REALIDAD... NO SE DEBE SUBESTIMAR NIN-

GÚN INTENTO, porque el riesgo de suicidio es más alto si

hubo intentos fallidos previos”.(2) Y justamente es donde podemos

hacer urgentemente una intervención terapéutica para ese sufri-

miento anímico que lo puede hacer volver a intentarlo y quizás

consumarlo. Es importante, también por ésta razón, el preguntar

cuántas veces intentó quitarse la vida previamente. Si tiene his-

toria clínica, verificar otras internaciones o intervenciones. Todo

esto es importante, para poder trabajarlo terapéuticamente y para

considerar que cuantos más intentos previos hubo, más en riesgo

se encuentra la persona. Sobre todo si estos intentos fueron rea-

lizados con diferentes métodos, ya que eso puede deberse a una

búsqueda de encontrar la manera de concretarlo.

RECORDAR que... en todo intento suicida, hay AMBI-

VALENCIA, la persona generalmente lo que quiere es VIVIR,

pero no de esa manera; puede guardar un mínimo de esperanza de

poder lograr algún cambio a partir de ese acto desesperado o pue-

de creer que con eso terminará su vida, pero inconscientemente

realiza el acto de manera que no pueda concretarlo.

                                             ***


Sobre AMENAZAS Y ADVERTENCIAS DE SUICIDIO,

también se observan muchos MITOS, que obstaculizan hacer

prevención: “LAS PERSONAS QUE HABLAN DE SUICIDIO,

NO LO HACEN”...

“Criterio equivocado, ya que conduce a minimizar las amenazas

suicidas, que pueden considerarse erróneamente como chantajes,

manipulaciones, alardes, etc.”.(5)

En REALIDAD: “LA MAYORÍA DE LOS SUICIDAS

HAN ADVERTIDO SOBRE SUS INTENCIONES”.(2) “Al-

guien que piensa y habla del suicidio, necesita ayuda. De diez

personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente sus

propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con

su vida”.(4)

Cabe aclarar que no todas las advertencias son tan evidentes, y

a veces es sólo una vez consumado o intentado el acto, cuando el

familiar o allegado se da cuenta, como “autopsia psicológica”, que

fue advertido y “no le hizo caso”. Esto suele generar un gran sen-

timiento de culpa por no haberse dado cuenta a tiempo de lo que

iba a pasar, habiendo tenido indicios. Este sentimiento de culpa

deberá elaborarse en función de admitir que nadie nace sabiendo,

que es difícil y angustiante percibir estas ideaciones en nuestros

seres queridos, a veces al punto de desarrollar estrategias para de-

fenderse de esos pensamientos, minimizando, racionalizando, etc.

con nuestros mecanismos de defensa, totalmente inconscientes,

de los cuales no deberemos portar la culpa. Habrá que estar más

esclarecidos como sociedad, qué indicios deberemos considerar,

para prevenir el suicidio de un familiar o amigo, sabiendo que no

estamos sólos para ello, contar con equipos de salud mental, que

nos ayuden a contener a la persona en crisis.

Habrá que considerar como “Aviso de planes de intentos de

suicidarse, incluidos los siguientes comportamientos”:(2)

-Verbalizar: “Quiero matarme”, o “Voy a suicidarme”.

-Dar señales verbales como: “No seré un problema por

mucho tiempo más”

Con esto último, el entorno puede ver un indicador positi-

vo, creyendo que en realidad ha podido encontrar una solución al

problema que le preocupaba y por el cual venía a pedir ayuda y en

realidad, está tranquila porque ya tomó la decisión de terminar

con su vida, que visualiza como una “solución”, no sólo para ella

misma, sino para los demás. Otro ejemplo: “Si me pasa algo quiero

que sepan que... “ o “Ya tendrán noticias mías en el periódico” y otras

variantes, generalmente después de un período de gran agitación

emocional, con la tranquilidad del que tiene un plan armado y

decidido. En estos casos, habrá que indagar los motivos de esas

aseveraciones y no dar por sentado nada.

Recuerdo a la salida de una actividad de capacitación de prevención

del suicidio, una de las asistentes refiere que una amiga no había asis-

tido al mismo, porque ocurrió una tragedia en su familia: su ex yerno,

un hombre joven, tras intentar comunicarse infructuosamente con la ex

mujer, se comunica con la ex suegra el día anterior y lo único que ma-

nifiesta es “Ya me van a ver en las noticias”, con gran desconcierto, pero

sin entender a que se podía referir, recién entiende su mensaje cuando

a la mañana siguiente, en el periódico local, sale en las noticias que ese

hombre se había colgado en un árbol en un campo cercano... y otra vez

vemos a los medios de comunicación, mencionando el método, lo cual no

debería hacerse.

Otras formas de demostrar indirectamente sus intenciones

de quitarse la vida puede ser:

- Regalar sus objetos favoritos; tirar sus pertenencias impor-

tantes.

En otra Jornada de Capacitación, uno de los asistentes refiere un

caso que conmovió a la comunidad: una señora ya muy mayor, que

coleccionaba obras de arte, era conocida por su reticencia a regalar esas

obras a sus familiares, los tenía como un “tesoro”: Por ello generó gran

sorpresa y lo consideraron como algo muy positivo, el hecho de obse-

quiar cada uno de ellos a sus diferentes familiares y amigos. Al poco

tiempo, la señora se ahorca en el patio de su casa... En el desconcierto,

el ferretero del barrio refiere que el día anterior, la señora había ido a

comprar una soga larga y él le bromeaba respecto a cambiar la soga para

colgar la ropa, que ya era muy mayor para estar haciendo esas tareas.

Es luego de esta noticia trágica cuando puede visualizar este proceso,

la planificación previa, sin percibir ningún otro cambio en su ánimo

y la subestimación que dichos indicadores tenían para el entorno, no

haciéndole la pregunta, ¿para qué lo quiere? ¿por qué se está despren-

diendo de sus cosas?, quizás en la palabra algo hubiese podido “colarse”,

pudiendo actuar en consecuencia. También aparece el prejuicio, de que

las personas muy mayores, ya no se suicidan, porque ya les falta poco

para morirse, por qué no “aguantar” un poco más... Esto denota la

dificultad de ponernos en el lugar del otro que está “cansado” de vivir y

no poder encontrar un “para qué” continuar.

También puede ser que:

- Se ponga alegre repentinamente, luego de un período de

depresión.

Ésta mejoría es percibida por el entorno, con alivio, hasta relaja-

dos, creyendo que algo positivo le hizo cambiar su estado anímico,

sin ahondar en sus causas. Y cuando ocurre el suicidio, genera un

gran desconcierto entre los familiares, quienes no pueden enten-

der cómo de un día para otro, habiéndose reído y disfrutado el día

anterior, termina quitándose la vida. Son éstas las circunstancias

en que hace que se crea que es imposible prever el suicidio, pero

lo cierto que este proceso es previsible, es parte del proceso en el

que al determinar la forma, el día, la hora; habiendo ya superado

la ambivalencia respecto de esta decisión, encuentra que puede

relajarse y hasta disfrutar del momento, porque no le pesará más

esa carga, que suele ser de larga data y que supone poder dejar en

pocas horas más. A veces, éste aparente bienestar es una "despedi-

da" a sus problemas.

- Puede expresar pensamientos extraños, de manera críptica,

o poética, esperando que alguien pueda reconocer en esas

expresiones una llamada de alerta y hasta con el propósito de que

esto no pase. Otra vez, aparece la ambivalencia y según lo directo

o indirecto que resulte la expresión, se observa la capacidad o

no de pedir ayuda. Últimamente se observan estas expresiones a

través de las redes sociales, o “estados”, que no siempre pueden ser

percibidas por el entorno.

Un paciente joven, Carlos, con reiterados ataques de pánico, comien-

za a idear el quitarse la vida, para no vivir más con esa carga de no

saber en qué momento le sorprende estos síntomas tan incapacitantes,

para él: taquicardia, sudoración y calambres intensos; tras lo que decide

mandar un mensaje en su muro, que dice así: “No estoy listo para irme,

pero tampoco para quedarme”... al cual uno sólo de sus amigos le res-

ponde “¿Todo bien?”... Lo importante fue que “alguien” respondió...

quizás los otros interpretaron algo que tiene que ver con irse de la casa,

o alguna otra decisión, el más empático del grupo, reaccionó y preguntó

¡ a tiempo!. Y esto pudo hacerle de freno a su intento de ese momento.

Por un tiempo las ideaciones continuaron, como sus síntomas que lo lle-

varon a reiteradas consultas de guardias médicas, hasta que lo derivan

a un psicólogo y logramos en pocas entrevistas descubrir el origen de sus

ataques de pánico, para sanarlo; no sin antes haber descartado la idea

del suicidio como solución.

- Escribir una o varias notas de suicidio.

LAS AMENAZAS DE SUICIDIO SIGNIFICAN DESES-

PERACIÓN Y UN PEDIDO DE AUXILIO. Siempre se deben

tener en cuenta muy seriamente, los sentimientos, pensamientos,

comportamientos o planes de suicidio .

El niño o adolescente que expresa ideas de suicidio, ¡¡DEBE-

RÁ SER EVALUADO INMEDIATAMENTE!! Aún cuando

las amenazas suenen a “extorsión”, no hay que subestimarlos, ni

desafiarlos ¡¡NUNCA!! Quizás se sientan con poco control de la

situación, la “extorsión”, es una forma de intentar controlar algo y

si lo desafían puede terminar con un acto que represente un do-

minio de algo, aunque sólo sea de su propia muerte.

Es difícil evaluar la diferencia entre ideación suicida “simple”

y los planes manipulatorios. Si realmente se trata de un amenaza

como forma de extorsión o manipulación del otro, es importante,

de cualquier manera, buscar ayuda profesional, tanto para poder

entender esto y poder “despegarse” del mismo, como para acercar-

lo a la persona que realiza tal amenaza, para buscar contenerlo y

hacerle ver de lo inadecuado de su forma de lograr sus objetivo y

de que nadie debe simplemente complacerlo, para evitar su muer-

te, que sólo él es responsable de lo que haga con su vida. Así mis-

mo hay que preparar a la persona que se siente extorsionada que

de haber un intento o un acto consumado, no es responsable de

ello, no deberá más que ayudarlo, orientarlo a que busque ayuda,

no dejarlo sin atención psicológica y psiquiátrica; pero no res-

ponder a la demanda, ya que sentará las bases de un aprendizaje

de supervivencia, de manera que volverá a realizar un intento en

otras circunstancias para lograr sus objetivos. También puede tra-

tarse de una personalidad manipuladora, pero nadie está obligado

a realizar algo contra su voluntad.

                                               ***

Otro MITO relacionado con el anterior: “EL QUE SE QUIE-

RE MATAR NO LO DICE”(1), o “LAS PERSONAS QUE HA-

BLAN DE SUCIDIO RARA VEZ SE SUICIDAN”(4)

“Criterio equivocado, pues conduce a no prestar atención a

las personas que manifiestan sus ideas suicidas o amenazan con

suicidarse.”(1) Pero en REALIDAD: “Si bien puede no expresar-

lo de manera verbal, y explícita, hay gestos que luego, durante la

autopsia psicológica, pueden tener una interpretación muy clara”.

Según estudios científicos, “de cada diez personas que se suicidan,

nueve de ellas manifestaron claramente sus propósitos y la otra

dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida”.(1)

                                                     ***


Otro MITO: “LOS SUICIDAS SÓLO DESEAN MORIR Y

NADIE PUEDE SACARLOS DE ESA IDEA”(4) o ES LA PUL-

SIÓN DE MUERTE

“Criterio equivocado que pretende justificar la muerte por sui-

cidio de quienes lo cometen y por lo tanto, tarde o temprano lo

llevará a cabo”,(1) ya que nadie hará algo para evitarlo. En REA-

LIDAD: “Los suicidas tienen sentimientos ambivalentes, entre la

Vida y la Muerte”(5) desean morir, si sus vidas continúa de la mis-

ma manera y desean vivir, si se produjeran pequeños cambios en

ellas. Si se diagnostica oportunamente esta ambivalencia, se puede

inclinar la balanza hacia la Vida.

Además, “es necesario sacarlos de la visión en túnel”(4) ésta es

la visión constrictiva, en la que el Sujeto ve en la Muerte la única

salida, y no puede visualizar otras opciones. Es importante hacerle

ver que ya no está solo para buscar otras soluciones a su problema

y que estamos para ayudarlo.

                                       ***


Otro MITO relacionado con los anteriores: “UNA PERSONA

QUE SE VA A SUICIDAR NO EMITE SEÑALES DE LO QUE

VA A HACER”.

Se trata de un “criterio equivocado que pretende desconocer

las manifestaciones prodrómicas del suicidio. La REALIDAD

basada en “criterio científico: Todo el que se suicida expresó con

palabras, amenazas, cambios de conducta, lo que ocurriría. Y jus-

tamente éstas son las que nos permitirán detectar el riesgo y rea-

lizar prevención.

                                         ***

Un MITO que preocupa a los propios suicidas y a sus fami-

liares:

“UN INTENTO SUICIDA IMPLICA QUE ESA PERSONA

SIEMPRE TENDRÁ CONDUCTAS SUICIDAS”(4) o “TODO

EL QUE INTENTA EL SUICIDIO ESTARÁ EN PELIGRO

TODA LA VIDA".(1)

Estos son criterios equivocados que hará que se produzca en

algunos casos, una sobreprotección hacia el individuo y el estigma

o rechazo por temor a que se repita. Pero en REALIDAD: “Al-

gunos intentos tienen que ver con períodos altamente estresantes,

que al elaborar los conflictos de manera adecuada, salen fortaleci-

dos y NO VUELVEN A REPETIRSE”.(5)

Según el “criterio científico: entre el 1% y el 2% de los que

intentan suicidarse lo logran durante el primer año después del

intento y entre el 10% y el 20% lo consumarán en el resto de sus

vidas”(1) Pero como no sabemos, qué individuo logra superar la

crisis fortalecido, de manera de no volverlo a repetir; y aunque el

porcentaje de repeticiones sea bajo, es una oportunidad para reali-

zar una intervención psicológica adecuada, para garantizar que no

vuelva a considerar la muerte como una opción, además mejorar

la salud mental de la persona que está sufriendo.

                                    ***

 

Otro MITO que puede ser PELIGROSO: “SI LA PERSO-

NA MEJORA INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE UNA CRI-

SIS SUICIDA, SIGNIFICA QUE SALIÓ DEL RIESGO.”

En REALIDAD “la mejoría súbita en el medio de una de-

presión severa o una crisis suicida indica, por lo general, que la

persona ha tomado su decisión y ya sabe cuándo, cómo y dónde va

a quitarse la vida”. (5) Esa decisión tomada, lo tranquiliza, porque

le permite visualizar que pronto saldrá de esa situación.

                                                     ***

 

Otro MITO también relacionado: “CUANDO EL DEPRE-

SIVO VA RECUPERANDO SU ENERGÍA, PORQUE TOMA

MEDICACIÓN PARA ELLO, NO CORRE MÁS PELIGRO” o

“EL SUJETO QUE SE REPONE DE UNA CRISIS SUICIDA,

NO CORRE PELIGRO ALGUNO DE RECAER”.

Son criterios equivocados “que conduce a disminuir las medidas

de observación estricta del sujeto y la evolución sistematizada del

riesgo de suicidio”,(1) lo cual ubica al sujeto en un riesgo extremo.

En REALIDAD es que por el CONTRARIO del mito, es el

momento de mayor riesgo, porque ya tiene la energía necesaria;

pero continúan los motivos de tal ideación depresiva y esto le per-

mite realizar el acto suicida, que requiere de cierto monto de ener-

gía que a veces, el que está muy deprimido, ni puede levantarse de

la cama. Por lo que, cuando va recuperando esa energía y continúa

con la idea del suicidio como solución, es cuando mayor riesgo

existe. Según el criterio científico: “casi la mitad de los que atrave-

saron por una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron

a cabo después de los tres primeros meses tras la crisis emocio-

nal, cuando todos creían que el peligro había pasado. Ocurre que

cuando la persona mejora, sus movimientos se hacen más ágiles,

está en condiciones de llevar a vías de hecho las ideas suicidas que

aún persisten y antes, debido a la inactividad e incapacidad de

movimientos ágiles, no podía hacerlo”.(1)

También puede ocurrir que luego de un intento la familia

efectúa algunos cambios, le prestan más atención, ofreciéndole

cariño, ante la sensación de la posible pérdida; luego, todo vuelve

a la “normalidad”, sin producirse los cambios necesarios, ni iniciar

tratamiento psicológico para tratar su salud mental, con lo cual

vuelve a intentarlo y quizás con mayor letalidad. Por ello es muy

importante, mientras se espera el efecto positivo de la medicación,

descartar la idea del suicidio como solución.

Varios prospectos de psicofármacos, advierten que en algunas

ocasiones puede tener pensamientos en los que se haga daño o se

mate a sí mismo, justamente porque las estadísticas confirman la

correlación entre suicidio e ingesta de ciertos antidepresivos y esto

se debe a la recuperación de la actividad y la voluntad; antes que

la resolución de las emociones y vivencias depresivas, con lo cual

podrá llevar a cabo con más energía aquel intento frustrado o su

ideación.

                                       ***


Un MITO, que también suele estar muy generalizado y mal in-

terpretado:“LAS PERSONAS CON CONDUCTAS AUTODES-

TRUCTIVAS LO HACEN PARA LLAMAR LA ATENCIÓN”. o

“LOS QUE INTENTAN SUICIDARSE NO DESEAN MORIR,

SOLO HACEN ALARDE.”(1)

“Criterio equivocado, porque condiciona una actitud de recha-

zo a quienes intentan contra su vida, lo que entorpece la ayuda que

estos individuos necesitan”.(1) Y en REALIDAD: “El llamado de

atención es un pedido de ayuda, que en caso de no ser atendido

puede terminar llevándolo a cabo”.(4) Según el “Criterio científi-

co: aunque no todos los que intentan el suicidio desean morir, es

un error tildarlos de alardosos, pues son personas a las cuales les

han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuen-

tran alternativas, excepto el intentar contra su vida”.(1) Además,

recordemos que todas estas crisis presentan una gran ambivalen-

cia entre querer morir y querer vivir. Si alguien tiene que llamar

la atención de esa manera, es que realmente la necesita; pero NO

respondiendo a la demanda concreta, sino antes que nada descar-

tar el intento como forma de llamar la atención, porque puede

incluso haber hecho un mal cálculo; además, hay que hablar de las

consecuencias que a nivel familiar y social, quedan por el hecho

de hacer esa conducta, por ejemplo el temor de dejarlo solo, etc...

Es importante que no quede el aprendizaje de que esa conducta le

permitió lograr su objetivo, como método de supervivencia.

Además, subestimarlo también sería un error, porque la perso-

na puede sentir que realmente a nadie le importa si continúa vivo

y puede considerar el suicidio seriamente y consumarlo.

                                  ***

 

MITO:“TODO EL QUE SE SUICIDA ESTA DEPRESIVO”,

o “HAY QUE ESTAR DEPRESIVO PARA SUICIDARSE”

Es un “criterio equivocado que tiende a hacer sinónimo el sui-

cidio y la depresión, lo cual no se ajusta a los estrictos hallazgos”.(1)

La REALIDAD es que hay personas que transitan otros padeci-

mientos mentales que los llevan también a atentar contra su vida.

Según el “criterio científico: aunque toda persona deprimida tiene

alto riesgo de cometer suicidio o realizar un suicidio, no todos

los que lo hacen presentan este desajuste. Pueden padecer esqui-

zofrenias, alcoholismo, trastornos del carácter, etc.”(1) o no tener

ningún trastorno mental, sino una crisis en una personalidad con

otros procesos debilitantes.

                                        ***


Otro MITO relacionado con éste: “TODO DEPRESIVO

PIENSA EN SUICIDARSE”

Si bien es cierto que las estadísticas muestran un importante

porcentaje de pacientes con trastornos del humor o que presentan

comorbilidad con este trastorno incluido, no debemos concluir

que efectivamente piensa en suicidarse, sino que hay que hablarlo

abiertamente y poder descartarlo o no. La REALIDAD es que

muchos depresivos, aunque no tienen voluntad de seguir viviendo

(y hasta pueden tener conductas de suicidio pasivo por ejemplo

con la falta de autocuidado), pero NO SE MATARÍAN. Habrá

que descartar el suicidio como solución, por si cambia de parecer

o se profundiza su depresión y entre en un proceso de crisis de

tipo suicida.

                                          ***


MITO: “TODO EL QUE SE SUICIDA ES UN ENFERMO

MENTAL”

Este es un “criterio equivocado que intenta hacer sinónimo el

suicidio y la enfermedad mental.” (1) Esta estigmatización hace

que muchos omitan hablar de us ideaciones, porque creen que los

considerarán “locos”. La REALIDAD es que científicamente está

comprobado que “los enfermos mentales se suicidan con mayor

frecuencia que la población en general, pero no necesariamente

hay que padecer un trastorno mental para hacerlo. No caben du-

das de que todo suicida es una persona que sufre. “Por lo cual, es

importante realizar un diagnóstico y ofrecer el tratamiento o la

contención necesaria, no sólo para prevenir el suicidio, sino para

mitigar su sufrimiento”.(3)

                                        ***

 

El siguiente MITO, suele ser una preocupación de familiares

consanguíneos de un suicida, por temor a ser ellos mismos los

próximos suicidas: “EL SUICIDIO SE HEREDA”

Además este “criterio equivocado... tiende al nihilismo te-

rapéutico, pues se cree erróneamente que lo que está determinado

por la herencia es imposible modificarlo”.(5) La REALIDAD es

que científicamente, no está demostrado que el suicidio se herede,

aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma fa-

milia que hayan terminado sus vidas por suicidio. En estos casos,

lo heredado es la predisposición a padecer determinada enferme-

dad mental en la cual el suicidio es un síntoma, por ejemplo, los

trastornos afectivos y las esquizofrenias. Además, se han obser-

vado suicidios dentro de una misma familia, de miembros que no

guardan lazos sanguíneos, por lo cual se desprende que en estos

casos, es más el proceso de “imitación”, del “modelo de resolución

de conflicto” y de la identificación con el suicida, como de otros

atributos que pueden ser objeto de identificación entre miembros

de una misma familia y no otros aspectos, que no puedan ser pre-

venibles con tratamiento adecuado.

Cabe aclarar que es fundamental en las familias con un caso de

suicidio, la atención psicológica del duelo complicado, que es un

duelo en dos tiempos, primero procesar la forma de morir: el sui-

cidio y luego elaborar su muerte. Estos duelos suelen cursarse con

dificultad; con trastornos psicosomáticos, del humor, etc. Por lo

cual, se convierte en un factor de riesgo importante. Además, los

efectos de identificación y contagio psicológico, descubiertos en la

estadística de familias que presenta varios miembros a lo largo de

generaciones que se hayan suicidado, es otro de los motivos para

persuadir al que está transitando su crisis, evitar que otro lo imite.

Suele ser un gran motivador y estrategia de prevención.

Si un paciente refiere tener entre sus antecedentes familiares,

trastornos mentales, es importante considerarlo esto como factor

de riesgo, aunque dicha familiar no haya efectuado ningún inten-

to suicida. Visto que en las estadísticas, entre el 80 y el 90% de los

suicidios consumados son de personas que serían diagnosticados

con un trastorno mental o comorbilidad; quizás sin diagnosticar o

sin un tratamiento o seguimiento adecuado.

                                             ***

 

Un MITO que está relacionado con los anteriores y muy exten-

dido, que es muy importante desterrar para poder hacer Preven-

ción, es que: “LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO ES TAREA

DE LOS PSIQUIATRAS Y PSICÓLOGOS” o “SÓLO LOS PSI-

QUIATRAS PUEDEN PREVENIR EL SUICIDIO”.

Es criterio equivocado que pretende constituir la prevención

del suicidio en un feudo de los psiquiatras, quienes evidentemente

tienen un rol muy importante en el tratamiento de los trastornos

mentales, por la alta tasa de incidencia que tienen en la conducta

suicida; pero solos no podrán hacerlo, sin la participación de otros

actores, para que el sujeto llegue a su consulta y con un buen tra-

tamiento psicológico, a veces no será necesario medicación, pero

esto tendrá que evaluarlo el Psiquiatra.

Según el “criterio científico: es cierto que los psiquiatras son

profesionales experimentados en la detección del riesgo de sui-

cidio y su manejo, pero no son los únicos que pueden prevenirlo.

Cualquiera interesado en auxiliar, puede ser un valioso colabora-

dor en su prevención”.(1) En REALIDAD: TODOS pueden co-

laborar en la prevención y hacer los primeros auxilios psicológicos,

pero HAY QUE SABER CÓMO HACERLO, lo iremos descu-

briendo y profundizando a lo largo de los capítulos.

Y, si bien la responsabilidad les cabe a los profesionales de la

Salud Mental, el médico generalista, el que está en la guardia, otros

profesionales de Salud, de Educación, de Justicia y hasta otros re-

ferentes comunitarios, pueden colaborar; pero NO BASTA CON

BUENAS INTENCIONES, hay que SABER CÓMO HA-

BLAR, QUE NO DECIR, que profundizaremos en el capítulo

de Primeros Auxilios Psicológicos.

                                                         ***


Otro MITO estigmatizante: “LOS QUE INTENTAN SUI-

CIDARSE Y LOS QUE SE SUICIDAN SON INDIVIDUOS PE-

LIGROSOS, PUES IGUAL QUE ATENTAN CONTRA SÍ MIS-

MOS, PUEDEN HACERLO CONTRA LOS DEMÁS”.

Este es un “criterio equivocado que tiende a generar temor al

enfrentamiento”(1) con estas personas. La REALIDAD es que, si

bien escuchamos en las noticias hechos terribles, como homicidios

múltiples seguidos de suicidio o femicidas que luego se suicidan;

pero estos casos no son los más frecuentes. Por el contrario, según

el criterio científico: el homicidio es un acto que generalmente no

se acompaña de suicidio en quienes lo realizan, por tratarse en la

generalidad de los casos de un acto heteroagresivo. El suicidio, en

cambio, es un acto autoagresivo, en el que los impulsos destructi-

vos del sujeto se vierte contra sí mismo. Incluso el suicidio se con-

sideró el homicidio de sí mismo. Existen ocasiones en las que el

suicida, antes de morir, mata a otros que no desean morir, como en

el llamado suicidio ampliado en depresiones con síntomas psicó-

ticos y en dramas pasionales, en los que el homicida-suicida pre-

senta un trastorno mental generalmente del espectro depresivo.

Sin embargo, una hipotesis sería que, el femicida se suicida,

cuando frente a la culpa de lo sucedido vuelca esa misma agresión

contra sí mismo; pero previamente consideró a su pareja como

prolongación de sí mismo; diferente al que daña al objeto, como

algo que posee, pero externo a él mismo. En estos casos, tratará de

tapar el hecho y no se suicidará.

Si tenemos una mirada preventiva, todos estos actos son pre-

venibles, en tanto, frente a situaciones de crisis matrimoniales, se

propicia el abordaje terapéutico para elaborar aquellas situaciones

que desencadenarían semejantes actos. También el diagnóstico y

evaluación de riesgos en personas en procesos litigiosos, sería una

estrategia adecuada para prevenir estos hechos.

                                ***


MITO:“SI SE RETA O DESAFÍA A UN SUICIDA, ÉSTE NO

LO INTENTA”.

Es un “criterio equivocado que pretende probar fuerzas con el

sujeto en crisis suicida y que desconoce el peligro que significa su

vulnerabilidad”.(1) esto es especialmente grave, cuando el sujeto

se encuentre en un lugar específico de riesgo. En REALIDAD:

retar al suicida es un acto irresponsable, pues se está frente a una

persona vulnerable, en situación de crisis, cuyos mecanismos de

adaptación han fracasado, ya que predominan precisamente los

deseos de autodestruirse”.(1) Pudiendo desencadenar lo que se

quiere evitar, siendo una última forma de control de la situación,

concretando su intento.

Por eso hay que recordar: ¡NUNCA DESAFIARLO!

                                          ***


Otros dos MITOS, opuestos entre sí, que denotan la propia

contradicción:

“EL QUE INTENTA EL SUICIDIO ES UN COBARDE”.

Es un “criterio equivocado que pretende evitar el suicidio al

equipararlo con una cualidad negativa de la personalidad”.(1) La

REALIDAD es que “los que intentan suicidarse no son cobardes,

son personas que sufren”, (1) y necesitan ayuda, ya que creen no

tener otra opción.

                                                 ***


Por otro lado, el MITO: “EL QUE SE SUICIDA ES UN VA-

LIENTE”,

También es un “criterio equivocado que pretende equiparar el

suicidio con una cualidad positiva de la personalidad, lo cual en-

torpece su prevención; pues lo justifica al hacerlo sinónimo de un

atributo imitable y que todos desean poseer, como es el valor. Pero

la REALIDAD es que los que intentan el suicidio no son valien-

tes ni cobardes, pues la valentía y la cobardía son atributos de la

personalidad que no se cuantifican o miden según la cantidad de

veces que usted se quita la vida o se la respeta”.(1) “La valentía no

tiene que ver con quitarse la vida”.(4)

                                              ***


Un MITO que impide hacer prevención en ámbitos de la es-

cuela primaria, es que: “LOS NIÑOS NO SE SUICIDAN”.

Es “criterio equivocado que intenta negar la triste realidad del

suicidio infantil.”(1) En REALIDAD es que después que un niño

adquiere el concepto de Muerte, puede cometer suicidio y de he-

cho, ellos pueden tomar decisiones de este tipo a estas edades. Y

por más duro que esto sea, es mejor afrontarlo y buscar medidas

de cuidado y fortalecer la inteligencia emocional, así como ofre-

cerse como adultos que puedan ser consultados cuando se hayan

en crisis o en situaciones que los superan y no cuentan con refe-

rentes válidos en su entorno familiar.

También es mayor riesgo, si el niño tiene alguno de los pro-

genitores que se haya suicidado, lo haya visto o no; aún sin decír-

selo expresamente, ellos simplemente “lo saben” (a veces se habla

delante de ellos sin darse cuenta). Además justamente se reco-

mienda, que si un niño sufrió la pérdida de un ser querido y sobre

todo por suicidio, pueda tener un espacio terapéutico donde poder

elaborarlo y no quedar con una proceso identificatorio letal, ni

con secuelas psicológicas, por un duelo difícil de sanar sin apoyo

psicológico. La muerte de un ser querido, puede generar el deseo

de “seguirlo” e intentar matarse, para lograrlo; aún si falleció por

enfermedad o accidente.

       Considerando éste mito, no se le dio la debida atención psicológica a

un niño de 10 años, quien un año después de la muerte por suicidio de

su madre, se ahorca con un lazo, pendiendo de su cama cucheta... Este

hecho conmocionó a la comunidad de una localidad de pocos habitantes,

tras lo cual inician capacitaciones intensivas a los docentes de escuelas

primarias y secundarias junto a otros recursos humanos y personal del

hospital zonal.

                                            ***

 

MITO: “LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN NO PUE-

DEN CONTRIBUIR A LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO”(1)

“Criterio equivocado que pretende continuar emitiendo no-

ticias sensacionalistas, con el objetivo primordial de vender, sin

tener en cuenta las consecuencias del mensaje emitido”.(1) En

REALIDAD: los medios de comunicación pueden convertirse

en un valioso aliado para la Prevención del Suicidio, si enfocan

correctamente la noticia sobre el tema y cumplen las sugerencias

de los suicidiólogos sobre cómo difundirlas, (tratados en capítulos

anteriores).

                                             ***


MITO: “SI DE VERDAD SE HUBIERA QUERIDO MA-

TAR, SE HUBIERA TIRADO DELANTE DE UN TREN”.

“Éste es un criterio equivocado que refleja la agresividad que

generan estos individuos, en aquellos que no están capacitados

para abordarlos”.(1) Lamentablemente, estos sentimientos hostiles

también se observan entre los miembros del personal de salud, ya

que se escuchan quejarse, “Habiendo tantas personas que están

luchando por vivir, y nosotros tenemos que ocuparnos de este otro,

que no quiere vivir”, en esa frase y quizás hasta en la forma de

tratarlo, se observa un rechazo; fruto de la incapacidad de com-

prender lo incomprensible. Por ello es tan importante formar a

todos los recursos humanos que se encuentran directa o indirecta-

mente en contacto con personas en crisis, ya que en un fenómeno

tan complejo, no es fácil poder ser “empático”, ponernos en su

lugar; hasta ese ejercicio mental, no es productivo, ya que como

cualquiera puede estar atravesado en algún momento por una cri-

sis aguda, no es conveniente pensar en esa “solución”; pero sí hay

que comprender desde la formación profesional, que se trata de

una persona que sufre. Así como no se necesita haber sufrido de

apendicitis, para saber que es algo doloroso y que necesita ayuda.

La REALIDAD es que “el método elegido no refleja el deseo

de morir de quien lo utiliza”(1) sino que tiene que ver con otras

características y la accesibilidad que el sujeto tiene.

Cabe aclarar, que si bien el Suicidio no es un delito, desde el

Código Penal, si lo es la instigación al suicidio; por lo que “pro-

porcionarle otro método de mayor letalidad es calificado como un

delito de auxilio al suicida (ayudarlo a que lo cometa), penalizado

en el Código Penal vigente”.(1)

                                                ***


MITO: “EL SUICIDIO ES UN ACTO DE LIBRE ALBE-

DRIO Y COMO TAL NO DEBEMOS INTERFERIR”

Esta creencia se apoya en una concepción ética, en la cual el

derecho a la libertad de decisión sobre su vida, está por encima

de todo; sin conocer la realidad del proceso suicida, en la que la

“libertad de decidir” está limitada por la constricción cognitiva,

o“Visión en Túnel”. Recordemos que lo que quieren no es dejar

de vivir, sino dejar de vivir de esa manera, sufriendo...

En REALIDAD su percepción se haya alterada, por lo cual

no existiría tal libertad para elegir, en tanto no puede ver todas las

opciones posibles.

Recuerdo el caso de una paciente joven, Guadalupe, que había

realizado un intento de suicidio, con ingesta de pastillas; luego de re-

gresar de la guardia en Salud Mental, con medicación y el cuidado de

su madre, con quien vivía (junto a su hermano con discapacidad y su

hijo). permanecía horas acostada, no queriendo comer ni levantarse.

Frente a ese cuadro y tras haber tenido en su historia vital otros in-

tentos semejantes, acude la madre a buscar a la psicóloga al Centro de

Atención Primaria. Con el relato de la madre, en la que refiere que el

detonante fue la ruptura de pareja y tras varias rupturas anteriores, se

encontraba en un estado depresivo grave; medicada, no parecía tener

el más mínimo intento de sobreponerse tras el alta hospitalario, seguía

en cama, sin hablar. Como es sabido, la medicación puede hacer sus

efectos, de mejorar la energía y si a la par no se puede restablecer la

mejoría anímica y modificar la ideación suicida como solución, esa mis-

ma energía le puede permitir realizar de manera más contundente su

ideación y consumar el acto. Frente a esto, la psicóloga decide realizar

(y recomiendo en estos casos hacer lo mismo) una visita a la vivienda,

donde ella se encontraba. (Esta intervención debería haberse realizado

en la guardia o en la internación, para garantizar que no corra riesgos,

tras una mejoría; ya que no en todo centro de salud se cuenta con aten-

ción psicológica o con la formación y/o predisposición para acercarse al

domicilio). Como la joven se encontraba acostada en su habitación, en

semi penumbra, inexpresiva, no sabía si por la medicación en exceso o

el estado casi “catatónico” del cuadro depresivo profundo, no pude ave-

riguar nada más de lo que la madre me había referido y tampoco podía

tener ninguna respuesta metalingüística que me indicara si estaba por

buen camino; por lo cual desplegué todos los argumentos que creía nece-

sario y ya que lo convencional “pensá en tu hijo”,.. seguramente se lo ha-

brían dicho antes, igualmente se lo dije, sabiendo que en estos casos, las

madres creen que habrá otra persona que podrá hacer mejor su función

que ella misma (en este caso sería su propia madre, quien muchas veces

cuidaba de su nieto); le expliqué que aunque crea que otra persona pue-

da reemplazarla, no será lo mismo para el niño. Y suponiendo que por

su baja autoestima y su dificultad para la crianza que dejó trascender

la madre, sospeché que eso no la convencería; seguí esgrimiendo otras

razones, argumentaciones que en otros casos me había funcionado: Le

plantee lo de la muerte, la imitación de otros de su entorno, y proseguí

con algo específico de su situación de pareja: “no es bueno que tu pareja

vuelva con vos, para evitar que te mates; porque no vas a saber si está

con vos por vos o por miedo; vos mereces que el que esté al lado tuyo, esté

porque te ama”. Proseguí insistiendo en ofrecerle un espacio terapéutico

el día siguiente en el Centro de Salud o que la volvería a visitar, si no

se sentía bien para ir, alentándola a buscar solucionar su situación de

otra manera. Me retiré preocupada, ya que no había podido recibir

ninguna respuesta, ni percibí ninguna mueca, haciéndome hasta dudar

si me había estado escuchando realmente todo lo que le había dicho. Por

lo cual, quedé con la madre, de que el día siguiente, iba a volver a verla.

Al día siguiente, fue grande mi sorpresa cuando me recibe su madre y

hermano, con una sonrisa y comentan que la joven volvió a levantarse,

comió bien y estaba esperando mi visita. La encuentro en su habitación,

recostada; pero con otra expresión en el rostro, conversó conmigo más

animada. Sin disimular mucho mi asombro, ante la pregunta de cómo

se sentía, me contesta que bien, gracias a “lo que yo le había dicho ayer”;

pero ahí me encontré en un brete, ya que de todo lo que le había dicho,

no sabía a ciencia cierta a qué se refería, a lo cual me dice que “le sirvió

que le haya dicho que ella se merece estar al lado de alguien que la quie-

ra a ella, y no porque tenga miedo de que me mate”...

No volvió a tener nuevos intentos.



“ Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora:

la tragedia de no querer luchar para superarla”.

Albert Einstein

                                     Crisis vitales, accidentales y suicidas:


“El pictograma chino que significa “crisis”, es una combi-

nación de dos símbolos: “peligro” y “oportunidad”, es decir, puede

aprovecharse el peligro como oportunidad para cambiar”. (1)

“Una crisis es un período de transición que representa tanto

una oportunidad para el desarrollo de la personalidad como el

peligro de una mayor vulnerabilidad al trastorno mental o al sui-

cidio. Hay individuos que logran dominar una situación penosa,

que resultan a menudo fortalecidos y más capacitados para en-

carar en forma efectiva en el futuro, no sólo la misma situación,

sino también otras dificultades.

Hay “crisis evolutivas” que son períodos transicionales entre

etapas o fases del desarrollo de la personalidad, donde se observan

cambios importantes. Son inevitables y necesarios atravesar estas

crisis, para poder madurar acorde a la edad cronológica y vivencial.

Sin embargo, de no resolver satisfactoriamente estas crisis pueden

aparecer trastornos en las áreas intelectuales y afectivas, además

de conflictos interpersonales y familiares.

Pero también hay “crisis accidentales”, con similares altera-

ciones psicológicas y de conducta, precipitados por situaciones de

la vida, que implican una pérdida de aportes básicos o la amenaza

de dicha pérdida. Estos períodos pueden abarcar unos pocos días

o algunas semanas. Estas últimas crisis se caracterizan por una

alteración psicológica aguda como resultado de la lucha por lograr

ajuste y adaptación frente a un problema temporariamente inso-

luble. Estos problemas son situaciones nuevas, a los que no se está

preparado y que el sujeto no puede manejar rápidamente con los

mecanismos de superación y defensa que ya posee. Los problemas

son a la vez serios e inevitables.

El factor esencial que determina la aparición de una crisis

es el desequilibrio entre la dificultad, la importancia del problema

y los recursos de los que se dispone inmediatamente para enfren-

tarlo. El individuo está “alterado”, ésta alteración generalmente

se asocia con sentimientos displacenteros como la ansiedad, el

miedo, la culpa o la vergüenza, según la naturaleza de la situación.

Pero, la percepción de la situación como penosa y problemática,

depende de la experiencia y ésta depende de la cultura y la per-

sonalidad. Frente a estas crisis hay que intervenir oportunamente

para aumentar la probabilidad de un resultado saludable.

Durante las crisis de tipo suicida, el individuo experimenta

que frente a su crisis, vital o accidental, se encuentra sin posi-

bilidad de resolución, porque muchas veces esa misma “oportu-

nidad”, no puede ser vista (por la constricción cognitiva). Son los

factores de riesgo, vistos no como piezas aisladas, sino como pro-

cesos sucesivos y simultáneos, en su complejidad, que hacen que el

sujeto no cuente con los recursos personales para poder encontrar

esa oportunidad para el cambio.

Las crisis de tipo suicida suelen durar horas, días, ra-

ramente semanas, por lo que es importante reconocerla para su

prevención. Ante todo, debemos partir del hecho de que se trata

de un caso de urgencia. La palabra “urgencia” , alude a la necesidad

de una pronta ejecución, celeridad y rapidez. Estamos frente a una

crisis que no puede esperar.

Durante las crisis, el individuo experimenta una intensa

necesidad de ayuda, y los signos de su anhelo provocan la res-

puesta de quienes lo rodean.

Para el desenlace de la crisis, la intervención externa durante

el desequilibrio puede contrarrestar la disposición previa y puede

llevarlo a un resultado inesperado, bueno o malo. Durante el des-

equilibrio, el sujeto es más susceptible a la influencia de otros que

en los períodos de funcionamiento estable. Entonces, una inter-

vención relativamente pequeña puede decidir la situación en un

sentido o en otro. El estado firme resultante será entonces relativa-

mente duradero. Las crisis proporcionan a los agentes asistenciales

comunitarios una notable oportunidad de desplegar sus esfuerzos

con un máximo de provecho e influir sobre la salud mental de los

individuos que pasan por ella. Por ello la importancia de actuar en

las 24 o 48 horas inmediatas a la crisis; es urgente, más allá de la

seguridad de que no atente contra su vida, estará más permeable a

aceptar la ayuda o etablecer la alianza terapéutica.

Las personas que más intensamente afectan a un individuo

durante las crisis son las que están vinculadas a él por los lazos pri-

marios de sus necesidades básicas de amor e interacción y las que

se adecuan a sus necesidades de autoridad y dependencia. Además

de los representantes de la comunidad como totalidad, cuyas fun-

ciones los ponen formal e informalmente en contacto con el sujeto

en tales períodos. Son roles formales los de los agentes dedicados

al cuidado de la salud física y moral de la comunidad: médicos,

enfermeras, asistentes sociales, sacerdotes, etc... Los roles infor-

males son conferidos a ciertas figuras protectoras extrafamiliares,

que varían de una comunidad a otra y cuya idiosincrasia y ca-

racterísticas ocupacionales los colocan en posición de ciudadanos

significativos a los que otros se dirigen en busca de ayuda. Estos

consultores informales son ubicuos y con frecuencia la gente con

problemas los eligen en primer término, antes de procurar asis-

tencia profesional; ocupan una posición intermedia entre estos

últimos y los miembros de la familia. El problema es que no existe

control sobre estas personas, y por lo general no tienen ninguna

preparación para guiar. Tienen sensibilidad y dotes naturales de

empatía y comprensión, por lo cual son elegidos; pero con fre-

cuencia son personalidades complicadas, con problemas sin re-

solver que logran cierto tipo de solución en el manejo de otros in-

dividuos, escapando así a las dificultades personales. Pueden llevar

a impulsar a la otra persona hacia caminos equivocados, por lo

cual se hace necesario ubicarlos y orientarlos en el caso que estén

próximos a personalidades con tendencias o antecedentes suicidas.

También podemos encontrarnos con personas que frente a una

crisis accidental, en lugar de buscar ayuda o de transformarlo en

una crisis o un trastorno mental; lo transforma en algo diferente,

en un aprendizaje, en algo bueno para su vida y esto se realiza

gracias a la resiliencia. La Resiliencia es la capacidad que tiene

una persona para superar las circunstancias traumáticas como la

muerte de un ser querido, un accidente, etc., es la capacidad de

sobreponerse a momentos críticos y adaptarse, a pesar de lo in-

usual e inesperada de la situación que le toque enfrentar. También

indica el volver a la normalidad. Como si nada hubiese pasado...

pero transformando esa situación en algo positivo, un crecimiento

personal, nunca podemos volver al pasado, ni deberíamos desearlo,

ya que ese pasado es el que lo llevó a ésta crisis.

La capacidad de resiliencia, es parte de la inteligencia emo-

cional, que junto con la empatía, y la tolerancia a la frustración, le

permiten llegar a la persona a la felicidad, o a pesar de tener que

transcurrir por crisis vitales o accidentales, no llegarían a una crisis

de tipo suicida.

Suelo compartir a mis pacientes, para explicar este proceso,

el relato de cómo los chinos reparan sus vasijas de porcelana que-

bradas... lo hacen uniendo las partes con hilo de oro, de tal manera

que cuando la pieza queda restaurada, entre cada pedazo roto, se

ve una hebra de oro, cuantos más pedazos rotos haya, más valiosa

será la pieza, ya que tendrá que agregarse más oro. Resultando

ser una pieza muy diferente a la inicial, pero mucho más bella y

valiosa.

       Una mujer con dos hijos de edad escolar, quien realizara

una fuga de tipo suicida, en plena crisis se va de la casa, sin rumbo, sin

saber dónde ir, huyendo la encontraron varias cuadras de su casa en un

paraje inhóspito cerca de un arroyo, muy desalineada. En éste contexto,

y siendo que la familia llegó a pensar lo “peor”, por lo cual acuden a mí,

como profesional “especializada” en suicidio. Me llevan hasta la casa, y

ya que no estaba en condiciones de hablar, porque se la había medicado

y estaba durmiendo, hablé con los hermanos (quienes fueron los que me

buscan) y con el marido. Evidentemente, pude interpretar su acting

como un parasuicidio, donde podía haber peligrado su vida, indirec-

tamente. Entre los antecedentes familiares, existía el de un hermano

quien se había suicidado años atrás, refiere en terapia, no haber querido

imitarlo, por lo que sólo se fugó de la casa.

La paciente refiere en las primeras entrevistas su deseo de volver a

estar como antes, ya que tras ésta fuga, quedó sumida en una profunda

depresión, en la que el marido la cuidaba y reemplazaba en sus roles

domésticos, ya que no tenía ganas siquiera de levantarse de la cama.

En ese contexto, lejos de prometerle “volver a ser la de antes”, le

hago ver que en realidad va a ser diferente, tras el alta del tratamiento;

ya que el volver para atrás, le haría volver a atravesar la misma situa-

ción conflictiva y la fuga, ante la frustración y angustia.

Tras varios meses de tratamiento, se observa una importante me-

joría anímica, no sin antes haber trabajado situaciones traumáticas

que le ha tocado vivir. Luego de suspender el tratamiento, por mu-

danza de la terapeuta, la paciente luego decide dejar a su marido, quien

ejercía una violencia psicológica hacia ella, que no había podido visua-

lizar antes de la crisis, pero que fuera un factor muy importante, ya que

sutilmente se interponía entre ella y su familia, así como entre ella y su

progreso profesional, entre otras cosas.

Al volver a encontrarla, meses después y contarme de su separación

y su felicidad con su nueva pareja, pudo confirmarme, que había tenido

razón cuando le decía que no era bueno volver para atrás, como si nada

hubiese pasado; sino que esa crisis le permitió, además de sanar aquellas

cosas que no había podido hacer antes, también le dio la “oportunidad”

de visualizar la insatisfacción personal y la necesidad de realizar un

cambio importante en su vida.



 

"El valor no reside en el sufrimiento,

sino en la actitud frente a él,

en la capacidad de soportarlo"

Victor Frankl


            Factores o procesos de riesgo y protectores

A cada Factor de Riesgo, se le podrá contraponer como Factor

Protector lo contrario o antitético. Ya Durkheim, en base a los

resultados de su Método Sociológico, plantea en sus conclusiones

que los hombres solteros o separados tenían más probabilidad de

suicidarse que los que se encuentran casados. Así mismo, había

menos suicidios entre aquellos que profesaban la religión católica

(en esa época se les dejaban fuera de las ceremonias religiosas a

los suicidas).

Existen una serie de Factores o Procesos de riesgo y sus protec-

tores, que parecen ser muy semejantes a las de otras problemáticas

psicosociales como las adicciones; pero otras son estadísticamente

altas, en su relación, por ejemplo, entre los antecedentes infanti-

les, hay una alta frecuencia de casos de Abuso Sexual Infantil y

Violencia Intrafamiliar grave, visto esta correlación, se han hecho

capacitaciones conjuntas, durante mi coordinación del Progra-

ma Provincial de Prevención del Suicidio, junto al de Programa

Provincial de Prevención, Promoción y Abordaje de la Temática

Violencia Social; ya que atendidos a tiempo estos casos, dando

una intervención terapéutica para sanar los traumas, pueden ser

adolescentes y adultos capaces, no sólo de encontrar una pareja

saludable, sino también tendrían las bases para poder enfrentarse

a las situaciones vitales o accidentales que les toque vivir, dejando

de ser un factor de riesgo en el futuro.

Tendremos que hacer hincapié en el nuevo paradigma, que

reemplaza el concepto de Factores, como elementos en sumato-

ria y en realidad son Procesos, en los que los efectos negativos

son exponenciales, y se imbrican con otros procesos en su historia

personal.

Los factores de riesgos, con el nuevo paradigma serían procesos

destructivos o deteriorantes, que producirían un deterioro o des-

mejora en la calidad de vida; pero también de riesgo, cuando pone

en riesgo la propia vida, que serían contrarrestados o no, con los

procesos protectores o benéficos, contribuyendo favorablemente a

su desarrollo y perfeccionamiento.

Por ello, hay que evitar caer en un pensamiento simplista y

causalista de factores estáticos y fragmentados, y el cambio de

paradigma, implica sustituirlo por una noción dinámica de “pro-

cesos”.“El desafío que plantea la noción de procesos epidemioló-

gicos... es el de abordar la complejidad del trabajo en salud y las

afectaciones en el modo de vida... tanto en sus aspectos destructi-

vos como en los protectores”.(1) Visto en toda su complejidad, en

cada individuo y comunidad, contrarrestando unos a otros en una

“antítesis entre procesos saludables, protectores o perfeccionantes,

versus procesos malsanos, peligrosos, deteriorantes o vulnerabili-

zadores de la salud”.(1)

Estos procesos tendrán que ser evaluados, con la escucha atenta

de la intencionalidad consciente e inconsciente del sujeto en cri-

sis, pudiendo sostener el deseo de seguir viviendo, más allá de que

la balanza entre estos dos polos sea desequilibrada hacia el polo

destructivo, para poder prevenir el desenlace fatal. Nunca pensar

que será imposible prevenirlo, aunque existan un cúmulo de fac-

tores negativos, que hasta podremos identificarnos con la persona

en crisis y plantear: “cómo no se va a querer matar, con todo lo que

le ha pasado...” Ésta mirada condescendiente y empática, no sirve

para prevenir; naturaliza una “solución”, dejando al sujeto en crisis

sin la debida ayuda.

Frente a uno o varios factores o procesos de riesgo, siempre

debemos aclarar, al sujeto en crisis, que puede y tiene que sanar-

los; que ya no está más solo para afrontarlo, que buscaremos los

medios para ayudarlo a salir de su crisis. Y que podrá sanar sus

traumas, resolver sus conflictos; pero con ayuda profesional. Ya

que no llegó solo a esta situación, tampoco debe exigirse salir solo

de ella. Recordarle que tiene Derecho a la Salud Mental y debe

buscarlo. Es en estos momentos que debemos estar disponibles,

tener recursos humanos especializados en salud mental que asis-

tan al sujeto en crisis, evitando la sensación de que ese derecho

no puede ejercerlo, porque el sistema está “colapsado”, más allá

que sea real, habrá que priorizar situaciones y calmar ansiedades

de resolver todo ya; pero lo primero es descartar el suicidio como

“salida”, ya que el peor factor de riesgo es creer esto.

También es esperable encontrar sujetos que presentan varios

de los procesos deteriorantes, y sin embargo, no haber perdido

la esperanza de un cambio, de una ayuda posible, buscando o no

dicha ayuda en un familiar, profesional, etc. O solitariamente en

una búsqueda espiritual o religiosa, donde no cabe la desespe-

ranza a pesar de las circunstancias que le toquen vivir. Ninguna

situación traumática, ni la sumatoria de ellas, determina al Sujeto

a realizar un acto suicida, por lo cual NUNCA se debe dar una

razón del acto basado en estos procesos de riesgo. Sólo sirven para

comprender, el padecimiento del sujeto, y la necesidad de sanar

esas experiencias traumáticas, para mejorar su calidad de vida. Sin

embargo, para lograrlo puede llevar mucho tiempo, por lo cual lo

urgente es sacarlo de esa posición de riesgo, si lo está y descartar

la posible ideación del suicidio como “solución”.

Además, el poder comprender que en algunas personas, bas-

tará encontrar un sólo factor de riesgo, para necesitar ponerlo a

resguardo de sí mismo; ya que tendemos a creer que la sumatoria

de factores de riesgo sería lo que coloca al sujeto en alto riesgo;

pero no siempre se podrá averiguar esto en la primera entrevista

o quizás no podremos encontrar cuál sería ese factor. Es difícil

que el sujeto pueda darse cuenta y que lo pueda expresar en el

momento de crisis o en una primera entrevista (si no se le hace la

pregunta directa) por ejemplo, de haber sufrido un abuso sexual

infantil, violencias o abandono. El propio suicida, suele pensar que

lo ha superado y es una situación actual que lo desborda, el que lo

lleva a pensar en quitarse la vida. Sin embargo, es un “proceso”, el

hecho de haber sufrido en la niñez un trauma, puede dejar secue-

las graves, de depresión, sentimientos de culpa, desconfianza hacia

el entorno adulto que no pudo ser protector. La baja autoestima

es común en estos pacientes. En casos de abandono, por ese mis-

mo hecho, se siente no merecedor de cuidado y cariño, además

del temor de volver a ser abandonado. Por otra parte, en casos de

abuso sexual, es por el hecho de haber sido tratado como “objeto”

y no “sujeto”, por el simple hecho de que no se les ha permitido

decidir sobre su cuerpo y lo que el otro haga con él, suele dejar

unos cimientos débiles para enfrentar otras situaciones vitales. El

maltrato físico reiterado, en el que se puede observar desborde

del progenitor o figuras de autoridad, es tratado como un saco de

boxeo, sin medir que al golpe físico le suma el golpe emocional,

de no sentirse amado; aunque a veces quede justificado en ambas

partes: “es para enderezarlo”, “gracias a eso, no fui por mal cami-

no”. El maltrato verbal, psicológico, a veces es muy sutil, pero el

que lo padece termina creyendo en aquello que dicen de él: “sos

un inutil” y no pueden interpretar del progenitor un intento de

revertir una mala conducta. Este sentimiento de no ser amado, se

ha agudizado a partir del cambio, positivo por cierto, de las formas

de crianza aceptables, descartando a nivel sociedad, el educar por

el temor, con todas las secuelas que eso generaba, y las consecuen-

cias de la obediencia, sólo mientras se sienta observado; así como

la obediencia ciega a un perverso...

Cabe aclarar, que en una primera entrevista o frente a un dispo-

 sitivo interdisciplinario de admisión (vivido como un tribunal que

lo examina), sólo ciertos cuadros psicopatológicos pueden hablar

de sí mismos sin sentir pudor, verguenza y culpa. Estas emocio-

nes y sentimientos, que son normales y esperables, sobre todo al

hablar de temas sexuales, harán que el paciente en crisis no pueda

hablar de los procesos de mayor peso en su historia personal, por

lo que será mejor realizar entrevistas individuales; es posible que

en la situación de crisis, se anime a comunicarlo frente a varios

profesionales, pero quizás no pueda hacerlo. Lo importante no

es saber todo lo que le ha pasado, sino simplemente hacerle ver

que seguramente habrá tenido muchas vivencias traumáticas, que

va a poder sanarlas, aunque crea que ya intentó todo y no pudo,

proponerle que intente un tratamiento adecuado. Es posible que

ya haya hecho tratamiento, y que piense que ya lo ha trabajado, y

que eso no alcanzó más que alivio momentáneo. Suelo escuchar

en pacientes que hasta tuvieron un alta terapéutica, y cuando le

indago sobre la profundidad en que trataron los traumas, observo

que sólo ha puesto títulos a los hechos, nunca habló detalles, ni

contó lo vivido. Esto se explica, que aunque resulta doloroso con-

tarlo, y genere un trauma vicario en el profesional, deberá realizar

un tratamiento en profundidad, para sanar; ello implica, poder

hablarlo con toda la emoción, de a poco, como fragmentos de una

película, hasta ponerle palabras a imágenes que se imponen del

pasado, en el momento más inoportuno. Esto puede y debe sanar-

se. Habrá que buscar al profesional idóneo, y la técnica adecuada,

recomendando la técnica profunda, breve y de emergencia, de Be-

llak y Small, que adaptan la escucha psicoanalítica a situaciones

de crisis.

El cuadro siguiente fue presentado en las Jornadas de Reflexión

                    sobre el Suicidio, desde 2007 en adelante, para conocer los factores

                    que pueden estar incidiendo en la crisis suicida, como sumatoria,

                    sin perder de vista que se trata siempre de un

proceso dinámico.


Factores de Riesgo / Factores Protectores

    • Inquietud, tensión creciente  / Poder poner en palabras lo que siente
    • Perturbación del sueño (exceso o insomnio) /Poder descansar de noche
    • Síntomas orgánicos / Saber utilizar los sistemas de salud
    • Exceso de sensibilidad / Poder confiar en personas adecuadas
    • Ausentismo Escolar o Laboral/ Habilidad para enfrentar las situaciones 
    • Alcoholismo, drogas / Evitar las adicciones
    • Inmadurez / Aprendizajes significativos
    • Impulsividad / Control de los impulsos
    • Rigidez familiar, autoritarismo o Falta de autoridad/ Vínculos saludables
    • Dificultad para demostrar afecto / Capacidad de dar y recibir afecto
    • Falta de diálogo familiar  / Escasa transmisión de experiencias
    • Estilo democrático de diálogo familiar / Ser receptivo a experiencias ajenas
    • Exigencias desmedidas o falta total de ellas / Adaptabilidad, responsabilidad
    • Preocupación por el cuerpo / Buena autoestima y autoimagen
    • Dificultad para resolver problemas / Saber pedir ayuda
    • Incapacidad para pensar realisticamente/ Pedir consejos, realismo
    • Fantasías de grandiosidad compensatorios / Autoconfianza realista, creatividad
    • Baja tolerancia a la frustración / Buena tolerancia a la frustración
    • Vaga identificación de género / Definición del género, sentimiento de pertenencia.


Estos factores son predisponentes, generan las bases de fragi-

lidad y de vulnerabilidad, que también pueden ser considerados

como factores de riesgo de las adicciones. Pero, además de estos

factores existen otros de alto riesgo, que deben considerarse es-

pecialmente como para no dejarlo sólo y buscar fuentes de salud

mental. Estos son:

- Riesgo inminente  /  Medidas protectoras

- Autoacusación y agitación / Evaluación psiquiatra

- Temor a perder el control, a herir a otros o a sí mismo / Consultar

psiquiatra, necesidad de tomar medicación

- Suicidio de un familiar / Elaboración del Duelo Complicado

- Indiferencia hacia los amigos / No dejarlo solo

- Preocupación y hablar del suicidio / Escuchar y realizar Primero Auxilios

Psicológicos

- Sueños de catástrofe / Sacarle elementos letales

- Familias deshechas / Terapia individual o familiar

- Violencia intrafamiliar, abuso físico y/o sexual /

Exclusión del victimario y Terapia individual

- Embarazo no deseado u oculto / Acompañamiento del embarazo

- Dificultades financieras, desempleo, quebranto económico /

Asitencia económica/ contención emocional/ asesoramiento

- Fracaso escolar con gran exigencia familiar / Apoyo escolar con tutores

- Infección con VIH u otros de transmisión sexual / Diagnóstico con

contensión psicológica

- Incumplir exigencias paternas asumidas como propias / Psicoterapia

familiar y/o individual

- Presión del grupo para cometer suicidio / Control parental de redes sociales.

- Aceptación del suicidio como forma de resolución de problemas/ Descartar

suicidio como salida

- Muerte o separación de un ser querido / Elaborar duelo

 

Todas estas situaciones de riesgo, deberán ser trabajadas en es-

pacios terapéuticos, aún cuando el riesgo de suicidio haya pasado;

para prevenirlo a largo plazo, además para mejorar la salud mental

de la persona que presenta estos factores.

En general se observan estos factores también como procesos

interrelacionados y unos como síntomas evidentes de otros facto-

res que no suelen mencionar sin un espacio de confianza, siendo

en realidad unos causales de los otros.

Se observa como dato importante, el rol de la familia y la

escuela, pudiendo pensarse en acciones preventivas, en todos los

sentidos; no sólo evitando el abandono escolar y la repitencia, sino

también desdramatizándola. Además, trabajar otras habilidades,

desde la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner. También

habría que descartar otros motivos de su déficit escolar; pudiendo

ser debido a problemas fisiológicos (mal sueño, mal nutrición),

problemas familiares, etc.

En un taller realizado en una Escuela Secundaria, por pedido

del equipo directivo, por un intento de un alumno; refieren tener

temor de que se repita situación vivida el año anterior. (El joven

que realiza el intento actual, era amigo del que se había quitado la

vida el año anterior). Los docentes quedaron muy shokeados por

lo sucedido, ya que estaban directamente involucrados: mientras

se concretaba una cita a la madre, para evaluar la posibilidad de no

hacerlo repetir de año, el joven en su casa, realiza el acto.

Hubiese sido importante realizar la charla previamente con el

joven, contenerlo, saber cuales son sus temores, cómo cree reac-

cionarán los padres. Mostrarse mediadores entre él joven, padres y

docentes. Existe el temor del “fracaso”, de “fallarles” a los padres;

y eso los deja en una situación de alta vulnerabilidad, al punto de

“fallarse a sí mismos”, y dejar en estos padres y docentes un senti-

miento de culpa, devastador; que deberán sanar para seguir ade-

lante, aprendiendo lecciones dolorosas; pero aceptando que somos

humanos y no nos han formado para saber que estas cosas pueden

pasar y cómo prevenirlo, para ello es éste material. Ahora estare-

mos más atentos y realizaremos acciones preventivas previas, no

subestimando lo que el otro pueda sentir, sobre todo si se trata de

adolescentes, que están transitando su propia crisis vital.

Modalidad de pensamiento en adolescentes suicidas, que se aplica

también a adultos en crisis:

“Hay que observar y neutralizar determinadas distorsiones

cognitivas muy comunes entre los adolescentes suicidas, que son

las siguientes:

INFERENCIA ARBITRARIA: mediante la cual el sujeto llega

a la conclusión sin poseer pruebas evidentes, por ejemplo pensar

que en el futuro las cosas le saldrán mal, pues en el pasado esto

fue lo que ocurrió. En este caso el adolescente infiere el futuro en

función del pasado, lo cual condiciona una actitud pesimista, de

perdedor y con predisposición al fracaso. 

ABSTRACCIÓN SELECTIVA: en la que el adolescente inten-

ta arribar a conclusiones solamente en base a un aspecto de la

realidad, como puede ocurrir estando deprimidos, que recuerdan

principalmente sus fracasos cuando son sometidos a pruebas de

ensayo y error.

SOBREGENERALIZACIÓN: (o Generalización apresurada)

cuando el sujeto a partir de un dato particular llega a conclusiones

generales, por ejemplo, considerar que es un incompetente, por

haber salido mal en una evaluación de sus estudios.

MAGNIFICACIÓN: mediante la cual el adolescente evalúa de

forma distorsionada un suceso, incrementa sus efectos y conse-

cuencias. Es el caso de un sujeto que considera cualquier suceso

desagradable como una tragedia, una catástrofe, lo peor que le

podía haber ocurrido.

MINIMIZACIÓN: mecanismo inverso al anterior en el que el

adolescente evalúa de forma distorsionada sus potencialidades y

habilidades, restándose sus méritos y cualidades positivas. Ese el

caso de adolescentes que ante un éxito frente a un examen difícil,

que sólo él ha pasado, considera que cualquiera pudo haberlo he-

cho, incluso mejor que él.

PENSAMIENTO POLARIZADO: mediante el cual el adoles-

cente evalúa la realidad en blanco y negro, todo o nada, siempre

o nunca, bueno o malo, perfecto o imperfecto, etc.; por tanto son

frecuentes las frases : “nada me sale bien”, “todo me sale mal”,

“siempre fracaso”·... sin cerciorarse que en la realidad ninguna

situación es completamente mala o buena, sino que se nos muestra

con diversos matices y una persona puede ser torpe en una tarea y

muy eficiente en otras.

PERSONALIZACIÓN: es el mecanismo mediante el cual el

adolescente considera cualquier situación o hecho, como referido

a sí mismo, aunque no exista conexión alguna. Así si no es salu-

dado en la mañana por alguien conocido, puede pensar que eso

ha ocurrido porque la persona está molesta con él o que no lo ha

querido tener en cuenta”. (3)

Estas formas de procesar la información, hacen más vulnerable

a los jóvenes, ya que además de la constricción cognitiva o “visión

en túnel” que mencionamos en varias oportunidades, estas dis-

torsiones en la forma de pensar los hacen estar más proclives al

sufrimiento emocional.

Pero también hay sujetos adultos, que por su personalidad,

suelen conservar éste tipo de pensamientos, en cualquier caso,

habrá que actuar de manera neutra, antes de confrontar con el

sin sentido de su postura cerrada. Se podrá proceder, a través de

las técnicas de Logoterapia, donde lejos de refutar la posición la

confirma y exagera, para que el sujeto tienda a contrarrestarlo con

una lógica más realista; o bien, investigar de donde procede en

su historia vital la tendencia de ver así la realidad, si es adulto y

quedó la tendencia a la generalización y el negativismo; pudiendo

hablar de aquellas experiencias que le marcaron negativamente.Y

al adolescente, hacerle ver que es su poca experiencia de vida, es lo

que no le permite abrirse a otras posibilidades; pero que podremos

ayudarlo en este proceso.



“...porque lo importante no es un libro,

sino lo que hacemos de nuestras vidas

con los conocimientos que nos ofrece...

Si llegan a nuestro corazón

y lo llevamos a la acción

pasan a ser propios y originales...”

Eugenia Renata


        Primeros auxilios psicológicos en crisis suicida

Los Primeros Auxilios Psicológicos son las intervenciones

psicológicas, que cualquier persona, debidamente entrenada, y no

sólo profesionales de la salud mental, pueden hacer en el momen-

to de crisis de tipo suicida; entendiéndose como una ayuda breve

e inmediata de apoyo y rescate de la persona, para restablecer su

estabilidad emocional mínima, que logre sacarla del riesgo suicida

inminente y facilitarle el acceso a la fuente de salud mental; des-

cartando el suicidio como “salida” o “solución” a sus problemas,

lejos de pretender resolvérselos, se trata de salir de la Visión en

Túnel y replantear sus reales deseos.

A través de la lectura de este libro, se fueron aportando he-

rramientas teórico-prácticas, para todos los recursos humanos

que trabajan directa o indirectamente con personas en crisis; pero

de ningún modo exime a los profesionales de la salud mental de

la obligación de realizar un abordaje integral. Sabemos que es lo

mismo que los primeros auxilios médicos, es necesario saber algu-

nas técnicas, hasta tanto llegue el personal de salud. Esto también

aplica a nuestra situación, dada la imposibilidad de que siempre

exista un profesional en las cercanías de la persona en crisis. Y

el acceso a la atención psicológica y/o psiquiátrica, también de-

berá reforzar estos primeros auxilios psicológicos, evitando tratar

el tema concreto de su crisis, sino más bien descartar el suicidio

como forma de resolverlos y poder establecer el vínculo terapéu-

tico y el nexo con otros profesionales que intervendrán de manera

interdisciplinaria, para lograr ayudar a resolver los problemas de

fondo, a veces inconscientes, que lo llevaron a esta crisis suicida.

Recordemos, también que así como los primeros auxilios no

pretenden solucionar el problema de salud de fondo, son medidas

urgentes y necesarias para preservar la vida hasta arribar a la aten-

ción adecuada. No conformarse con que ya se restableció o dejó

de pensar en quitarse la vida, habrá que ver por qué ha llegado a

visualizar esa idea.

Muchos se preguntan, con cierto grado de escepticismo: ¿Po-

dremos evitar que alguien se suicide?, ante esta pregunta habrá

que aclarar que no debemos considerar esta responsabilidad en

soledad, tendremos que involucrar a otros, tanto allegados a la pe-

sona en crisis como a otros profesionales y actores institucionales.

No somos nosotros solos, los que evitaremos ese acto, sino entre

todos, incluso el propio sujeto en crisis. Pero, sólo podremos ha-

cer nuestro aporte adecuadamente, si estamos libres de los mitos

que entorpecen la prevención, ya los descartamos en el capítulo

correspondiente; además tratar de comprender que existen dife-

rencias en la intencionalidad de los distintos comportamientos

suicidas, pero que de todas formas es imprescindible, acercarlos a

las fuentes de Salud Mental, para poder prevenir a corto, mediano

y largo plazo, el suicidio.

Todo personal que trabaja con personas que pueden encon-

trarse en crisis con riesgo suicida, no sólo profesionales de salud

mental, (a los cuales suelen no llegar las personas en crisis, como

observamos en encuestas en las capacitaciones: los profesionales

de salud mental tuvieron menos contacto con personas en crisis

suicida que los enfermeros o choferes de ambulancia), deberán es-

tar entrenados para brindarle los Primeros Auxilios Psicológicos,

pero es la actitud y la seguridad de estar actuando bien lo que les

permitirá no quedar afectados en esta situación de alto nivel de

estrés por el riesgo que sabemos que existe. No minimizarlo es

muy importante, tampoco minimizar el efecto de nuestra inter-

vención en la vida de la persona en crisis.

Si se sospecha la posibilidad de un comportamiento suicida se

debe evaluar si su crisis es de tipo suicida o no, para prevenirlo. Y

es preguntándole directamente respecto de su ideación autolítica,

como podremos resolver esta duda, veremos más adelante cuáles

son éstas preguntas y en qué orden conviene realizarlas.

Ya sabemos, por lo expuesto en el capítulo de los mitos, que

el poder hablar de la idea de suicidio, lejos de generarle ideas,

resulta ser “catártico”, liberador. Ver lo paralinguístico para poder

diferenciar una respuesta evasiva de la verdad. La mejor forma de

averiguar si las personas tienen pensamientos suicidas es pregun-

tándoselo, les permite hablar libremente acerca de sus ideas y la

ambivalencia con la que están luchando, sin estigmatizar (habrá

que evitar al hablar del sujeto en crisis, haciendo alución al hecho:

“este es el que se cortó”, etc.).

En todo pensamiento suicida, hay gran ambivalencia, general-

mente, no quieren morir, sino dejar de vivir de esa manera, con

ese sufrimiento. Si realmente nunca pensaron hacerse daño, es la

oportunidad de poder manifestarlo, pueden llegar a decir: “ la ver-

dad que no tengo ganas de vivir, pero quitarme la vida, ¡nunca!”. Esto

puede tranquilizarnos respecto de la urgencia de una derivación,

pero nos habla de un padecimiento que tendremos que considerar

seriamente y hacer la derivación al equipo de salud mental.

Esta ambivalencia, es la que hay que también poder explicitar

al paciente para lograr que se corra del lugar de suicida, hacia

un lugar de buscador de soluciones no autolíticas, viendo que de

alguna manera, una parte de él está buscando ayuda y para eso

estamos nosotros allí.

MANEJO DE LA PERSONA CON RIESGO SUICIDA:

Existen diferentes variantes en la forma de manejar la situación

frente a una persona con riesgo suicida, según la forma y lugar en

el que se presente, por ejemplo:

“Lo primero que se debe hacer cuando una persona nos

confía sus ideas suicidas, es TOMARLO EN SERIO, dándole la

importancia requerida a la situación, pues muchos cometen el gra-

ve error de considerar a quienes intentan el suicidio como chan-

tajistas, manipuladores, que se están haciendo los locos, que eso es

un teatro o un alarde. Si piensan así, no podrán nunca comprender

ni ayudar a un presunto suicida”.(1)

“Un segundo paso en este manejo es tratar de compren-

der al sujeto, los motivos que tuvo para intentar contra su vida, y

para lograrlo, es importantísimo escuchar con real interés lo que

él dice, detenidamente, con atención, así se facilita la liberación

de emociones y sentimientos lo cual cumple una función catárti-

ca, vomitiva, con el consiguiente alivio, aunque sea momentáneo,

pero alivia al fin. Todo lo anterior favorecerá la relación con él y la

ayuda que se desea brindar”. (1)

“En tercer lugar debemos tratar de facilitar en el individuo la

búsqueda por sí mismo de soluciones a su problemática actual, de

alternativas realistas y posibles, pues en momentos de crisis éstas

están sustancialmente reducidas, y predominan los sentimientos

de autodestrucción”. (1)

Aunque también será importante saber y plantearle la

posibilidad de que haya aspectos infantiles, traumas o vivencias

que ya haya creído haberlos superado u olvidado, que están in-

fluyendo en la actualidad y que pueden ser superadas con ayuda

profesional. Esto es muy importante, porque las personas que han

sufrido traumas infantiles, se les ve afectado la autoestima, por lo

que frente a nuevas situaciones conflictivas, se sienten desborda-

dos y sin ya recursos anímicos para sobrellevarlos. Por ello aunque

la persona no lo manifiesta o no lo recuerde en el momento, esto

afecta enormemente en su percepción de poder ser ayudado, ya

que si sólo se habla de los motivos actuales, en su intima con-

vicción aparece un sentimiento de ser incomprendido, y pueden

pensar: “si supiéramos por lo que ha pasado...sabrían que no tie-

ne solución”, por ello hay que hacerles saber que sea lo que sea,

aunque sea lo más terrible que le pueda haber pasado, tiene que

buscar ayuda y no estará sólo para sobreponerse.

Lamentablemente, en el lenguaje cotidiano, se utilizan

frases poco felices para ayudar a las personas que sufrieron de

abuso sexual infantil, ya que se hace referencia a “le arruinaron la

vida para siempre..” y aunque en parte sea verdad, hay posibilidad

de realizar un tratamiento profundo, psicoterapéutico, donde la

persona puede elaborar el trauma, y sanar esa herida, y mediante

la capacidad de rescilencia, y a pesar o a partir del horror hacer

algo positivo con el resto de su vida, y como yo digo a mis pacien-

tes, “ya te arruinó la vida, hasta hoy, no podemos permitir que te la

siga arruinando”, pero depende de cada uno, y la adecuada ayuda

profesional, familiar, espiritual, el poder dejar atrás el horror y salir

adelante.

“No es conveniente erigirse en juez supremo de los actos del

sujeto o querer responsabilizar con su vida si él está en condicio-

nes de hacerlo por sí mismo”. (1)

“Lo cuarto es desterrar del pensamiento la idea falsa de mini-

mizar el motivo por el cual una persona puede intentar el suicidio

con expresiones como: -“No lo hará, pues lo que le está pasando

no es motivo para quitarse la vida”. Para usted u otro individuo

sin riesgo suicida, puede que ese motivo no desencadene dicho

acto, pero para el sujeto en riesgo, un motivo similar puede pre-

cipitarlo.”

“Lo quinto que NUNCA DEBE HACERSE ES retarlo, su-

giriéndole métodos de mayor letalidad del que haya empleado en


caso de ser sobreviviente de un intento de suicidio, como: -“¿Y si

tenías deseos de morir por qué no te tiraste delante del tren?” y

el sujeto sólo había ingerido tabletas de un ansiolítico de acción

breve; o –“Acaba de matarte de una vez que me tienes aburrido”,

o -“Usted no se mata nada, no está haciendo papelazos, estas ex-

presiones deben ser abolidas de nuestro léxico y criticar a quien las

pronuncie porque, evidentemente, no sabe la hostilidad que este

tipo de personas genera en él”. (1)

“Pierda el temor de enfrentarse a personas con ideas suicidas,

quienes, por lo general, son capaces de establecer una buena rela-

ción con usted, están muy necesitados de ser escuchados y desean

seguir viviendo con sólo que ocurran pequeñas en su vidas”.(1)

“Y no debe olvidarse nunca que si intuitivamente considera

que el sujeto está en crisis suicida y puede consumar el suicidio,

trate de por todos los medios de dirigirlo a un centro médico para

su tratamiento especializado”. (1)

Nunca subestimemos lo que vemos y escuchamos. La evaluación

definitiva de la gravedad de la crisis es a través de una sumatoria

de escuchas y miradas (recordemos que puede mentirnos para evi-

tar ser internado, o por verguenza de tener esas ideas). Por ello, el

psiquiatra no debería tener la “última palabra”, el que determine si

debe o no internarse; sino a través de un consenso entre todos los

actores involucrados, los que deberán exponer su parecer respecto

de la situación; siendo la decisión de internación compulsiva, una

medida que sólo se puede hacer para la “seguridad del paciente

y de terceros” (Ley N° 26.657, Principio 11, punto 6,b.) por ley

deberán firmar “dos profesionales de diferentes disciplinas... una

de las cuales deberá ser psicólogo o médico psiquiatra” (Ley N°

26.657, Cap. VII, Art.20, punto b).(2)



«La OMS destina un apartado especial al modo de interrogar

a la persona en esta instancia. La actitud de entrevistador debe

ser empática, mostrar interés y comprensión. Debe mostrarse con

capacidad de poder generar el clima para que quien consulta se

sienta comprendido, en condiciones de confiabilidad y confiden-

cialidad para poder expresar sus sentimientos negativos de sole-

dad e impotencia”. (3)

Recordemos que la confidencialidad es un requisito en todo

tipo de atención, en el caso de que haya que alertar al mayor u otro

responsable, de la necesidad de realizar tratamiento, o internación,

es importante no revelar los detalles, las causas manifestadas por

la persona. Es importante en ésta escucha, no emitir juicios de

valor, no subestimar las palabras, ni desafiarlo. No es bueno plan-

tear frases como: “Piensa en tu mamá”, aquello que nos sirve a

nosotros, no tiene porqué servirle a los demás.

Ante una persona que manifiesta algun tipo de ideación sui-

cida, y una vez generadas las condiciones mencionadas, serían

indicadas preguntas tales como: ¿Cómo se siente?, ¿Ha fallecido

alguien cercano?, ¿Alguien, en su familia o entre sus amigos más

queridos, intentó suicidarse o se suicidó? ¿Usted realizó algún in-

tento de suicidio anteriormente? Y además, agregar las 5 pregun-

tas secuenciales, que si se van respondiendo a cada una, y según

qué va respondiendo, va aumentando el peligro de suicidio y la

urgencia en la derivación o internación, porque quiere decir que

lo tiene bien planificado, las preguntas son:

 

¿CÓMO PENSÓ QUITARSE LA VIDA? Hace referencia al

Método, y si está disponible, o puede conseguir los elementos...

 

¿CUÁNDO...? Ver si tienen bien determinado, si está haciendo

los preparativos previos, y considerando la posibilidad o no de ser

“rescatado” a tiempo...

 

¿DÓNDE? Se refiere al Lugar, si es un lugar apartado y de difícil

acceso, que no puedan ser descubiertos conllevan mayor riesgo.

 

¿POR QUÉ? Serían los Motivos conscientes y desencadenantes

del acto. Pero veremos que es la “última gota que rebasó el vaso”

y generalmente no es el problema central. Habrá que investigar

antecedentes, procesos de riesgo previos. Después de evaluar el

riesgo será propicio plantearle al sujeto que habrá motivos que

ni recuerda, que tendrá que sanar con ayuda profesional, para

fortalecerse y así enfrentar las situaciones que le toque vivir. Un

profesional de la salud mental, podrá profundizar las preguntas,

indagando o suponiendo el haber vivido situaciones traumáticas,

que quizás pensó haber superado, que son los que deberá sanar;

porque le está quitándo energía vital para su vida actual. Pero para

ello, deberá hacer un tratamiento psicológico, luego de descartar

el suicidio como solución.

¿PARA QUÉ? Es el Significado del acto suicida, puede ser el de-

seo de morir o reclamar atención, aunque sea póstumamente, ex-

presar ira, o evitar sufrimiento a otras personas significativas. Esta

pregunta debe interrogarse en un contexto de desacreditar todas

las posibles consecuencias, por ejemplo: el querer dañar consciente

o inconscientemente a la persona que la ha dañado, o generarles

culpa por lo que le hicieron.

Mientras más planificado, pudiendo responder a todas estas

preguntas con mucha elaboración, más se incrementa el riesgo de

cometer suicidio.

Un paciente recientemente separado de su familia, (es el padre de

una adolescente atendido por mí, por haber sufrido violencia psicológica

por parte de él); se encontraba en crisis atendido por su psiquiatra al

que le refiere tener deseos de quitarse la vida y en un contexto de cierre

de la sesión el psiquiatra le realiza una pregunta retórica: “¿para qué

te sirve quitarte la vida?”, esto parece no haber sido de utilidad, por

el contrario, el paciente ingiere una sobredosis de la medicación que le

prescribió el mismo psiquiatra. Frente a esto la familia decide darle una

oportunidad de que vuelva a la casa... como la conflictividad entre los

miembros continúa, vuelve a retirarse y realiza varios intentos en un

breve período de tiempo, a pesar de haberlo citado junto a su ex mujer e

hija, para aclararle que ese acto se transformó en algo manipulatorio, y

que ellas no deberán cargar con la culpa ni responsabilidad de sus actos.

Además se le recomienda que también realice tratamiento psicológico,

pero el señor no accede. Acá se hace patente el “beneficio secundario de

la enfermedad”; también puede ser considerado una forma sutil, pero

efectiva, de violencia psicológica; semejante a lo que había estado ha-

ciendo antes, pero respecto de otro tema.


Frente a un alto riesgo, por la planificación:

- Establecer un PACTO NO SUICIDA, comprometién-

dose a dejarse ayudar, así como ayudarlo, ayudandole a

buscar profesionales que lo atiendan en su crisis y los mo-

tivos que lo llevaron a ella.

- Pedirle permiso para poder involucar a otros para ayudarlo

(familia, amigos, profesionales); pero si no se deja ayudar,

a pesar de realizar todas las intervenciones para persua-

dirlo, tendremos que aclarar que nuestra obligación es la

de notificar y pedir internación para no ser cómplices de

su decisión, pero no se revelarán los detalles. También po-

demos expresar abiertamente nuestro deseo de ayudarlo y

de que viva, que no nos es indiferente lo que haga con su

vida, y aclarar que tampoco subestimamos lo que lo lleva

a estar en esa crisis , pero que YA NO ESTÁ SOLO para

lidiar con eso.

Estas preguntas las puede formular cualquier persona que esté

debidamente entrenada, para que no sea un interrogatorio perse-

cutorio, sino un espacio de comprensiva escucha y luego actuar

según dichas respuestas con el acompañamiento necesario.

“Aún en las situaciones más graves es recomendable no per-

der de vista que se trata de una conversación, donde urgencia no

siempre es sinónimo de prisa. Se puede conversar con alguien

en situaciones o temas sumamente urgentes, pero si el diálogo

es apresurado, seguramente va a resultar dificultoso crear el cli-

ma para que quien consulta, exprese emociones y sensaciones que

por lo general son confusas, dolorosas, masivas y ambivalentes. Si

la conversación es apresurada o centrada en el protocolo que se

debe completar, es muy probable que el entrevistador pierda da-

tos valiosos a la hora de evaluar el estado de la persona que tiene

enfrente. Además, probablemente la persona se cierra y deje de

hablar haciendo un mutismo selectivo, elegirá con quién quiere y

con quién no, hablar.

Es sabido que en los distintos centros de salud, suele haber

largas colas para ser atendido por un médico, éste debe saber darle

el tiempo necesario para aquel que necesita de una escucha más

detenida, de no ser así, el paciente puede percibirlo como otro

abandono, e incrementar la baja autoestima, en esto de sentir que

a nadie parece importarle... Es preferible darse el tiempo necesa-

rio, eso puede ser también terapéutico en un sentido amplio.

Si se evalúa que existe algún riesgo de intento suicida o que

el potencial (método y plazo de realización) es alto, se indica

la derivación a un servicio de Salud Mental o a un especialista,

acompañado por algún familiar o persona cercana, o alguien del

equipo de salud. La derivación por escrito tiene que contener la

aclaración “urgente”, y la conducta de riesgo (nunca los motivos

desencadenantes), sí anotar los factores de riesgo grave, como an-

tecedente de familiar suicida. Pero además de la derivación escrita

debe hacerse el contacto y conseguir el turno, o que lo atiendan

lo antes posible. Si no tienen familiar que lo pueda acompañar, de

manera que no se quede solo, se deberá derivar a un hospital con

atención de guardia en salud mental (activa o pasiva). Además,

acompañar al paciente en la ambulancia, o asegurarse de que sea

acompañado por enfermería, y que el paciente sea recibido, con

toda la información necesaria para evaluar la necesidad de la in-

ternación compulsiva.

Pero el paciente debe saber que es responsabilidad de todo

personal de salud, de hacer la derivación necesaria y alertar si hay

riesgos para sí mismo, sin develar los motivos manifestados, pero

es para su bien, y el hecho de que se lo haya expresado, implica un

deseo de ayuda, y para ello necesita contar con el apoyo del grupo

familiar o una internación, si fuese necesario.

En el caso en el que el paciente no esté de acuerdo con la inter-

nación, pero entre varios profesionales deciden que es lo adecua-

do, para protección de sí mismo, hay que explicarle que él en este

momento no está en condiciones de evaluar lo que necesita, y es

nuestra responsabilidad el de internarlo de manera compulsiva, y

que para ello pueden pedir autorización al Juez. También es bue-

no aclarar, que es algo para la urgencia, que no quedará internado

mucho tiempo, sino el que sea necesario.

Si el cuadro no es tan grave, para internar, y cuenta con una

familiar que lo cuida, es importante en privado aclarar que deben

observar su evolución, si se encuentra muy excitado o aislado, no

dejarlo solo y no dejar elementos que pueda ser utilizado para

hacerse daño o quitarse la vida, (armas, cuchillos, sogas, pesticidas

y medicamentos) debiendo continuar tratamiento psicológico y

psiquiátrico, hasta su alta.

Ofrecerle buscar juntos, profesionales de la Salud Mental, para

que lo ayuden; pero no como un consejo que a veces lo toman

como no urgente o necesario, sino como la forma en que vamos

a ayudarlo concretamente, ya que no podemos quedarnos con ser

simples oyentes “orejas”, y terminar siendo cómplices con toda

la culpa de no haber hecho nada por ellos. Además aclarar a la

persona que, antes que nada, y más allá de las problemáticas que

la llevan a estar en esa condición de desesperanza, debe hablar

de esa ideación suicida. Esto es lo urgente. El profesional deberá

antes que nada descartar el suicidio como “salida”, porque lo de-

más puede llevar más tiempo, y entre tanto, si persiste la idea del

suicidio como solución, sigue en peligro latente.

Para que la persona acceda a ser atendido por personal de la

Salud Mental, y dado que aún existen muchos mitos, y estigma-

tización en torno a los que son atendidos por psiquiatras o psicó-

logos, es indispensable aclarar, que esos profesionales no son para

“locos”, sino “para evitar que haga una locura”, para ayudarlo a

sobrellevar esta crisis, y su derecho a buscar ayuda profesional, ya

que justamente no fue sólo como llegó a ésta situación, no tiene

que ser sólo como lo resuelva. Dejar atrás la “omnipotencia” (ten-

go que poder salir de ésta solo), para no caer en la “impotencia”

autodestructiva.

En estos casos es interesante la explicación, utilizando la ana-

logía de las muletas para ir al Kinesiólogo, tras una lesión de la

rodilla; y la medicación, para hacer tratamiento psicológico, sin

sentirse abrumado por la angustia. Además de que muchas veces

aspectos neurohormonales que se vieron afectados por razones

emocionales, crea un círculo vicioso, con lo cual el agregado de la

medicación ayuda a contrarrestar esto; pero para sanar traumas o

conflictos que hay detrás de este deseo de autoeliminación, deberá

hacer psicoterapia, que es la terapia a través de la palabra, de su

palabra y la del terapeuta. Y así, de esa manera, pueda tener un

alta y dejar gradualmente la medicación, sino podría quedar con

el “bastón” de manera crónica y dependiente de la medicación.

Aunque hay condición en las que la medicación crónica será nece-

saria, como los hipertensos o diabéticos, pero eso lo determinará el

psiquiatra. Es importante la “adherencia al tratamiento”, que con-

siste en la continuidad, asistencia y toma de la medicación, pero

también el ir a las sesiones psicoterapéuticas, para evitar recaídas

con el consiguiente sentimiento de frustración y la convicción de

que no tiene solución.

Unos de los indicadores diagnósticos de crisis suicida, que

podemos detectar en el discurso, son las quejas somáticas, a veces

sin siquiera acudir al médico, porque sospechan que no podrán

ayudarlos. Un Médico bien entrenado en Salud Mental, podrá

detectar problemáticas emocionales detrás de las queja somáticas

y realizar la derivación por escrito, ya que no se trata de un consejo

de amigos, sino una indicación médica, y con la autoridad que le

confiere su formación profesional, es más seguro de aceptar dicha

indicación.

Pero es necesario tomarse el tiempo para hablar con la perso-

na, sobre todo con adolescentes, sobre ciertos aspectos de su vida

cotidiana, al interiorizarse en estos temas, no sólo le posibilitará

evaluar la gravedad o no de la crisis, sino que también les permite

establecer un vínculo que será necesario a la hora de tener que

orientarlo hacia algún profesional de la salud mental; pero con

datos concretos del mismo, dónde y en qué horario atiende, así

como anticiparle a dicho profesional para que lo tenga en cuenta

con su debida urgencia. Todo esto es para evitar que la derivación

sea percibido, como un "querer sacárselo de encima", y frente a

mayor muestra de incomprensión del entorno, por ejemplo, si no

le dan turno con la mayor brevedad, dejándolo en lista de espera,

el cuadro se agudiza más aún. Por el contrario, el paciente puede

encontrar esperanza “concreta”, sabiendo quién, cuándo y dónde

lo van a atender, escuchar y ayudar.

Esto se ve con claridad en los pacientes que fueron atendidos

durante las guardias del fin de semana, en el Centro de Salud, en

las que se les ofrece día y hora exacta, como “turno protegido”,

siendo el del profesional de salud mental que primero le toque

asistir y que le dará la prioridad de atención, a pesar de los turnos

dados; ya que se trata de una urgencia, derivación de una atencion

en las guardias médicas. El de poder esperar con la certeza de ser

atendidos a la brevedad, lo manifiestan los pacientes, que aunque

se les de la opción de ir a un servicio de guardia en salud mental,

en la ciudad capital de la provincia; esperan el día de semana, para

ser atendidos. A su vez, los pacientes con turnos programados, que

tendrán que esperar, lo aceptan y entienden que si en algún mo-

mento ellos mismos o un familiar se encuentra en crisis, también

serán atendidos con prioridad. A veces, pueden dimensionar la

mejoría que sienten actualmente y ceden amablemente el espacio,

porque sienten que ahora pueden esperar...

Frente a una persona que sólo refiere síntomas físicos, suele

ir a reiteradas consultas médicas, en las que se observa gran su-

frimiento anímico, sin tener causas orgánicas, (una vez descarta-

das estas), hay que poder explicar con simplicidad, que a veces el

sufrimiento anímico se expresa a través del dolor corporal y por

ello es importante resolver el primero, con una interconsulta con

psicología para ver por qué el cuerpo “habla” de esa manera. Es

conveniente realizar la derivación por escrito; ya que de lo con-

trario se lo suele considerar como un consejo y no una indicación

médica, por lo cual suelen no realizar esa consulta.

También es importante hacer explícita la idea de que, a ve-

ces, la persona ha sufrido experiencias muy traumáticas, que creyó

poder olvidar, quitándole mucha energía vital, para “mantener a

raya”, estos recuerdos. Además, muchos creen que tienen que ol-

vidarlos y seguir adelante, “superarlos”, pero en realidad, por más

duros que sean esos recuerdos, deberá buscar ayuda profesional

adecuada, para sanar esas heridas y sacar de la “mochila” el peso

de esas vivencias. Y así poder recobrar el deseo de seguir viviendo.

Expresiones simbólicas, que describan lo que sienten, le permite

a la persona en crisis, sentirse mínimamente comprendido, será

útil aclarar, que probablemente en éste momento creerá que nadie

podrá ayudarlo, que es tan grave que tendrá que vivir con este

dolor emocional para siempre. Poder explicar que entendemos

que él lo vivencia de esa manera, pero que nos dé la oportunidad

de ayudarlo, a través de profesionales de la salud mental, que se

formaron para ello. Además, otros pacientes han estado también

con esas mismas emociones, con la misma incredulidad de po-

der modificarlo, y que luego, tras realizar el tratamiento necesario,

han podido sanar y continuar con sus vidas. Nunca minimizar sus

sentimientos, ni el hecho de ser jóvenes: “pero tenes toda la vida

por delante”, suele ser totalmente contraproducente y sentir más

frustración, impotencia e incomprensión. Por ello, por más que

tengamos buenas intenciones, no todo se puede decir, porque así

como rescatar a una accidentado automovilístico sin los disposi-

tivos para el cuello, pueden generarle un daño mayor, en este caso

aplica de manera semejante; por ello es este material.

No solamente es importante saber qué hacer, sino saber que

NO HACER:

- No pronunciar juicios moralizantes.

- No hacer gestos de sorpresa o rechazo.

- No hacer discursos o predicar.

- No pretender solucionarles todos los problemas.

- Nunca disminuir la gravedad del asunto.

- No minimizar las señales de peligro.

- No querer evitar el sufrimiento superficializando el hecho.

- No compararlo con otros sufrimientos del sujeto o de otros.

- No mantener una actitud puramente consoladora.

- No dar recetas rápidas y mágicas.

- No hacer diagnósticos.


“El manejo de las distorsiones cognitivas señaladas, en el ca-

pítulo anterior, constituyen un recurso válido para evitar que la

persona en crisis se evalúe de forma anómala”(2) pero tendrá que

evaluarse en qué momento hacerle ver estas distorsiones, propias

de la etapa de desarrollo o de la crisis en la que se encuentran y

que no son lo que los ponen en riesgo suicida, sino son los que lo

incrementan, al no poder ver con objetividad la realidad que lo

rodea y sus propias habilidades para enfrentarlas. Al confrontar

sus distorniones cognitivas y la realidad, no hay que hacerlo desde

un lugar de descalificar sus concepciones, sino sobre una explica-

ción de que esas distorsiones son esperables; de lo contrario, podrá

generar la confirmación de que no es capaz y potenciar el riesgo

suicida.

En todo momento hay que SER DIRECTIVO, con el su-

ficiente tacto como para NO PARECERLO... de manera que

sirvamos como un alter ego, un YO AUXILIAR, que le propone

otras formas de enfrentar la crisis, sin embarcarnos en resolver

los problemas que manifiesta tener y marcarle de alguna manera

sutil, que estamos para ayudarlo, que nos deje hacerlo, aunque eso

pueda llevar tiempo. No darle falsas expectativas de resolución del

conflicto consciente, señalarle que seguramente esto que percibe

como motivo para querer quitarse la vida puede ser sólo la punta

del iceberg, debajo debe haber otras cosas, que en ese momento

ni recuerda, pero que socavaron su capacidad de seguir adelante, y

para ello tiene que buscar apoyo psicológico.

      En un caso, planteado por una docente en una de mis capacitaciones.

en las que refiere estar en un dilema de no saber qué hacer, ya que hay

una alumna que le confiesa tener ideación suicida, y necesita comuni-

carle a otras personas para que la ayuden y no se anima por temor a que

ella le pierda la confianza y no le confíe más un secreto. Cabe aclarar

que en ese momento, en el año 2007, no existía un protocolo de actua-

ciones como los que actualmente existe en la provincia de Entre Ríos,

que es obligación de la docente de notificar a las autoridades y estos a

los padres, frente a cualquier sospecha de riesgo suicida. Esta medida

acarreará, con el tiempo, el silenciamiento de los jóvenes, perdiendo esta

instancia de conversación con un adulto; que es una oportunidad de

hacer prevención.

Por ello recomiendo, que más allá del protocolo, habrá que

tener en cuenta varias cosas:

- Respecto del temor de perder la confianza del alumno, le

respondí que: el secreto no debe guardarse; ya que cargaría con la

culpa de, habiendo sabido de sus ideaciones, no haber hecho nada.

Por lo cual, es necesario y urgente que en ese momento el docente,

o quien reciba esa información, pueda aclarar que si ella o él le

comparte esta angustia, inconscientemente está pidiendo ayuda y

la única forma de poder ayudarla es acercarla a profesionales de la

salud mental, hacer un pacto de NO SUICIDIO, para no quedar

con la culpa de ser complice de su muerte; además, aclarándo que

le importa su vida y va a ayudarla, porque prefiere tener a su alum-

na viva y no su confianza, es decir, quiere conservar a su alumna,

aunque ella ya no confíe más en usted. Seguramente, llegando a

encontrar un espacio terapéutico adecuado y urgente, va a poder

agradecerle el haber corrido riesgo de perder su confianza, pero no

quiso perderla como alumna. Esto también resultará positivo para

la autoestima del alumno, quien es cuidada por la docente.

-Si el protocolo los obliga a notificar, habrá que explicar

lo mismo, y la necesidad de respetar ese protocolo en función de

poder ayudarla. Pero también, ofrecer una escucha de los temores

que el develamiento de esa situación pueda tener con los padres,

que ellos también tendrán que hablar con el profesional de la sa-

lud mental, para saber como modificar situaciones que le están

abrumando, que la llevan a pensar en el suicidio como solución.

De cualquier modo, siempre habrá que anticipar los pasos

que daremos y explicar las actuaciones, (para que no sea sólo para

cumplir el protocolo, y para “cubrirnos”, que lo verán como una

traición y algo egoísta de nuestra parte), debemos lograr de alguna

manera su consentimiento; y acompañarlo/a hasta que podamos

percibir que está fuera de peligro o que otra persona, que pueda

valorar el riesgo, pueda hacerse responsable de cuidarlo/a y llevar-

lo/a a una atención en salud mental.

 

Toda persona que puede comunicar su deseo autolítico, en

definitiva tiene una gran ambivalencia; con la balanza inclinada

a favor de la vida y esto hay que poder hacerle ver a la persona

en crisis, que pueda percibirnos como “puentes” entre su dolor

y la salud mental, un puente hacia la vida. Que el sujeto sepa y

perciba que ya no está más solo/a; que nunca lo ha estado, aun-

que así lo haya sentido. Pero aunque en éste momento descrea de

ello y también de la posibilidad de recibir ayuda, le pedimos que

confíe en que va a poder superar su crisis. Pero para ello deberá

darnos tiempo y oportunidad de ser atendidos por profesionales.

Necesitamos establecer una tregua, un pacto NO SUICIDA, para

dejarse ayudar.

Cabe aclarar que, si la persona con ideación suicida, presenta

una personalidad con rasgos psicótico o algún síndrome del es-

pectro autista; que lo podremos saber por los familiares, conoci-

dos, con o sin diagnóstico o los que están medicados con medica-

ción entipsicótica, aún sin tener ese diagnóstico, pero por su gran

monto de impulsividad; será fundamental y urgente la presencia

de profesionales de la salud mental para su evaluación. Además.

en estos casos, es pertinente realizar una respuesta a la demanda y

no buscar sacar a la persona de la ideación suicida como solución;

ya que no tiene los recursos personales, sobre todo los referidos

a su responsabilidad social, entre otros, para poder postergar su

angustia en pos de otros. Ni pueden tolerar la espera de la rever-

sión de los factores que el sujeto percibe o cree percibir en ese

momento. Por ejemplo, si escucha voces que le dicen que se mate,

no podremos confrontarlo diciendole que eso no es verdad, etc.,

sino poder llegar a aceptar que para él es real y hacerle el apoyo

de manera que juntos puedan decirle a esas voces que no les hará

caso. Y que se le hará un acompañamiento, para que puedan hacer

esto con ayuda profesional. Muchas veces, en el marco del aban-

dono de medicación, puede surgir estas manifestaciones de idea-

ción, ideas fijas que se trasforman en delirantes, con mucha ira y/o

tristeza. Ambos polos son muy peligrosos y ameritan internación

o un control muy estricto, para evitar autolesiones graves o letales.

Como verán, no hago mención en este capítulo a estrategias

de socorristas, en casos extremos; porque de ello ya han escrito

expertos mediadores. Debemos recordar que si la persona intenta

                    suicidarse de una forma pública o espectacular, se debe dar inter-

vención urgente a las fuerzas de seguridad, que cuentan con téc-

nicos y profesionales debidamente entrenados, para la mediación

y el rescate (valorando los riesgos para sí y para terceros), además

de las técnicas específicas frente a un posible desenlace negativo.

No pretender manejar solos, situaciones en altura u otros riesgos

potenciales.



"El sufrimiento nos ayuda a comprender

las causas de su muerte;

pero nunca a justificar el suicidio".

Marcelo Correa


                   Prevención del suicidio y promoción de la vida

En las últimas capacitaciones nacionales, que he asistido como

oyente, resaltan la importancia de “circular la palabra”, instándo-

nos a hacerlo, sin dar demasiadas herramientas para poder rea-

lizarlo con confianza y seguridad. Además, no aclaran que esta

palabra no debe “circular” de cualquier manera. Pueden aparecer

justificaciones y hasta identificaciones con el suicida, al punto de

desear “seguirlo”. Se debe poder hablar de la ideación suicida y

también realizar posvención de los hechos consumados, porque se

trata de un Duelo Complicado que habrá que elaborar; pero esto

deberá hacerse con el cuidado necesario, con profesional debida-

mente entrenado. “Circular la palabra” es fundamental, es terapéu-

tico poder hablar de nuestros sentimientos y nuestas ideaciones,

temores o planificaciones; pero nunca se debe naturalizar ni jus-

tificar la muerte por suicidio como solución; saber que hay otras

salidas posibles y que no están solos para buscarlas.

Cabe aclarar la importancia de no dejar elementos con los

que podría quitarse la vida; esto es recomención de la OMS, no

dejar elementos cortantes, lazos, sogas, venenos, medicamentos

(pueden ingerir cantidades excesivas de diferentes medicamentos

que pueden generar una descompensación clínica); pero también

se deberá trabajar junto con los organismos públicos, colocando

mallas de contención en puentes y colocando cámaras de vigilan-

cia activa, en escolleras, andenes y lugares “típicos” con dispositivo

de parlantes, para poder hacer una observación en tiempo real (así

como las hay para conductas delictivas) de conductas atípicas o

sospechosas de intencionalidad suicida, de manera de poder in-

tervenir verbalmente estableciendo algúna comunicación con la

persona, como distractor y/o disuasor, hasta tanto llegue el perso-

nal de seguridad, más próximo; quienes deberán todos tener una

entrenamiento básico para estas instancias.

También es importante trabajar sobre la Promoción de la Vida,

y no siempre realizando el “rescate”, para no requerir de los Pri-

meros Auxilios. Trabajar en las escuelas la Inteligencia Emocional

y las Inteligencias Múltiples, que les brindarán herramientas para

fortalecerse y desplegar estrategias más sanas en los momentos de

crisis.

Además, las acciones de Prevención inespecífica, en donde per-

sonal de salud mental participe para darse a conocer en instancias

de otras acciones de prevención de la salud física, en escuelas u

otros organismos; ya que hasta en campañas de despiojización se

puede trabajar vivencias como el temor, la discriminación, etc.; el

ver a los profesionales de la salud mental fuera de los consultorios,

darse a conocer y ofrecerse directamente, al presentarnos y expli-

car nuestra función, ante un grupo de alumnos.

Además, poder tener instancias de capacitaciones permanen-

te, así como un espacio de consultoría virtual, donde consultar a

expertos en casos concretos, con un asesoramiento remoto de las

situaciones más complejas, hasta lograr el entrenamiento y la se-

guridad en terreno.

Las acciones aisladas, sin continuidad en el tiempo, no alcanza-

rán; tampoco depositar las responsabilidades en los profesionales

de salud mental, a los que no les llegarán las situaciones, sino una

vez consumados, la elaboración del duelo complicado. Y esto no

todos los afectados lo podrán realizar, si no se implementan dis-

positivos familiares, grupales. Y sólo, en caso necesario, espacio

individual.

La Posvención, deberá realizarse en equipo, con docentes junto

a profesionales de la salud mental, con un enfoque comunitario.

Es una medida necesaria para evitar otros suicidios dentro de la

misma familia, escuela y comunidad.

Uno de los indicadores que preocupa a los docentes es el au-

sentismo escolar, siendo una de los factores de riesgo, que puede

ser tomado como oportunidad para realizar un seguimiento a las

familias, ver cual es la situación que están atravesando, los moti-

vos de dicho ausentismo. A veces, son problematicas intrafamilia-

res, pero también pueden ser por causas de falta de interés por el

aprendizaje o bien la posibilidad de que esté sufriendo “Bullyng”,

siendo éste uno de los factores desencadenantes de varios inten-

tos y suicidios consumados entre niños y adolescentes. Tengamos

presente que el acoso escolar, de la actualidad, en nada se parece a

lo que podemos haber sufrido en nuestras infancias sin redes so-

ciales, el niño o joven no puede desconectarse del todo, más que si

descarta su celular y de esa manera también se aisla del “mundo”,

su mundo adolescente. Aún cuando quiera bloquear al victimario,

le llega información de lo que éste publica en los grupos o redes

y tardo o temprano, llega a oídos y vista de la víctima. Por lo que

es muy importante trabajar estas temáticas que merecen un libro

aparte. Pero, en principio, es prioritario realizar talleres de convi-

vencia y sensibilizar a través de rol playing, con roles intercambia-

dos, a fin de entrenar la empatía y la tolerancia a las diferencias;

así como el uso responsable de las redes sociales. También para

prevenir el Grooming, del cual muchas víctimas se encuentran

"atrapadas" y buscan quitarse la vida, sin pensar en la posibilidad

de buscar ayuda en el Mundo adulto. Y es justamente este grupo

de personas, los adultos los que deberán enseñar y formar a los

niños y adolescentes en el uso adecuado y los cuidados de las redes

sociales, como "arma de doble filo", sin demonizarlo.

Por otro lado, un factor de riesgo muy importante en torno al

suicidio, son las adicciones de todo tipo. El alcoholismo, al des-

inhibir y al mismo tiempo, deprimir el sistema nervioso central;

termina generando una conducta impulsiva y agresiva, que sin es-

tos “ingredientes” no podría llevarlo a cabo, por lo cual se deberá:

por un lado, evitar el consumo excesivo de alcohol ,pero también

ofrecer espacios de escucha y tratamiento para estos consumos

problemáticos, de manera que indirectamente se haría prevención

del suicidio.

Trabajar con las familias, cuando atendemos pacientes adoles-

centes, para acordar límites de manera que no se queden sin ellos,

por sobreprotección, abandono o falta de autoridad parental o lo

opuesto, un autoritarismo, en la que los límites son caprichosos,

o son vistos así por el adolescente, ya que no son explicitados sus

motivos, y sus beneficios aceptarlos en pos de autocuidado y de

dejarse cuidar en tanto aún dependen de ellos. Evitar que, frente a

estas situaciones, los jóvenes realicen autolesiones o intentos sui-

cidas, como actos extorsivos inconscientes, con potencial riesgo de

fallar el intento dejándole secuelas o consumación del acto, por no

enocntrar la respuesta esperada.

A partir de la incorporación sistemática de espacioos de de-

bate sobre Sexualidad y Género; se observa menos preocupación

en torno a la discriminación de sus pares, pero subsiste en algunas

familias la dificultad de aceptar la orientación sexual de sus hijos

cuando estos no condicen con el sexo declarado. Esto será impor-

tante trabajar en talleres para padres, junto a los talleres con alum-

nos que se desarrollan en las escuelas a través de los programas de

ENIA (Embarazo no intencional adolescente) y la ESI (Educa-

ción Sexual Integral), que aunque en su propuesta está la actividad

con padres, esto no se está concretando; quizás en parte por no

haber encontrado algún formato que sea de interés de los padres,

para que éstos asistan. Además de éste tema de género, será crucial

para el abordaje de cuestiones vinculadas a los abusos sexuales en

la infancia y adolescencia, el que las madre, puedan “escuchar” y

“creer” a sus hijas e hijos, más allá del efecto del trauma vicario,

que las hace prejuzgar que no es verdad o minimizar como meca-

nismo de defensa, de manera de poder continuar con su pareja o

su vida, como si nada hubiese pasado. Esto es de una complejidad,

para poder entender sin juzgar a las madres que no creen a las

víctimas, que merece otro libro; pero que habrá que poder hablar

con la persona en crisis, ya que se han observado estadísticas en

relación a este factor de riesgo que se potencia cuando por fin y

tras la educación sexual sabe que es necesario comunicar lo su-

cedido, pero cuando recurren a sus madres, estas los hace sentir

peor porque no son creidos. Por ello la importancia de trabajar en

estos talleres la posibilidad de no ser creídos, pero no como una

“mala madre”, sino una madre, como víctima vicaria (todo aquel

que escucha a una victima, incluyendo los mismos profesionales),

con mecanismo de defensa inconsciente, es más aceptable creer

que su hija o hijo miente a aceptar que fue abusada, y quizás hasta

con la persona que “trajo” a la casa, con consiguiente sentimiento

de culpa; siendo un sentimiento inevitable, aunque no debería, ya

que no se espera que haga algo así; pero sí habría responsabilidad,

es decir, poder hacerse cargo de la situación, cosa que a veces, no

están en condiciones emocionales de hacerlo. Por otro lado, nadie

está preparado, para recibir éste tipo de noticias, por lo que es

recomendable ofrecer rápidamente apoyo psicológico, para que

puedan acompañar a lar víctimas, que generalmente desarrolla

una conducat hostil abierta hacia su madre, quizás para “llamar la

atención”, quizás porque inconscientemente la castiga por no ha-

berla cuidado adecuadamente. Pero, hay que aclarar, que en estos

hechos las madres no tienen la culpa, no obstante, pueden ayudar

mucho al inculcar a sus hijos, no sólo que el cuerpo no se toca,

(esto se está generalizando) sino también demostrar comunica-

ción entre madre-hijos; de manera que el victimario no lo tomaría

como victima posible, ya que no guardaría el secreto. También es

importante desarrollar la asertividad, y evitar educar con la ob-

dediencia ciega al adulto; que terminan generando una sumisión

hacia aquel que no merece ni siquiera respeto. Todos estos temas

deberán ser tratados, con el lenguaje adecuado según la edad y con

las madres, desde su lugar, evitando la sobreprotección paranóica

o el aislamiento por temor de que pueda ocurrir un abuso sino

empoderando a sus hijas e hijos en poder decir que no, apartarse

del abusador y contarles inmediatemente lo sucedido a un adulto

responsable.

Ante las perturbaciones del sueño, siendo un factor grave, por

ser un círulo vicioso, donde las preocupaciones y angustias, trau-

mas que se recuerdan en esos momentos, pueden ocacionar una

dificultad para conciliar el sueño y a su vez, esto genera menos

posibilidad de “reciclar” o "reseterarse" anímica y físicamente, de-

teriorando la regeneración de tejidos y funciones, hasta bajando el

sistema inmune. Con lo que es necesario, resolverlo con urgencia

y consultar con profesionales de la salud. Además de ofrecer con-

sejos prácticos, como no estar con celulares, con brillo intenso, ni

tomar bebidas con sustancias excitantes, como café, mate o té ne-

gro. Preferir la toma de un vaso de leche tibia, que es ligeramente

miorelajante, la música suave. Así como evitar siestas prolongadas,

o la tendencia a cambiar el día por la noche. No utilizar la cama

para mirar la televisión o el celular; ya que el cerebro no asociará

la cama con el reposo y el dormir; sino por el contrario, con dis-

tractores y movimiento. Tendremos especial atención cuando la

persona refiera haber tenido pesadillas, con gran angustia, puede

ser interpretado su sentimiento de derrumbe y colapso anímico,

con lo cual se recomienda acompañarlo a buscar ayuda profesional

con urgencia.

Estos son actividades enfocadas en la prevención de factores de

riesgo, pero además habría que realizar actividades de promoción

del autocuidado en general, o prevención inespecífica, de manera

que también ubiquen el rol de los profesionales de la salud mental

como alguien amigable y no vincularlo al mito que “es para locos”.

Además. no hay que perder de vista que, además deberían rea-

lizarse acciones de Promoción de la Vida: se organizaron desde el

Programa Provincial de Prevención del Suicidio, las “Caminatas

por la Vida”, (ver en el Anexo el programa) tras capacitaciones

con docente de las escuelas de cada localidad, se convocó a los

alumnos y familiares, junto al personal de salud, para caminar por

el barrio y realizar controles de salud: peso, talla, presión arterial,

etc. para detección de problemas de salud (por ejemplo Presión

alta en niños y adolescentes). Pero además, durante la caminata se

hacía referencia de los cuidados durante las distintas etapas de la

vida, desde el Embarazo, hasta el Adulto Mayor. Cada etapa re-

quiere sus cuidados, la concientización de los mismos, pero tam-

bién hablar de los cuidados emocionales, de nuestra salud mental

que pocas veces se habla públicamente, lo que permite fortalecer

el concepto de Autocuidado. “Revalorizar el cuidado de la salud

para preservar la vida tiene por objetivo general valorar la vida

para que en caso de atravesar una crisis, ésta tenga el valor sufi-

ciente para querer preservarla a pesar de todo”.(1)



“Probablemente de todos nuestros sentimientos

el único que no es verdaderamente nuestro

es la Esperanza.

La Esperanza le pertenece a la Vida,

es la Vida misma defendiéndose”.

J. Cortazar


                                 A modo de conclusión


Podremos concluir, para entender el fenómeno del suicidio,

que: “El hecho de que la gran mayoría de los individuos, frente

a las mismas circunstancias no se suiciden, prueba que no son

shockeantes o irresistibles por sí mismas, sino solamente en com-

binación con la particular estructura psíquica y enfoque vital del

sujeto que las vivencia”.(1) En este punto debemos considerar los

procesos debilitantes y los protectores, siendo estos últimos in-

suficientes para contrarrestar los primeros; entre estos, la deses-

peranza es un factor relevante, por lo menos en la mayoría de los

suicidas con trastornos graves de la salud mental.

Al indagar en su historia vital, la persona pudo haber sufrido

experiencias muy traumáticas, como abuso sexual infantil u otro

tipo de violencias, abandonos, etc., que creyó poder “superar” ol-

vidando; pero le quita mucha energía vital, para “mantener a raya”

estos recuerdos. Además, cree que tiene que olvidarlos y seguir

adelante; pero en realidad, por más duros que sean esos recuerdos,

deberá buscar ayuda profesional adecuada, para sanar esas heridas,

sacar de la mochila el peso de esas vivencias y así poder recobrar

el deseo de seguir viviendo.

Deberemos ubicarnos en una cercanía, de manera que sirvamos

como un alter ego, un YO AUXILIAR, que le propone otras for-

mas de enfrentar la crisis, sin embarcarnos en resolver los proble-

mas que manifiesta tener y marcarle de alguna manera directa, que

estamos para ayudarlo, que nos deje ayudar... acercándolo a los

efectores de Salud Mental. Mientras tanto, se le pedirá que haga

un PACTO de NO Suicidio, para poder estar más tranquilos, du-

rante el tratamiento que puede llevar un tiempo. Antes de confiar

en su palabra, descartar el Suicidio como “salida”, ofreciendo ar-

gumentos para un cambio de mirada de la muerte como solución,

así como no suicidarse para evitar la repetición de su conducta en

otras personas. Y si esta argumentación es refutada, manifiestán-

do no interesarle, o estar cansado/a de pensar en los demás; es el

momento de cuestionar la paz que encontrará tras un acto suicida,

aún siendo ateos; así como evitar tomar decisiones definitivas para

problemas que tienen solución, aunque así no lo puede percibir en

este momento. Por otro lado, si todos los argumentos son refuta-

dos, pedirle que postergue la ideación, realizando el PACTO DE

NO SUICIDIO, para poder ayudarlo a salir de esa situación y de

su angustia, que lo acompañaremos en la búsqueda de ayuda pro-

fesional, que ya no está más solo para lidiar con eso y que podrá

salir fortalecido/a de esa situación; y si esto no ocurre, ya tendrá

tiempo para revisar si quiere continuar con su plan autodestructi-

vo. Esto le permitirá disminuir su fijación en la ideación y pasado

un tiempo, luego de haber recibido la ayuda correspondiente, po-

drá ver las cosas desde otra perspectiva.

También es importante, no darle falsas expectativas de reso-

lución del conflicto consciente, no responder a la demanda literal

de ayuda, recordándole que eso es la punta del iceberg, debajo

debe haber otras cosas, que en este momento ni recuerda; pero

que socavaron su capacidad de seguir adelante... Además, el dar

respuesta a su problemática actual, le marca una aprendizaje de

supervivencia, que repetirá inconscientemente, en otras circuns-

tancias críticas, hasta años después.

Podemos concluir que, conociendo los Procesos de Riesgo, de-

bilitantes y observando sin minimizar las alertas de la persona en

Crisis, el suicidio es Prevenible. Es sumamente importante evitar

que quienes ya han intentado suicidarse repitan el intento, para lo

cual no debemos dejar pasar la oportunidad de acompañarlos a la

búsqueda de ayuda profesional; para que así reciba la atención y el

tratamiento adecuado, con un equipo interdisciplinario, en forma

ambulatorio o con internación voluntaria o compulsiva, en servi-

cios de salud mental, en instituciones polivalentes.

Según la OMS/OPS y IASP (Asociación Internacional para

la Prevención del Suicidio):“Ciertamente necesitamos expertos

para combatir el suicidio. Ellos asumen papeles cruciales. Sin

embargo, el suicidio no puede prevenirse con efectividad con el

esfuerzo de expertos únicamente. Todos podemos hacer algo para

ayudar a reducir el número de personas que tratan de resolver sus

problemas con comportamientos suicidas.”

Para ello, es esencial la formación de los recursos humanos

que desde sus diferentes ámbitos, no sólo los distintos agentes de

salud pública y privada, sino también docentes, fuerzas de seguri-

dad, personal de la Justicia, Iglesias, ONGs, etc., puedan detectar

a tiempo, situaciones de crisis suicida, ser de contención y nexo

entre el sujeto y las fuentes de Salud Mental.

Desde mi experiencia como coordinadora y capacitadora del

programa provincial, he realizado encuestas en las que se visuali-

zaba el hecho de que personal de otras reparticiones, como fuerzas

de seguridad, docentes o administrativos y choferes de ambulan-

cia, tuvieron más contacto con pacientes con intentos de suicidio y

consumados, que los propios psicólogos y psiquiatras, a los cuales

justamente no llegan las personas en crisis... Es importante que

ese recurso humano esté bien formado, para que el contacto que

tengan sea preventivo, sepan qué hacer y cómo orientar al sujeto

en crisis para poder prevenir los suicidios.

Cito a Ramón Carrillo, en reflexión de ésta realidad: “Nadie

puede considerarse en un papel secundario en esta lucha por la

preservación" de la vida y la atención del as personas en crisis

suicida. “En la inmensa tarea, hasta el colaborador más modesto

tiene su gran papel, una función que exige un sacrificio tanto más

abnegado cuanto más oscuro. Puede que nadie conozca ni reco-

nozca el sacrificio de cada uno de ustedes, que nadie sepa cómo

cada uno y todos ustedes han contribuido al gran movimiento en

contra de la desvitalización del país; quizás sus nombres no tras-

ciendan jamás, pero sus esfuerzos quedarán perdurables en la obra

cumplida de preservar la...vida”.(2)

Sin embargo, hay que “tener presente que no son omnipoten-

tes y muchas veces, a pesar de todos sus esfuerzos y de su actitud

terapéutica, un paciente conseguirá quitarse la vida. En tales cir-

cunstancias, los miembros del equipo y de la comunidad deben

ayudarse y apoyarse mutuamente para superar los sentimientos,

al tiempo que buscan respuestas no siempre evidentes. De todas

formas, la discusión abierta sobre este fracaso es importante con el

fin de no proyectar la culpa sobre otros compañeros o a las perso-

nas allegadas al paciente”(3) sino, aprender sobre nuestros errores.

El involucrar a todos los sectores en la Prevención, con co-res-

ponsabilidad, detectando factores o procesos de riesgo, permi-

tiendo hablar a la persona en crisis sobre sus ideaciones, sin mi-

nimizarlos, acompañándolos a la búsqueda de profesionales de la

salud mental, es tarea que todos podremos hacer, pero “es esencial

para ayudar a las personas con conductas suicida a salir de la crisis

y a no pensar más en el suicidio como solución, que sean atendi-

das por personal sanitario, quienes deberán estar preparados en

esta temática y su afrontamiento; pero una intervención terapéu-

tica más profunda y eficaz lo debería desempeñar el Psicólogo, en

conjunto con el equipo de Salud, pues es el más capacitado para

modificar actitudes, comportamientos, cambiar la percepción de

los estímulos del medio, y modificar así las cogniciones disfuncio-

nales que tienen un importante papel en los mecanismos psico-

lógicos del suicidio”.(4) Además de poder sondear y sanar aquellas

experiencias traumáticas que fueron socavando la capacidad de

afrontar el estrés cotidiano. No se deberá realizar una “sobrevalo-

ración del papel terapéutico de los psicofármacos”, ya que si esto

es la única intervención, podrá ser iatrogénico y hasta peligroso

para su vida.

El terapeuta, si quiere realizar prevención del suicidio ante un

paciente en crisis, deberá tener una posición más activa, salir del

encuadre psicoanalítico y preguntar, abiertamente y sin censuras,

si tuvo o tiene ideación de quitarse la vida. Y frente a una con-

ducta francamente suicida, deberá modificar sus intervenciones

centradas en descartar el suicidio como solución, antes de encarar

los problemas de fondo.

Las técnicas y modificaciones específicas como terapeuta, per-

tenece a otra mirada: de la Psicología como disciplina, que excede

a este escrito y será abordado próximamente...



“Todos texto se construye como mosaico de citas,

todo texto es absorción y

transformación de otro texto.”

J. Kristeva, 1969


                              Citas bibliográficas


Prefacio:

(1) Módulo 6: Sistemas de información de salud /Enrique R. Soriano,

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(2)Altavilla Diana, entrevistada por “Chequeando”.

(3) Pérez Barrero, Sergio Andrés: ¿Cómo evitar el suicidio en

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cología On line, 2007.

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(5) Moya, Joseph, entrevistado en “Infobae”.

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(1)Laplange y Pontalis:”Diccionario de Psicoanálisis”, Ed. Labor,

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(2) Gobierno de La Rioja – Los medios de comunicación pueden ser

un aliado en la prevención.htm 22/11/07

(3) Pérez Barrero, Sergio: “Los mitos sobre el Suicidio: La impor-

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Comprender lo incomprensible:

(1) Durkheim: “El Suicidio”, Schapire, Bs. As. , 1965.

(2)Stengel: Psicología del Suicidio y los intentos de suicidio, Temas

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(3)Estruch y Cardus: “Los Suicidios”, Herder, Barcelona, 1982.

(4)Pérez Galvez, B: “ Suicidio en alcoholismo” Pdf .cap. 25 Preven-

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(5)Frankl, Víctor: “Ante el vacío existencial”, Barcelona, Her-

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(6)Juan Pablo II: "Redemptor Hominis”, Paulinas, Bs.As., 1979.

(7)Tozzini: “El Suicidio”, De Palma, Bs. As. , 1969.

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(2) Azpiroz, M., y otros: Depresión y suicidio en la esquizofrenia.

(3) Blogg: Consultoria en crisis adolescente, Irene Fuchs, 2013...

(4) Blog: juliapascual.com/tratamiento-autolesiones/

(5)Martínez, Paula: “Apuntes deJornada Taller: Riesgo suicida en

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2) Fuchs, Irene: Material en filminas, y cds. En Jornadas de Re-

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(3) Cistola, Stella, Capacitación a Voluntarios Red de Atención a la

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(1) PÉREZ BARRERO, Sergio Andrés: “Psicoterapia para

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(2) Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657, Argentina, 2011.

(3) Cistola, Stella: "Capacitación a Voluntarios Red de Atención a

la Persona en Crisis Suicida ”Cuenta Conmigo”", Nogoyá, 2005.

Prevención del Suicidio y Promoción de la Vida:

(1) Fuchs, Irene: "Informe de actividaes llevadas a cabo por el Pro-

grama Provincial de Prevención del suicidio", Paraná, 2011.

A modo de Conclusión:

(1) Tozzini: El Suicidio, De Palma, Bs. As., 1969.

(2) “Módulo 8: Trabajo en equipo en Salud”, (PMC) Adriana Sz-

najder, Bs. As, Ministerio de Salud de la Nación, 2010.

(3) De La Torre, José. “El paciente con tendencia suicida aguda”,

Enfermería y Fisioterapia de Toledo.

(4)Guibert Reyes, Wilfredo. Tesis de Licenciatura: “Enfrenta-

miento especializado al paciente suicida”, Cuba 2002.


 

“Es necesario adoptar con URGENCIA,

medidas COORDINADAS

y más ENÉRGICAS

para EVITAR ese número INNECESARIO de víctimas”.

OMS


                                                  ANEXOS I

Relatos para trabajar en las escuelas:

Si te encuentras en una situación difícil en tu vida...

Te invito a reflexionar junto con éste relato universal:

“Hubo una vez un Rey que dijo a los sabios de la corte:

-Me estoy fabricando un precioso anillo. Quiero guardar

oculto dentro de él algún mensaje que pueda ayudarme en los

momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos,

para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que

quepa debajo del diamante del anillo”.

Ningún sabio pudo encontrar ese mensaje.

También consulto a un anciano sirviente a quien le tenía un

inmenso respeto.

Y éste le dijo: -No soy un sabio, pero conozco el mensaje- y

se lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dió al rey.-

Pero no lo leas- le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo

sólo cuando todo los demás haya fracasado, cuando no encuen-

tres salida a la situación que se te presente como límite.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey

perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar su vida

y sus enemigos lo perseguían. Estaba sólo y los perseguidores

eran numerosos.

Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida:

enfrente había un precipicio; caer por él sería el fin. Y no podía

volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar

el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había

ningún otro camino.

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí

encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso, simple-

mente decía: “ESTO... SERÁ PASADO”.

Mientras leía “ESTO... SERÁ PASADO”, sintió un gran

silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido

en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo

cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caba-

llos.

El Rey se sentía profundamente agradecido al sirviente.

Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel,

volvió a ponerlo en el anillo, reunió a su ejército y reconquistó el

reino.

Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital, hubo

una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy or-

gulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el men-

saje.

-¿Qué quieres decir?- preguntó el Rey-. Ahora estoy victo-

rioso, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha- dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situa-

ciones desesperadas; también es para situaciones placenteras.

El Rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “ESTO... SERÁ

PASADO” y nuevamente sintió la misma paz, en medio de la

muchedumbre que celebraba, pero el orgullo había desaparecido.

El Rey pudo terminar de comprender el mensaje.

Entonces el anciano le dijo:- Recuerda que todo pasa. Nin-

guna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día

y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza.

Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza, porque son

la naturaleza misma de las cosas.

(Adaptación) Autor Desconocido.



                                 ANEXO II

Actividad de Promoción de la Salud Psicofísica:

Plantea temáticas de la salud integral, expuestos oralmente

con altavoz, mientras el contingente de alumnos y padres ca-

minaban alrededor de una plaza, partiendo del centro de salud,

donde equipos de agentes sanitarios junto a enfermeros y mé-

dicos realizaban los controles y charlas. En algunos consulto-

rios se ofrecía información a adolescentes, sobre Salud Sexual

y Reproductiva; también charlas en la Sala de espera sobre el

autocuidado en torno al consumo de tabaco, alcohol y drogas.

Estos se realizaron en varias localidades de la provincia de

Entre Ríos, tras realizar jornadas de capacitaciones a los do-

centes.

“CAMINATAS POR LA VIDA”

Objetivos Generales:

- Reforzar el cuidado y el valor de la vida, en sus dife-

rentes etapas.

- Promocionar la valorización de la vida en contra de la

tendencia a menospreciarla, manifestadas en las distintas con-

ductas de riesgo, incluyendo el suicidio y el para-suicidio.


Objetivos Específicos:

- Promocionar conductas y hábitos de vida saludables.

- Promocionar la valorización de la vida en sus diferentes

etapas y circunstancias.

- Detección de factores de riesgo y su derivación a las

fuentes de salud.

- Prevención de los factores de riesgo suicida.

 

Desarrollo de la Caminata:

Cada una de las cuadras que se caminará representará una

etapa de la vida de la persona, reforzando las acciones que, desde

la prevención, deben realizarse para conservar una vdida salu-

dable y evitar enfermedades.

Se les entregará información en folletos y explicaciones teó-

ricas didácticas, para reflexionar y educar a la población, mientras

se va caminando. Se amenizará con música de fondo alusiva a la

valoración de la vida, junto a la locución con distintos temas de

salud integral.

Al inicio, se realizará:

- La inscripción de los particiantes.

- A cada participante, según su edad y condición, se le entre-

gará cronograma de la actividad.

-Se le evaluará a cada participante: - presión arterial,

- glucosa,

(Esto será realizado por enfermeros y agentes sanitarios, junto

con la colaboración de los administrativos, para el regitro de los

datos y la entrega de dicha información a cada participante en

una ficha preparada especialmente con los números telefónicos

útiles).

1° CUADRA:Temática: EMBARAZO- PARTO-MATER-

NIDAD.

Objetivos:

- Reducción de la morbi-mortalidad materno infantil.

- Prevención de los trastornos psicológicos por duelos, frente

a la pérdida de embarazos.

- Fortalecimiento de los vínculos madre - hijos.

- Promoción de la lactancia materna.

Actividades:

1-Control de embarazo: - entrega de folletería del programa

maternidad infancia a adolescentes y mujeres en edad fértil.

- contro de peso-talla y presión arte-

rial de embarazadas.

2-Entrega de folletería a las mujeres en edad fértil sobre lac-

tancia materna.


2° CUADRA:Temática: INFANCIA-NIÑEZ.

Objetivos:

-Promover conductas saludables.

-Prevención de trastorno del desarrollo.

Actividades:

1-Control de peso y talla a niños.

2-Entrega de folletería del: - calendario de vacunación,

- tabla del desarollo psicomotriz a

las mamás.

3-Entrega de folletos de accidentes domésticos didáctico “la

casa del horror”

3° CUADRA: Temática: ADOLESCENCIA.

Objetivos:

-Promover conductas y hábitos saludables.

-Prevención del embarazo adolescente.

-Prevención de enfermedades de transmisión sexual.

-Prevención de accidentología vial.

-Prevención del suicidio adolescente.

Actividades:

1-Realización del cuestionario (AUDIT) autodiagnóstico

sobre riesgo en el uso de alcohol.

2- Entrega de folletería de: -Reproducción sexual responsable,

- Prevención de enfermedades de

trasmisión sexual.

- Prevención accidentología vial.

- Folletería sobre prevención de

adicciones.

4° Y ÚLTIMA CUADRA: Temática: ADULTEZ Y

ADULTO MAYOR

Objetivos:

- Promoción de conductas y hábitos saludables.

- Promoción del adecuado y oportuno uso de los sistemas de

salud locales.

- Prevención del suicidio.

Actividades:

1-Cuestionario de los factores de riesgo cardiovasculares para

adultos.

2-Entrega de folletería de: - Prevención de enfermedades

cardiovasculares

3-Entrega de: - Relato universal que promociona la vida.

- Horarios de atención de profesionales.


                                  ANEXO III


Material para trabajar en grupos escolares la prevención del

suicido, frente a ideaciones o intentos.

Se leerá el cuento, (también circuló un power point en las

redes sociales en el año 2010, con movimiento de las escenas del

burro)

¡¡ SACUDITE !!

Un día, el burro de un campesino, se cayó en un pozo.

El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campe-

sino trataba de sacarlo sin éxito.

Finalmente el campesino decidió que el animal ya es-

taba viejo, el pozo estaba seco, y necesitaba ser tapado de todas

formas, y que realmente no valía la pena sacar el burro.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarlo. Todos

tomaron una pala y empezaron a tirar tierra al pozo. El burro se

dió cuenta de lo que estaba pasando y lloró desconsoladamente.

Luego, para la sorpresa de todos, se tranquilizó. Después de

unas cuantas paladas de tierra, el campesino finalmente mirá al

fondo del pozo y se sorprendió de lo que vió... con cada palada

de tierra, el burro estaba haciendo algo increible... se sacudía la

tierra y daba un paso hacia arriba... mientras los vecinos seguían

echando tierra encima del animal, el se sacudía y daba un paso

hacia arriba.

Pronto todo el mundo vió sorprendido como el burro llegó

hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salío tro-

tando...

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra...

El truco para salirse del pozo es sacudírsela y dar un paso

hacia arriba.

Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba.

Recordá las 6 reglas para ser felíz:

1 - Libera el corazón del odio.

2 - Libera la mente de preocupaciones.

3 - Vivir sencillamente.

4 - Dar más.

5 - Esperar menos.

6 - Tener Esperanza.

DISFRUTA LA VIDA... ¡ SACÚDETE !

 

Tras la lectura de este cuento, se puede interactuar a través

de gestos como levantar las manos, con los niños (mayores de

10 años) o jóvenes, posibilitando el identificarse con algunas

características del burro... también podrán dar algún comentario,

intentar no desviarse demasiado del relato.

- Quién de ustedes se sintió alguna vez estar en un pozo,

tristes..., levanten la mano. - (nosotros levantamos las manos)

- A veces tratan de ayudarnos, pero lo que nos dicen, parece

que no sirve y nos hacen sentirnos peor... ¿no es así?

- Muchas veces las personas piensan que ya no pueden ayu-

darte, que nada de lo que hagan sirve, o te dicen cosas que en

vez de ayudar te perjudica... pero lo importante es que quieren

ayudar y a veces no saben cómo. Por lo que te queda la posibi-

lidad de que esas cosas que no te sirven, no les des importancia,

te los “sacudís de encima”, y seguis adelante; sabiendo que está

en vos, poder tomar de los demás lo que te sirve, y lo demás no le

des importancia.

También revisar las 6 reglas para ser feliz... No perder la

Esperanza de que las cosas aunque parezca que estas en un pozo,

pueden mejorar.